
Para la ocasión llevaba traje. Tu ibas vestida de colegiala, con su faldita de tablas a cuadros, camisa blanca y medias blancas, sin sujetador y con unas braguitas blancas de algodón.
Bajamos hasta el coche y te llevo a algún sitio a comer, que morbo el poder exhibirte, convertirte en el centro de atención, que todo el mundo vea lo morbosa y maravillosa que eres. Observar como todos los clientes del local no consiguen quitar sus ojos de tus piernas, de la silueta de tus pezones, como el camarero aprovecha cada momento para dejar caer su mirada por tu escote. Vas al cuarto de baño y entonces detrás de ti alguien entra y te pone contra el lavabo, te sube la falda, te baja las braguitas y te penetra fuertemente, miras hacia el espejo esperando encontrar mis ojos clavados en ti, pero la sorpresa te atraviesa la columna, allí, detrás de ti, penetrandote sin compasión, esta el camarero.
Empiezas a pensar que la puerta no está cerrada con cerrojo, y que cualquiera puede entrar al lavabo y verte así. Intentas darte la vuelta, pero el camarero te ha agarrado por las caderas y no te deja mover, más bien parece que le excitan tus forcejeos y no deja de follarte. Con una mano te mantiene contra el lavabo, con la otra te levanta la camiseta y empieza a sobarte las tetas sin demasiados miramientos. El lavabo esta frío y húmedo, y tus pezones se pusieron duros enseguida con el rozamiento.
Tienes miedo que entre y os pille en plena faena. Te imaginas que no me va a gustar, y que te daré unos azotes por irte a follar con cualquiera y dejarme esperando sentado a la mesa. Pensar en cómo te castigaría, y te bajaría las bragas poniéndote en mis rodillas para darte unos azotes, te hace perder el norte y deslizas una mano entre tus piernas para acariciarte mientras que el camarero sigue metiendo y sacando como un animal en celo.
Levantas los ojos un momento, y me ves reflejado en el espejo. Estoy allí, mirando, con media sonrisa en los labios, apoyado en la puerta cerrada. Pregunto al camarero si le gusta ese chochito de colegiala depilado, y acerco la mano para comprobar lo mojada que estas. Allí me encuentro con tus dedos, que seguían rozando tu clítoris y te los aparto. Te digo que las niñas bien educadas no hacen eso, que eso es para las golfas y que las niñas bien educadas hacen otras cosas.
Te cojo por los hombros ayudándote a girar y apartar la cara del lavabo, con cuidado para que la polla del camarero siga donde está y me bajo la bragueta. Te ordeno que me la saques y que me la chupes. Te cojo por el pelo, y para no caerte te agarras a mi cintura. A cada embestida del camarero se te clava mi polla en la garganta, cada vez más dentro, y con tanta carne en la boca, no puedes protestar o decir nada. Por detrás aceleran los movimientos, la mamada se hace cada vez más rápida también y me escuchas gruñir.
Te empiezan a doler las mandíbulas cuando me separo, te pongo de pie bruscamente, te doy la vuelta y ocupo el lugar del camarero mientras que él ocupa el mió. Su polla es más pequeña, así que te cuesta menos chuparla. Le recomiendo que se corra en tu boca, que eres una niña glotona y golosa, y que eso te gusta. Y eso hizo entre suaves gemidos de placer. Estas casi a punto y empiezas a mover las caderas, y ahí te digo que todavía no y me retiro, dejándote con la falda levantada y la cara perlada por el sudor, por tu saliva y por una pequeña cantidad de esperma del camarero que embadurna tu rostro, que se va dándome las gracias.
Te digo que te laves la cara y las manos, así que te inclinas en el lavabo. Sigues con la falda subida hasta las caderas y las bragas en los tobillos. Miro tu chochito mojado y brillante, hinchado y rojo y todavía palpitante con cara de interés. Y es cuando me saco del bolsillo un huevo con mando a distancia aprovechando tu postura para metértelo y subirte las bragas. Te dejo ponerte de pie, te recoloco la falda y la camiseta y te digo que volvamos a la mesa.
