El tren

Avanzaba con paso firme por el andén. Una media sonrisa de triunfadora dibujaban sus labios. Era la reina del mundo, por lo menos hoy, por lo menos ahora. La negociación había sido muy dura, incluso extenuante, pero había vencido, allí donde muchos de sus colegas habían fracasado, ella se alzaba con la victoria, una victoria incontestable, dulce, ansiada, deseada, necesitada. Jamás dudo de ello, pero aun así sabia que era mejor haberlo demostrado.

Avanzaba con paso firme buscando el coche 21, si segunda clase, los problemas típicos de haber hecho el trato con tanto esfuerzo, el único billete disponible era de segunda clase, pero a ella le daba lo mismo. Hoy todo le daba igual, su nube estaba por encima de todo eso y ella lo sabia. Al llegar a la puerta del coche 21 una pareja de novios, por como se estaban devorando la boca el uno al otro, le impedía el paso. Menuda perdida de tiempo, pensó, el amor que frágil, corto, efímero e inútil que resultaba. Lo sabia por experiencia, eso se lo enseño su marido. El muy cabrón la utilizo para ascender y cuando llego arriba se busco una mas joven con quien compartir su éxito. Pero como todo en esta vida eso le enseño dos cosas, primero, los hombres solo valen para lo que valen, y segundo, no hay más importante que uno mismo en este mundo. Su marido también influyo positivamente en otro aspecto, le quito el miedo y la espoleo a ser una mujer de verdad, el gimnasio le había tonificado el cuerpo, el tenis le había reportado sin lugar a dudas unas piernas de campeonato que ella no ocultaba con su minifalda de tubo negro ajustada a las caderas que tanto le había costado moldear, una falda de dejaba entrever a la perfección cada una de las tiras del liguero que mantenía en su sitio las medias de fina rejilla que llevaba ese día. Las pesas y por que no decirlo un cirujano amigo suyo habían hecho que su pecho no necesitara de incómodos sostenes, ahora estos se movían libres dentro del top interior blanco que llevaba debajo de su chaqueta de traje negro.

La pareja parecía no percatarse de que ella estaba allí esperando, seguían a lo suyo, de hecho el iba un poco mas allá de lo decoroso de semejante beso y su mano se aventuraba ya por debajo del canesú que su novia llevaba y acariciaba la parte inferior del pecho izquierdo. Gracias a un ligero movimiento de el pudo apreciar el tamaño de los pezones de la chica, que excitados marcaban su sitio en la fina tela rosa. Ella tampoco usaba sujetador. Ya veras dentro de unos años cuando se empiecen a caer, rió para sus adentros. Y por fin cansada de esperar tosió para dar a conocer su presencia allí. Los novios se separaron a regañadientes con una mirada de reprobación por haber interrumpido su despedida de esa manera y pudo apreciar a ambos en su totalidad. La chica vestía vaqueros negros y un canesú rosa con mucho vuelo, no era especialmente guapa, pero tenia unos ojos negros maravillosos, profundos, templados, que invitaban a bucear en ellos, los labios no muy carnosos pero tampoco demasiado finos, de estatura mediana tirando a baja, unos tacones no le vendrían nada mal pensó ella. Su ropa dejaba adivinar todo un tipito de niña de 25 años, casi la mitad que ella, culo prieto, pecho erguido de un tamaño cercano al de ella, y un vientre plano que el vuelo del canesú corono con un pendiente atravesado en el ombligo.

Pero lo que le sorprendió fue el. Era mucho más grande de lo que su primera impresión le dio a entender, grande en todos los sentidos. De estatura más bien alta, con una espalda ancha, el cuello indicaba que estaba fuerte y sus brazos y sus manos le daban a entender que se debía ganar la vida con algún trabajo físico. No estaba marcado de gimnasio, de esos conocía muchos, sino grande, fuerte, compacto. Le vino a la mente un boxeador recién retirado. Su cara era lo que mas la confundió, no era guapo, demasiado serio quizás, demasiado recio tal vez, no pegaban. Como una mujer así podía estar con un tío como ese. Da igual se dijo, lo único que quiero es entrar.

