Es una tarde tranquila, ya se ha marchado todo el personal, tengo la radio encendida y suena una música dulce. Aunque tengo mucho trabajo por hacer todavía, la música me transporta a otro mundo, ya no soy de nadie y me dejo llevar como poseída. Estoy caliente y mojada pensando en mi “galán”, cuando por detrás sin darme cuenta, me tocan el hombro con una suave caricia que baja por mi espalda.
Un escalofrió recorre todo mi cuerpo, la mano sigue hasta llegar al borde de la falda y me la intenta subir. Cuando me giro, allí aparece "él", fuerte, seguro de si mismo, dominador, como siempre, y poniendo sus labios en los míos deja entrar su lengua en mi boca, nuestras salivas se mezclan, parecemos dos locos. Me sube encima de la mesa y arrancándome las braguitas de un tirón se baja hasta mi cuevita, ya demasiado mojada.
En verdad tiene una lengua bien entrenada, sube y baja con ella siguiendo los contornos de mi sexo, dibujando cada uno de mis labios, rozando apenas el caperuchon de carne que anuncia donde esta mi centro de placer, haciéndome gozar de lo lindo, al tiempo que coge mis senos. Intercala los lengüetazos en mi almejita con suaves mordiscos en mis pezones y baja otra vez. Ya estoy a punto de terminar pero me hace sufrir un poco, se para, para que recobre la cordura, el aliento y la consciencia de la situación, pero solo un momento. Luego sigue como si nada ocurriera, hasta llevarme de nuevo a las puertas del orgasmo.
Me gira, obligándome a darle la espalda y me penetra desde atrás con un empujón fuerte, los jugos vaginales son tan abundantes que su pene entra sin obstáculos, el placer que me hace sentir es inhumano, no puedo dejar de chorrear fluidos, mi coñito es una fuente que destila flujos por mis piernas y placer por mi espalda. Sin quererlo los jadeos se confunden, no podemos gritar, alguien podría escucharnos, pero creo que ya es imposible aguantar más los gritos, estos salen solos.
Me doy la vuelta de nuevo, lo quiero tener frente a mí y ver su cara cuando sea yo quien se mete en la boca su potente polla, entra y sale, sale y entra. Gime, grita, no puede más, pero ahora la que domina soy yo. Cojo sus testículos con mi lengua, "el " sujeta mi cabeza para que no pare, se que le gusta tenerme así sometida a su voluntad y a mi me enciende saberme obligada de esa manera, y le arranco otro gemido de su garganta, parece no solo que es una primera vez sino que es la ultima, en cualquier momento puede entrar alguien y pillarnos allí sobre la mesa de preparación de pedidos y eso nos gusta, nos da morbo.
Me penetra otra vez desde atrás, le encanta hacerlo así pues me sabe a su merced, le gusta ver como mis nalgas amortiguan sus embestidas, cogerme de los riñones para imprimir mas fuerza a sus penetraciones, los movimientos son cada vez mas fuertes y salvajes, ya ni nos damos cuenta de la canción que esta sonando, pero de repente allí hay alguien mas, alguien que no duda lo mas mínimo en unirse al espectáculo ofrecido, ya somos tres.
Nuestro nuevo “amigo” agarra mis senos y coloca su polla a la altura de mis labios, mientras mi galán sigue follándome sin tregua y agarrando la polla de nuestro nuevo "amigo" me la trago hasta el fondo, la introduzco dentro de mi boca hasta la garganta, hasta que me roza las amígdalas, gozando de esta nueva situación. Estoy siendo poseída por dos hombres al mismo tiempo. El nuevo "amigo" se une a nosotros con los placeres proporcionados por mi mamada, gime y empieza un ligero movimiento de vaivén en mi boca, como una suave follada. Mi galán se encuentra ya a punto de correrse, gimiendo, temblando, sus manos se crispen en mis caderas y noto como sus dedos se van marcando en mi piel, ya sin miedo sus movimientos se aceleran, ya no puede mas y termina la faena, con un grito de triunfo, con un sonoro cachete en mi nalga derecha que se enrojece y me transmite el calor de su mano, al tiempo que su corrida entra en mi, calida, profunda, abundante, con los últimos estertores de su miembro consigue proporcionarme el mayor orgasmos recibido hasta ahora de el.
El nuevo "amigo" también quiere su parte y me penetra de un solo empujón ayudado por los flujos de mi corrida y los de mi “galán”. Empujando su cintura una y otra vez, llegando hasta el fondo de mí ser, entrando y saliendo de mí a un ritmo endiablado hasta llegar al clímax. Un clímax que me sorprende, y que hace temblar mis piernas, no tanto por la intensidad del mismo sino por el morbo de ser un autentico desconocido.
Descansamos un segundo y recobramos el aliento que hasta ese momento parecía faltarnos. Hay que seguir con el trabajo, los dos hombres se despiden con un beso largísimo y quedando al término de la jornada para poder seguir disfrutando de una velada de gozos y jadeos hasta el amanecer.
2 comentarios:
Asi se escribe, con sentimiento, pasion y locura al mismo tiempo. pero suena a fantasia algunas fantasias hay que realizarlas antes que caduquen pero esta muy lograda tienes mucho talento.
Muchas gracias, por tu comentario, espero poder verte por aqui mas a menudo.
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