Cuando volvemos al salón, en nuestra mesa hay una pareja sentada. Uno al lado del otro. Nos sentamos enfrente de ellos y te los presento. Ella es castaña, tiene el pelo largo y lleva una camisa con escote de pico que deja ver un canalillo sugerente. No es una belleza, pero tiene un cuerpo bonito y unas tetas enormes. Él va de traje, como yo, una expresión seria y una mandíbula cuadrada que enmarca unos labios carnosos y sensuales. Unos labios que exhiben una sonrisa burlona.
Nos traen los entrantes. Y pido vino para todos y agua para ti, diciendo que las menores no deben beber alcohol. Empezamos a comer y ves como meto la mano en un bolsillo y notas como el cacharrito que llevas dentro se pone a vibrar. Pegas un respingo, no te lo esperabas. Entonces se para, y yo, como si nada, sigo charlando con el hombre que está frente a mí.
La comida sigue y yo sigo jugando con el mando, haciendo que tus bragas se llenen de jugos y que te muevas nerviosa en la silla. Los segundos platos llegan a la mesa, y con ellos una nueva tanda de encendido-apagado. Tanto que al final el hombre se da cuenta y arquea una ceja interrogando que puede ocurrir.
Me río. Y me saco el mando del bolsillo, contándoles de qué va la cosa. Ellos también empiezan a reírse y tu cada vez te pones más colorada. Te da mucha vergüenza que sepan que llevas un cacharrito mecánico metido en el coño, Pero para aumentar el morbo dejo el mando encima de la mesa y ellos lo cogen comenzando a jugar con él. Ya no sabes qué hacer, no puedes estarte quieta. Cuando lo ponen al máximo, pegas tal salto que se cae una copa de vino y te doy un cachete en una pierna dejándote los dedos marcados en el muslo.
El camarero de antes me propone que los postres pueden servírnoslos en un saloncito reservado si queremos tener una sobremesa tranquila. Accedo y todos le seguimos por un pasillo hasta una salita con un par de mesas vacías. Nos traen unos helados, una tarta con guarnición de nata y cierran la puerta.
La chica se quita la camisa, y le pongo nata en el pecho para chuparla después mientras que te miro. Tu quieres que te lo haga a ti porque necesitas sexo, a estas alturas la vibración entre tus piernas es casi constante, el mando sigue cambiando de manos y la intensidad sube y baja, pero no se para nunca.
Nos encontramos los dos hombres ocupados con la nata y los pechos tetas de la otra mujer y te hemos olvidado en un rincón. Empiezas a subir las manos por debajo de tu falda, para tocarte, para darte ese placer que te hemos negado pero yo te veo y voy hacia ti para ponerte boca abajo en la mesa y volver a levantarte la falda.
La otra chica se sienta en mitad de la mesa y te pone el coño delante de la cara. Un chochito rosa, suave y depilado. Yo cojo una cucharada de helado de chocolate, embadurnado todo su sexo y diciéndote que tienes que terminarte el postre. Empiezas a lamer esos labios y a recoger el chocolate que resbala por los pliegues. Mientras tanto el hombre se ha colocado entre tus piernas separadas y me pide permiso para metértela.
Yo le digo que por qué no, pero que el huevo se queda donde está y que use parte de la nata para lubricar porque quiero verle sodomizarte mientras que me follo a su novia que ya tiene el coño limpio y húmedo y está más que deseosa de tenerme dentro.
Ella no para de gemir mientras que tu sientes primero un dedo embadurnado de nata pasearse por tu ano cerrado y contraído. Te mete primero un dedo, y duele, luego dos, y duele más. Te da un cachete en el culo y te dice que te relajes, que si no te dolerá todavía más. Mete y saca dos dedos de tu culo y te acaricia el clítoris con la otra mano. Estas tan caliente que tienes un orgasmo en cuanto te toca y es el momento que aprovecha para metértela por detrás, hasta el fondo. Te sorprende tanto que ni siquiera gritas. Te está follando y pasado el primer momento lo empiezas a disfrutar y tus gemidos son la prueba palpable de ello.