Entro en el vagón y busco su sitio, el 16P, dejo su cartera en el compartimiento superior, su bolso también y busco su portátil, lo abrió y lo dejo sobre la bandeja de su asiento, pues iba a aprovechar el viaje para redactar los términos del acuerdo alcanzado hoy y de esa manera tener la noche libre para celebrarlo. Llamaría a Luigi. Los altavoces anunciaron la salida del tren. Y este empezó a moverse con ese ritmo cansino con que inician la marcha. Encendió su ordenador y cuando la pantalla de inicio le preguntaba por su contraseña una voz grave, profunda, sensual se disculpo:

- “Perdone me deja pasar, el de la ventanilla es el mió”

El chico del andén, el que se estaba besando con la novia, le pedía permiso para pasar. Esto es justicia divina, pensó para si. Así que decidió hacerlo esperar un poco. Con mucha calma cerro la tapa de su ordenador, lo metió en el bolsillo del asiento, cerro la bandeja y justo cuando se disponía a levantarse su vista reparo en el bulto de los pantalones de ese desconocido.

Aquello no podía ser cierto, menudo tamaño tenia. Los pantalones de estilo militar de color caqui que llevaba indicaban que el poseedor, estaba muy, pero que muy bien dotado para la vida. No es que fuera especialmente larga que lo era, era mas que nada el grosor de su herramienta lo que le llamo la atención, pensó en un vaso de tubo, en un pepino de buen tamaño como los que utilizaba de vez en cuando, pues nunca le gusto el tacto del plástico. Ahora podía entender por que aquella niña mona estaba con el. Se levanto apartando como pudo la vista de aquel pedazo de carne que la tenia hipnotizada pero dispuesta a comprobar si todo eso era de el no se movió de su asiento. Permaneció allí de pie, mirándole a los ojos y le dijo que pasara. El chico se extraño en un principio, pero en un descuido de ella observo a donde iban sus miradas y decidió que si ella quería jugar por él bien. Empezó a deslizarse entre el asiento y ella.

Estaba a punto de averiguar lo que de verdad había en todo aquello. Cuando su trozo de carne entro en contacto con su bajo vientre casi se derrite allí mismo, todo aquello era de el. Noto como la pelvis del muchacho se inclinaba ligeramente hacia delante buscando mayo contacto con ella y sintió como una barrena de carne tibia y dura recorría su vientre, un ariete que jamás había soñado probar, una promesa de placer en forma de falo, recorría su vientre al tiempo que su coñito empezaba a mojar sus braguitas negras transparentes. El desconocido se sentó en su sitio y ella volvió a ocupar el suyo tranquilamente en apariencia, pues su mente estaba ya ocupada en pensar como seria tenerlo en su boca, sentir todo su tamaño dentro de ella, llenándola de placer, penetrándola sin piedad, recibir toda su descarga dentro de ella, caliente, intensa, en lo mas hondo de su ser. Coloca de nuevo su portátil y decide distraerse trabajando un poco.

Pero se sorprende mirando con el rabillo del ojo a su compañero de asiento. Nota como el clava la mirada en sus muslos y esto hace que su excitación crezca, que su entrepierna empiece a despedir un calorcito desconocido, que su piel se erice al roce con los muslos de el, que su pecho se agite intentando mantener el ritmo de la respiración, que su mente se llene de deseos, de imágenes confusas de cuerpos en movimiento, de cuerpos sudorosos, de gemidos. Pero no, no podía ser, ella era toda una mujer, una ejecutiva de éxito, una mujer moderna que no podía dejarse llevar por sus impulsos mas bajos, así que pensó en dejarse llevar por la situación pero cogiendo ella las riendas.

Y de esta manera comenzó su plan de conquista.

