15 minutos.

Apenas eran las 8 de la noche cuando el pequeño utilitario blanco, abandono la autopista para entrar en el área de descanso. La noche ya cerrada de diciembre era perfecta para mis planes y al comprobar que la misma se hallaba vacía me termine de decidir a despedirme aquí de ti.

Tenemos la “fea” costumbre de comentar todos nuestros encuentros, nuestras sensaciones, nuestros placeres. Rememorando los momentos más placenteros que puedo imaginar. Digo “fea” por que evidentemente recordar estos hechos estando apenas separados 30 centímetros es peligroso para la salud, pues el resultado normal de la rememoración no es otro que una nueva excitación, que el deseo aumente en mi, que las ganas de disfrutar de tu cuerpo y de hacerte gozar florezcan, y mi mano derecha ociosa durante la conducción toma la única dirección posible, tu pierna, apretando suavemente tu muslo, sintiendo el calor de tu piel a través del pantalón del chándal, no queriendo llegar a la unión de tus piernas por los motivos que de sobra conoces. Pero no puedo evitarlo. Además hay otra tradición que deseo seguir manteniendo y es un ultimo encuentro sexual una hora antes de separarnos.

Cuando el coche se detuvo en la parte derecha de aquella remota área, tu ya sabias perfectamente lo que venia a continuación, es cierto que al igual que yo una parte de ti, la mas lógica, la mas sensata, te decía que no era buena idea forzar mas aquella divina zona que te había estado pasando la factura del fin de semana en forma de ligero malestar, pero me imagino que como yo, la parte mas salvaje, mas ilógica, mas animal estaba gritadote que te dejaras llevar, que deseabas volver a sentirme dentro, que deseabas volver a gozar de mi, conmigo. Y esa parte de tu ser fue la que venció, la que decidió que si disfrutaríamos de una ultima experiencia, que nuestros cuerpos disfrutarían una vez mas de su sensualidad.

Como no puedo confirmar lo que tú sentiste, voy a expresar solamente lo que yo pude disfrutar, espero que entiendas este punto de vista, y quien sabe a lo mejor me regalas tu detallado relato de lo que significaron para ti aquellos 15 minutos.

Cuando por fin detuve el coche mi corazón estaba ya a mil, notaba como la sangre se iba acumulando en mi miembro, esperando el momento de poder enterrarme en ti. Mi piel ardía del deseo contenido, mi cabeza no podía pensar en otra cosa que no fuera en la suavidad de tu sexo, en la dureza de tus pechos, en la suave sensación de acariciar tus pezones. Pero al mismo tiempo tenia que pensar en no hacerte demasiado daño, en no provocar mas escozor en tu dulce entrepierna, lo que me enloquecía por que lo único que deseaba era partirte en dos con mi ariete, en follarte como nunca lo he hecho, en penetrarte como un loco. Tumbe tu asiento mientras tú salías a buscar una toalla, para evitar manchar el asiento, un ligero inconveniente de esa semanita que tenéis de ciclo biológico. Cuando entraste en el coche ya estábamos decididos a dejarnos llevar, mientras te quitabas los pantalones me fui preparando, pues en los coches pequeñitos tengo que tener cierta previsión a la hora de tener sexo. Cuando por fin estabas preparada pase mis piernas por encima del salpicadero, y me coloque entre tus piernas.

Con cuidado apoye mi glande entre tus labios y ligeramente presione, solo unos centímetros penetre en ti y tu mueca me indico que no iba todo bien, la impaciencia me había traicionado, pero era un pequeño error subsanable. Una pequeña porción de saliva en mi mano y un ligero masaje en tus labios mayores y menores ayudaran a la penetración, de paso aprovecho para rozarte apenas el clítoris y conseguir por fin tu primer gemido.

Cuando de nuevo vuelvo a la carga, tu coñito se va abriendo poco a poco ante el envite de mi miembro, tus jugos mezclados con mi saliva ayudan en la penetración, proporcionando un suave rozamiento que aumenta mi excitación y la tuya, pues cada vez el camino es menos angosto, menos estrecho y más calido y húmedo. Noto como la cabeza de mi polla va rozando cada poro de tu interior, como tu néctar va mojando mi piel, impregnándola de tu aroma, de tu esencia, de tu placer. El acoplamiento es total, estoy completamente dentro de ti, tu cuerpo tiembla al compás de los movimientos de mi pene dentro de ti. Apoyas tus pies en el salpicadero del coche y giras las caderas lo justo para que mi pelvis golpee tu clítoris, inflamado por el deseo de correrse, y de esta manera empiezo a follarte.

Primero es muy lento y suave, quiero disfrutar de cada empujón, de cómo tu rajita va empapando mis testículos de ti, de cómo cada vez que entro completamente aguantas la respiración un momento, de cómo gimes en mi oreja, apenas un murmullo, cuando empezamos a besarnos cambio de estrategia y comienzo a taladrarte fuertemente, de un solo envite hasta el fondo, disfruto de tenerte a mi merced, mis manos se acuerdan de tus pechos y les dedico la delicada atención que merecen, observando con sumo placer como tus pezones se oscurecen y se hinchan al ritmo de mis caricias, los saboreo dulcemente, solamente para que aprecien la diferencia de caricia entre mis labios y mis dientes que muerden la punta de estos y consiguen tus primeros respingos.