La otra chica se corre con bastante ruido, me miras y por mi cara sabes que yo todavía estoy insatisfecho. Entonces me siento en una silla, con la polla asomando gloriosa y brillante por mi bragueta. El que se afana detrás de ti sale bruscamente y te lleva hasta mi. Hurgo en tu coño y te saco el juguete, todo pegajoso, con un ruidito de succión. Te coloco a horcajadas sobre mi y te la meto despacito, como se que te gusta. Te pierdes entre mis brazos, por fin te estoy follando, por fin estoy dentro de ti, llenandote, disfrutandote, haciéndote gozar. Te levanto la camiseta y te chupo los pezones, primero uno y luego el otro, sin prisas.
Es entonces cuando sientes que te levantan las faldas por detrás y que el otro intenta volver a metértela en el culo. No quieres, así que te mueves para levantarte, pero tengo tus pezones entre mis dedos y te obligo a estarte quieta. Él apoya su glande en tu esfínter ya dilatado y escocido por la enculada recibida anteriormente y sincronizando sus movimientos con los mios vuelve a penetrarte, pero esta vez mas suave, mas dulce. Nos tienes dentro a los dos. Moviéndonos. Te vamos a romper. Tienes la sensación de que la membrana que nos separa se va a fundir, que no va a aguantar tanto. Te vas a correr. Lo sientes, lo notas subir y bajar por tu espalda, quemando tus terminaciones nerviosas, apretando tu pecho, cerrando tu garganta. Yo también me doy cuenta y acelero los movimientos.
Mi orgasmo te pilla por sorpresa, el tuyo estalla, violento y salvaje, al mismo tiempo. Los movimientos en tu ano se hacen más brutales, más bruscos y finalmente se paran. Notas el esperma que llena tu ano, ardiente, llenando tu cuerpo de un nuevo orgasmo, de una nueva batería de temblores, de gemidos, de gritos.
Te ayudo a ponerte de pie y a sentarte en el borde de la mesa. Voy a la puerta y me despido de la pareja que ha compartido la comida con nosotros. Vuelvo hacia ti y te subo la falda. Saco una cámara de tu bolso y fotografío tu coño húmedo y tu ano dilatado. "Para el recuerdo" te digo. Te visto, te arreglo la ropa y llamo al camarero para pedirle la cuenta.
Volvemos al coche. Me dices que necesitas una ducha, que estas pringosa y sudada y muy cansada también, que quizás podríamos ir a algún sitio a dormir media hora y limpiarte un poco.
Reemprendemos el viaje.
Durante el mismo mis manos tienen libre acceso a tu cuerpo, a tu pecho, a tu vientre, a tu sexo. Es cuestión de no dejar caer la excitación, de tocar, sentir, oler, saborear tu cuerpo recién follado. Vamos calentando la carretera y a los conductores, quien sabe con un poco de suerte nos cruzamos con alguna mujer con ganas de fiesta, alguna mujer que me permita ver un espectáculo que deseo ver desde hace muchísimo tiempo. Una mujer que te obligue a comértela entera, mientras mi cámara y yo vamos inmortalizando cada momento, cada caricia, cada gemido, cada suspiro.
Nos paramos en un área de descanso y busco un lugar donde poder atarte. Allí contra un árbol, desde atrás, te levanto la falda, te arranco de un tirón las braguitas y te penetro desde atrás. Sin piedad y hasta el fondo, notando como tu conejito va amoldándose a mi miembro, como tus jugos lubrican una fricción que te arranca los primeros gemidos. Mis manos desabrochan tu blusa y juegan suavemente con los pezones. Un consolador ocupa el agujero que queda libre. La doble penetración es total, tus gritos, tus respingos, tus temblores acompañan a la respiración entrecortada que anuncia un nuevo orgasmo.