Mientras seguía trabajando en su ordenador empezó a mover suavemente su pierna izquierda arriba y abajo, buscando un leve roce con su acompañante. Cada vez que este presionaba su pierna buscando una mayor presión, para confirmar sus sospechas imaginaba, la retiraba de repente, levantando de esta manera un muro con su lenguaje corporal. No quería más que aumentar la excitación de aquel chico, no deseaba más que insuflar un deseo parecido al que ella sentía en ese momento, que había aumentado debido al juego que se llevaba con ese desconocido.

Apenas se dio cuenta de cómo sus movimientos estaban haciendo que su minifalda se fuera poco a poco subiéndose por sus muslos hasta que fue demasiado tarde. El doblez de su minifalda se marcaba ya en su piel directamente pues había subido por encima de sus medias. De hecho si habría ligeramente sus piernas el desconocido podría ver perfectamente el triangulo de negro transparente de sus braguitas. Y así lo hizo, noto como una leve corriente de aire recorría el interior de sus muslos provocándole una sensación de contraste con el calor que ya desprendía su sexo. Y esta sensación se acentuó en su sexo, cuando el aire fresco proveniente del aire acondicionado del tren entro en contacto con la tela húmeda, tibia de su ropa interior, la obligo a gemir quedamente y a cerrar por un momento los ojos. Al abrirlos pudo comprobar como su acompañante tenia sus ojos clavados en su regazo, y debía de gustarle le espectáculo, pues el bulto de su entrepierna había crecido aun mas si esto era posible. Fue entonces cuando noto como un dedo, grande, duro y de una gran suavidad le estaba acariciando la parte de muslo que tenia descubierta. Sintió el contacto y su cuerpo reacciono con un ligero temblor que recorrió toda su espalda haciendo que su respiración se contuviera, pero no podía dejar que él dominara la situación, que la dominara, que marcara el ritmo, eso era su cometido.

Aparto su pierna con un movimiento firme y rápido que dejo el dedo del desconocido en el aire y al descubierto. Dirigió una mirada de reprobación hacia él y se encontrando mirando en unos ojos azules intensos, como una playa del caribe, limpia y cristalina, que la miraban con deseo, con ansia, con una mezcla de impaciencia y seguridad que la descolocó un poco, pero lo peor fue ver la ligera sonrisa que se asomaba en sus gruesos labios marcados con una barba incipiente que le daba a todo el conjunto un aspecto de gallardía, casi de chulería. Estaba perdiendo su combate y lo sabia, pero no estaba dispuesta a rendirse sin luchar.

Decidió atacar con su mejor arma, así que con un movimiento estudiado se deshizo de su chaqueta, dejando libre de la presión de los botones de esta a su pecho, que se acomodo a su antojo dentro del espacio que abundaba a su alrededor y se descubrió mirando los montes que dibujaban claramente sus pezones en la suave tela de su top blanco que daba una sensación de mayor tamaño aun. Noto como la mirada de el se clavaba en su pecho y volvió a sonreír para si, no fallaba, el hombre mas seguro de si mismo caía ante la presencia de su pecho que desafiaba las leyes de la gravedad y de la edad. Ante la visión a través de la tela de sus pezones oscuros y grandes, que pedían a gritos atenciones adecuadas de la sabia boca de un buen amante. Siguió trabajando sabiendo que el movimiento de sus dedos y de sus brazos hacía temblar sus senos y que el desconocido apenas podía apartar la mirada de ellos, volvía de nuevo a controlar la situación.

Su mente divagaba entre el informe de sus progresos y sus fantasías con el desconocido, o mas bien habría que decir con su miembro, pues en ellas él no era visible, sus visiones eran siempre desde el pubis de él. Veía como iba entrando poco a poco, forzando sus labios, en su boca, como su lengua se dedicaba a lamer cada centímetro de piel, como degustaba las primeras gotas de liquido preseminal y como temblaba, como palpitaba, como se hinchaba justo antes de llenarle la garganta con su esperma, como ríos de esperma iban cayendo contra su garganta y como ella golosamente iba tragando cuanto podía mientras seguía chupándole solo para dejársela limpia y exprimirlo hasta la ultima gota. Podía sentir en su garganta el sabor agrio y áspero de su semen, como su espesa leche iba cayendo poco a poco en ella y se descubrió con una mano en su regazo, rozando ligeramente su pubis, con su boca entreabierta y con la lengua humedeciendo sus labios. De nuevo se sentía confusa, jamás había actuado así, jamás se había dejado dominar de esa manera por sus impulsos y la sensación extraña de no saberse dueña de su destino no la gustaba, así que decidió que el juego había acabado. Recogió su portátil y la mesita y decidió tomar un café para relajarse leyendo un rato el periódico.