Así estamos cuando tu primer orgasmo me pilla por sorpresa, no lo esperaba, tu cuerpo se crispa, tus brazos rodean mi cuello, mientras tu boca que ya no puede estar cerrada busca aire que respirar entre gemido y gemido. Pero no me detengo, aprovechando la ocasión aumento la velocidad de mi fornicación, quiero que te corras de nuevo sobre mi polla, y es lo que intento, pero un pequeño temblor me anuncia que estoy a punto de correrme yo mismo, así que detengo mi follada y saco mi pene de las profundidades de tu ser, es apenas un segundo lo que necesito para relajar mi excitación y volver a la carga. Apoyo mis rodillas en el piso del coche, mi polla busca la entrada de tu cueva y cuando la encuentra entra a sangre y fuego, sin pedir ni esperar permiso, esto te ha cogido desprevenida y apenas puedes sujetar tu segundo orgasmo, con los temblores del mismo casi haces que mi caricia mas intima termine, pues en un par de ocasiones noto como todo mi miembro esta fuera de ti, pero nada puede detener esto y de nuevo recupero el control de la situación y empiezo a bombearte, como a ti te gusta, intercalando las penetraciones rápidas y suaves, con las lentas y profundas.

Mi placer es ya imposible de controlar así que te aviso, esta es la peor parte, pero por otro lado es lo que de ninguna manera hemos conseguido cambiar. Vuelves a gemir y a decirme a oído las maravillosas palabras que tanto me gusta oír, me voy a correr, me voy a correr, son apenas inteligibles, pues entre los gritos de tu orgasmo y las bocanadas de aire que tienes que coger no andas muy preocupada por que se te entienda, tampoco hace falta, te conozco lo suficiente como para saberlo y entonces al tiempo que tu orgasmo esta llegando el mió anuncia su llegada, y a tiempo de evitar una catástrofe salgo de ti.

Nos besamos como cada vez que llegamos a este punto, pero noto como tú no estas del todo conmigo, he interrumpido tu orgasmo y no puedo permitir ese pequeño “fallo”, si algo tengo claro es que por encima de cualquier otra cosa esta tú disfrute, tu gozo, tu placer. Así que aprovechando los últimos momentos de erección que me acompañan tras mi corrida, empiezo a rozar tu clítoris con mi polla, ligeramente debido a lo sensible que debe de estar la zona, primero con movimientos muy lentos y suaves. Como estaba previsto empiezas de nuevo a gemir y a mover tus caderas al ritmo de las mías, tus jadeos van en aumento, la humedad de tu sexo también, tu pecho comienza a agitarse indicándome el ritmo adecuado, y entonces ocurre algo extraño, mi miembro, antes en retroceso tras su eyaculación empieza a recibir de nuevo riego sanguíneo, empieza de nuevo a endurecerse, a aumentar de tamaño. Pero yo sigo jugando con tu botoncito, siento como la cabeza de mi glande va presionando tu clítoris, siento como resbala por mi frenillo, como con cada nuevo empujón tu boca se abre al tiempo que rozo en ese punto y como se cierra tras un quejido cuando la tensión hace que se mueva hasta el final de mi ciclópeo amigo.

Aprovechando que estas de nuevo al borde de un nuevo orgasmo, guió mi miembro hasta la entrada de tu cueva, sin manos, solo con mi pelvis y con la ayuda de mi piel, sensitiva y sabia buscando lo mas profundo de ti, lo mas húmedo, lo mas calido. Y de un solo movimiento, profundo y decidido entro en ti, consiguiendo lo que tanto ansiaba un orgasmo tuyo, uno de los buenos, uno de los que te hace clavar las uñas en mi espalda, de los que tensiona toda tu espalda, de los que hace que tu pecho pare de respirar y de los que dispara tu corazón, como un caballo salvaje corriendo por la pradera.

Y precisamente por este nuevo gozo mi deseo se inflama y desea verte de nuevo disfrutar y continuo con mis embestidas ya no tengo mas en la cabeza que hacerte de nuevo venir, y solo eso me importa. Por eso cuando tus gemidos me indican que ya has terminado de disfrutar del ultimo aumento el ritmo de mis empujes, y te pillo en el momento justo, apenas estas descendiendo de la cumbre de tu clímax cuando de nuevo el roce de mi miembro dentro de ti, mis gemidos en tu oído, mis palabras diciéndote lo que te amo, mis manos sobre tus riñones y mi lengua sobre tu cuello hacen que tu placer se dispare, que suba hasta la cima y que tu cuerpo este dispuesto a un nuevo orgasmo.

Nos sorprende a los dos, intenso, profundo, largo pero por encima de todo juntos, único, como un solo. Un orgasmo de los que se graban en el corazón, en la mente, en el alma.

Fueron únicamente 15 minutos de combate sexual, 900 segundo de placer intenso, de perder la cabeza, de pensar y buscar solamente tu disfrute, que perdieras la consciencia, la conciencia de ti misma, tu ser, tu esencia y esto era lo que yo quería, por que en el fondo no es otra cosa que lo que yo sentía, deseaba y anhelaba.

2 comentarios:

Makoto dijo...

15 minutos de gloria. 15 minutos de paraíso. 15 minutos de gritos. 15 minutos de lágrimas. 15 minutos de placer.

Los 15 minutos más largos, más cortos, más intensos, más emocionantes, más increíbles que he leído nunca.

Gracias.

Smeagol73 dijo...

Guau, esto si es una critica constructiva y lo demas son coñas.

Muchas gracias por tu apoyo incondicional, te voy a tener que dedicar una historia un dia de estos