Pero aun no es el momento de dejarte venir conmigo asi que salgo de ti, no sin desgana, pues no encuentro mejor lugar en el mundo que enterrado en tu sexo ardiente. Como has sido mala, unas palmaditas en el culo lo arregla, después saco el consolador y mi lengua se encarga de tu entre pierna, jugando con cada pliege, cogiendo con mis labios cada uno de los tuyos, tirando suavemente de ellos, recogiendo los jugos que salen de ti y llevándolos a tu culito, para preparar lo que viene a continuación.
Lo adivinas.
Te ato las manos a la parte interior de tus muslos, donde el roce del dorso de tu mano queda muy cerca de tu sexo y de mis testículos, solo tienes que retorcerte un poco para intentar aplacar tus deseos de sexo, y con cada movimiento mi polla entra un poco mas profundamente en ti. Noto como tu esfínter se abre para albergar toda la dureza de mi miembro. Y así sigo hasta que me derramo dentro de ti, mi esperma caliente llena tus entrañas, mientras notas como esta saliendo fuera, como resbala calentito y pegajoso por tus pantorrillas.
Volvemos al coche, la tarde ha empezado a caer, el sol se va ocultando al tiempo que mi polla se va ocultando en tu boquita. Que mejor manera de continuar el viaje que con una mamada. Noto como tu lengua envuelve mi polla, como tu saliva se va pegando a mi piel, como tus dientes arañan suavemente el prepucio, mientras intenta llegar hasta el fondo de tu boca.
Así llegamos hasta nuestro destino, es el parking de un hipódromo, no se ve a nadie en los alrededores. Reclino el asiento y te obligo a cabalgarme, el ritmo lo marco con mis piernas, las penetraciones son lentas y profundas. Una mano empieza a recorrerte la espalda, pero como es posible si mis dos manos están ocupadas en tu pecho. Luego son dos, tres, cuatro las que te tienen cogida y sobando todo tu torso. Empiezas a aumentar el ritmo de la cabalgada, pero cerrando mis piernas consigo que sea solamente una pequeña parte de la punta lo que está entrando en ti.
Prefieres ignorar las manos que te recorren la espalda y concentrarte en lo que está pasando entre nosotros. Abro las piernas de vez en cuando y gritas cada vez que te empalas totalmente en mi miembro. Malvado y sádico, no dejo ni subir, ni bajar tu excitación. La mantengo constante, tus aureolas sonrosadas, los labios entreabiertos, los ojos cerrados, sigues moviéndote por pura inercia y te abandonas a las sensaciones que te dan las manos desconocidas.
Bruscamente, te levanto y abro la puerta del coche, te digo que salgas, que quiero verte sudando y medio desnuda. Te das cuenta de dónde estamos, y de que estamos lejos de ser los únicos aparcados allí. De hecho, varias personas rodean nuestro coche. Seguro que llevan un rato mirando, te da vergüenza que te miren, que te vean así. Salgo del coche y me pongo detrás de ti, sujetándote por los hombros, te beso en el cuello, te acaricio la espalda y no sabes de dónde, pero saco un pañuelo y te vendo los ojos.
Tienes miedo, pero te susurro al oído lo guapa que estas, te describo las caras de lujuria de los que nos rodean, te digo que se van acercando y que no te voy a dejar sola, que siempre estaré ahí, contigo. Al mismo tiempo te levanto la falda por detrás y la dejo pillada en la cintura, notas cómo el aire fresco de la noche te acaricia las nalgas desnudas.
Te doy la vuelta y empiezo a besarte en los labios, con esos besos tan míos, tan dulces y cuando notas unas manos que suben por tus muslos, te sujeto la nuca para seguir besándote mientras una mano acaricia tu entrepierna húmeda. Tu lengua se hace más inquisitiva, intentas hacerme en la boca lo que te están haciendo en el coño. Sea quien sea, sabe cómo poner cachonda a una chica. El movimiento de vaivén se hace cada vez más rápido y profundo. Te corres entre gemidos ahogados en mi boca.
Te quito la venda y te das la vuelta. Descubres la cara de una preciosa chica morena con una gran sonrisa. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta blanca de tirantes que dejaba ver dos pezones oscuros. Le preguntas si te permite devolverle el favor, y por toda respuesta, te coge de la mano y te lleva al capó del coche. Allí se quita los vaqueros, se tumba en la chapa todavía tibia y abre las piernas dejando ver una tira de tela blanca que contrasta con unas piernas firmes y morenas.
Te inclinas para besar el interior de los muslos, apoyando los codos en el metal. Acaricias la tela con la nariz, con los labios. Está caliente. La muerdes suavemente y gime. No quieres quitarle el tanga, así que lo apartas a un lado y succionas los labios salados y fragantes. Primero uno, luego el otro, luego los dos. Paseando la lengua despacio por cada pliegue de piel mojada. Cuando llegas al clítoris, ella suspira e intenta cerrar las piernas. Sujetas sus muslos con las manos mientras sigues explorando, con lametones cada vez más firmes.
Tu postura es la ideal para que me ponga a tu espalda y eso hago, jugando con mi polla, frotándola en la entrada de tu coño, que es ya un charco que sólo pide que lo llenen. Y eso hago.
Chupas a la morena al ritmo de mis embestidas. Primero despacio y superficial, luego profundo y aumentando la cadencia poco a poco.
Sueltas uno de los muslos de la chica y le metes dos dedos, parece que le gusta, no para de retorcerse. Los mueves dentro y fuera, y ella te pide más. Metes tres dedos, que quedan succionados en ese pozo caliente que se contrae en torno a tu mano. Añades a los tres dedos el meñique, que juntas como puedes a los demás. Y sigues chupando el botoncito rosado de la chica como si fuera un pene pequeño mientras la masturbas.
Su novio te dice que añadas el último dedo y le metas la mano entera, que cuando está cachonda eso es lo que quiere. Te habías olvidado de él. Siguiendo sus instrucciones sigues chupando y sacas los dedos, arrugaditos como garbanzos. Juntas todos los dedos y empiezas a meterlos en ese coño pequeño y empapado. Nunca pensaste que la mano entraría entera. Yo seguía follándote por detrás, mucho más despacio, estaba pendiente de lo que estaba pasando con la morena, tu mano y su novio que le comía la boca y las tetas. Sigues empujando y ella se pone a gritar. Tienes toda la mano, hasta la muñeca, metida dentro de esa chica que se está corriendo como un animal salvaje. La mueves despacio, dándole un movimiento rotatorio, intentas cerrar el puño y ella vuelve a correrse entre espasmos.
El novio te dice que saques la mano despacio, y eso haces, mientras que besas aún un par de veces esos labios que saben tan rico y huelen mejor.
Sigo dentro de ti y el recuerdo de lo que acaba de pasar, el olor de tu mano derecha, el fresco de la noche hacen que empieces a mover las caderas, pidiéndome a gritos que te folle, que me corra dentro de ti. Me inclino y te susurro al oído que me gustaría hacerte lo mismo que le has hecho a la morena, que quiero ver cómo otro te usa como un objeto mientras que me la chupas, que eres mía, que eres mi cosa, mi niña sucia y que me voy a correr para ponértelo más fácil, para dejarte el coño lleno y resbaladizo. Mis palabras en tu oído terminan de encajar las piezas del puzzle y te corres conmigo, aullando los dos en la noche.
Después del hipódromo, nos dirigimos a un hotel, donde tengo una habitación reservada. Al subir a la habitación, te desnudo y te llevo hasta la bañera. Allí tomamos una ducha juntos donde me encargo de limpiarte, de enjabonarte, de pasarte la esponja por todo el cuerpo. Después empiezo a enjuagarte el cuerpo al tiempo que acompaño mis manos de ligeros besos por toda tu piel. Ya fuera de la ducha, te seco suavemente, con calma, recreándome con la toalla en cada centímetro de tu piel.
Luego ya en mis brazos, te llevo hasta la cama y allí te pongo sobre ella. Mis manos se untan con un aceite corporal e inician un masaje relajante por todo tu cuerpo, dedicándole el tiempo necesario a cada parte de tu cuerpo. Empezando por tu nuca, bajando por tu espalda, llegando a tu culito, pasando por las piernas hasta tus pies y vuelta. Pies, piernas, vientre, pecho, hombros y cuello, para terminar con un beso calido y suave.
Me meto contigo en la cama y hago que apoyes tu cabeza en mi hombro y allí descansas un poco, mientras yo disfruto de verte descansar.
Tras una pequeña siesta reparadora, empiezo por vestirte, con una ropa interior nueva, de regalo. Vamos a cenar algo. Relajados, disfrutando de la cena y de la compañía, comentando nuestras sensaciones, nuestras experiencias y deseos. Un par de copas después llega el momento culmen del día. Entramos en un local y te das cuenta de donde estamos. Sí, es un local de ambiente liberal.
Al entrar notas como todo el mundo se te queda mirando, sientes algo extraño en el ambiente. Mientras estamos en la barra, tomando una copa, mi mano esta paseándose por tu espalda, aprovecho cada oportunidad para hacerte comentarios al oído, muy cerca de tu cuello, sintiendo tu aroma y tu candidez, cerca mi boca. Mis manos se pasean por todo tu cuerpo, mientras te voy diciendo lo guapa que estas y sobretodo comentándote las miradas de la gente.
Después de acabar nuestra copa te llevo hasta el cuarto oscuro, donde bailamos despacio, al tiempo que empiezo a desnudarte hasta dejarte solo con la ropa interior. Casi a la vez que acabas en ropa interior y en ese ambiente oscuro, sin luz y sin poder sentir nada mas allá de los gemidos de fondo que se oyen, notas como unas manos desconocidas pujan por tocarte, por disfrutar de tu cuerpo, del tacto de tu suave piel.
Tus manos continúan sobre mi cuello y allí deben quedarse, no puedes discernir si son manos de hombre o de mujer. Debes entonces buscar como hacerlo solo por la manera en que te acarician. Mientras sigo besándote, noto como tu excitación va en aumento, por tu respiración, por tus movimientos, por tu manera de besarme. Así que pasamos al siguiente paso.
Te vendo los ojos con un suave pañuelo y te conduzco con mucho cuidado fuera de la pista de baile, entramos en otra sala y allí aprovecho para atarte al techo. Sientes la presencia de mucha gente allí dentro. Oyes comentarios acerca de lo guapa que eres o lo buena que estas. Poco a poco manos, bocas, tetas y pollas empiezan a rodearte, a acariciarte, a lamerte. Notas como dos bocas femeninas se apoderan de tu pecho y de tu coñito. Los gemidos empiezan a brotar de tu boca, tu respiración se agita y tu cuerpo empieza a temblar al ritmo de ambas lenguas. Mientras tanto yo colocado a tu lado, te voy describiendo a estas dos mujeres, detallándote como se están tocando entre ellas al tiempo que siguen lamiendo, mordiendo y chupando tu cuerpo.
Suelto un poco las ligaduras y te inclino un poco, lo justo y necesario para poder permitir que desde atrás alguien te penetre, de golpe y sin avisar. Una vez así, una boca se ocupa al tiempo de lamer tu clítoris, buscando el compaginarse con la penetración de su compañero. Cuando llegas al orgasmo tus piernas tiemblan y aprovechan a ocasión para cogerte entre dos hombres. Te sujetan por las piernas y te obligan a abrirlas, el resto te lo puedes imaginar. Uno tras otro un montón de hombres van pasando entre tus piernas, los gemidos no cesan de salir de tu boca, los temblores te acompañan constantemente, al ritmo de tus orgasmos, estos llegan encadenados uno detrás del otro. Las bocas que te besan también cambian, de vez en cuando soy yo de nuevo el que te besa, mientras te digo entre susurros lo guapa que estas, lo mucho que excita al resto del local tus gemidos, como los hombres hacen cola para poder penetrarte.
De vez en cuando una boca sustituye a las pollas y entonces les regalas una corrida fabulosa en sus boquitas. Los orgasmos llegan a encadenarse de verdad, los temblores parecen que van a romperte, las lágrimas corren por tu rostro. Ya no puedes mas, tu piel esta irritada, tus pezones hipersensibles y tu chochito esta al rojo vivo, ya no produce placer, así que te suelto.
Te llevo en brazos hasta la ducha y allí tomamos una ducha relajante, dejando que el agua envuelva nuestros cuerpos, que resbale por ellos. Al tiempo que nos besamos y puedo por fin disfrutar yo solo de tu sabor. Sentir cada pliegue de tus labios, tu lengua contra la mía, mi lengua recorriendo tu boca, sentir tu aliento en mi boca, tus brazos rodeando mi cuello, mis brazos rodeando tu cuerpo.
Después de esto, nos vestimos y volvemos al hotel, nos metemos en la cama y te arrumaco hasta que te quedas dormida entre mis brazos al tiempo que beso tu frente.
Tu gesto de satisfaccion, tu sonrisa de plenitud, tu respiracion tranquila y pausada es la recompensa merecida para mi alma.
3 comentarios:
Comentarios a la segunda parte:
2 comentarios:
Makoto dijo...
¿Para cuándo la 3ª parte? Que se yo que esto sigue, y sigue, y sigue...
Gracias por corregirlo y publicarlo.
22 de noviembre de 2007 0:59
Smeagol73 dijo...
Estimada lectora, la tercera parte en proceso de edición, debes de tener en cuenta que es francamente dificil hacerlo, si cada cinco minutos debes de estar luchando contra el monstruo que habita en mis pantalones al no poder contenerlo solo de pensar en mi Diosa en semejante situacion.
De todas formas mil gracias por tu atención, por tu dedicación, por tus correcciones y por todo aquello que creo que te debo de agradecer.
Espero no tardar mucho en agradecertelo en persona.
Mi mano te manda recuerdos
22 de noviembre de 2007 1:33
Comentarios a la tercera parte:
4 comentarios:
Makoto dijo...
¿Tan largo es el relato que nos lo tienes que poner por partes? ¿O es que lo dosificas para que no nos entren los ardores?
Un placer leerte, como siempre.
27 de noviembre de 2007 23:25
Smeagol73 dijo...
El relato es demasiado largo para un solo capitulo, por que la inspiracion asi lo merece, por que su co-autora asi lo decidio, por que mi Diosa asi lo requiere y por que ella lo puede.
Pero si tu supieras cuan sensual, morbosa, excitante, agradecida, magica pero sobre todo complice es, entenderias como puedo haber declarado que sin lugar a dudas es mi Diosa.
Besos y gracias por tu apoyo.
29 de noviembre de 2007 0:21
Anónimo dijo...
¡¡¡QUIERO MIS MARIPOSITAS!!!
29 de noviembre de 2007 16:40
Smeagol73 dijo...
Ok, te propongo algo para conseguirlas.
Si las retiras tu misma de su sitio son tuyas. Eso si primero tendras que apaciguar al guardian de las braguitas, en su cubiculo de vigia.
30 de noviembre de 2007 0:53
Comentarios a la cuarta parte:
2 comentarios:
cariguay dijo...
Dios impresionante, me pregunto si habrá una 5ª parte en la que le haces a ella lo que le pides, espero que si. Muchos besos pirata
17 de febrero de 2008 20:54
Smeagol73 dijo...
Desde luego que hay una 5ª parte y en breve podras disfrutar de ella y yo de que te guste.
18 de febrero de 2008 1:56
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