El rato de café y periódico había surtido efecto, por fin había desterrado de ella todas aquellas visiones extrañas y volvía a ser ella, la mujer fría y calculadora, dura, segura de si misma, que un día decidió hacerse con las riendas de su vida y devolverle cada uno de los golpes. Hasta ahora lo había conseguido. Se dirigió de nuevo a su asiento con la intención de demostrase a si misma que todo estaba en su sitio, que era capaz de estar a su lado sin pensar en él. Cuando salio del vagón cafetería en dirección a su asiento se cruzo de frente con él.

Cuando llego a su altura se ladeo un poco para permitir que el pasara pero él no termino de pasar, de un empujón la metió en el cuarto de baño del tren. La llevó contra el lavabo y antes de que pudiera decir nada sus labios cerraban su boca impidiéndola decir nada, quejarse, chillar pidiendo ayuda, pero en cambio se dio cuenta de que su lengua estaba ya devolviendo el beso a este desconocido que empujado por la acción de su lengua había ya levantado su top y se dedicaba a jugar con sus pezones, eran pequeños toques que hacían que sus ojos se cerraran, que su boca pidiera mas boca, que sus manos empezaran a clavarse en esa espalda fuerte, musculosa, gigantesca que la cubría entera. Las manos de él bajaron hasta su falda y la recogieron sobre su cintura dejando libre acceso a su coñito que ya por entonces no dejaba de manar, parecía una fuente de flujo, abrió un poco las piernas pidiendo mas caricias, pidiendo que su mano experta en estas lides por lo que sus pechos pueden decir dejara allí su parte de caricias y así fue, cuando el agarró con toda la mano su chocho que sintió que se corría, no podía ser, un orgasmo sólo con tocarme, pero sus piernas se lo confirmaban. Apenas se podía mantener en pie si no fuera por que su brazo la tenía rodeada por la cintura y la mantenía apoyada contra el lavabo. Su cuerpo ya se había recuperado de este orgasmo sorpresivo y de nuevo pedía guerra, pero esta vez de la de verdad. Quería sentir su cuerpo contra el de él, quería ser penetrada por aquel hombre, sentir cómo su miembro le partía en dos el alma.

Pero no era eso lo que él tenia previsto para ella. Rápidamente se puso de rodillas, de un tirón le arranco las braguitas, notando como las tiras se clavaban en su cuerpo, como marcaban su piel por la presión del tirón. La levanto en peso como si fuera una pluma, y la puso a caballito sobre él pero con su cara apuntado a su sexo, que sabiamente esperaba ya los mimos de su lengua. Se aplico a destrozar su clítoris a lengüetazos. Era un combate feroz en el que su botoncito llevaba las de perder. Cada golpe de su lengua conlleva una nueva descarga que subía por su espalda hasta la base de su cráneo, intentaba moverse para poder mantener el control de su placer pero las manos de el la tenían inmovilizada contra la pila del lavamanos. Solo acertó a poner sus manos contra sus pechos y buscar sus pezones para pellizcarlos, para acariciar el globo que dibujaban estos, que se movían al ritmo de sus respiraciones. Notó como un nuevo orgasmo venia en camino, intenso, desde lo mas profundo de su cuerpo salía como una inundación, arrastrando toda la tensión, los nervios, los condicionantes sociales, las normas de conducta, no le importaba nada que no fuera esa descarga eléctrica que iba camino de partir su espalda, se mordió un dedo para evitar chillar, para evitar tener que gritar al mundo que se corría, como nunca lo había hecho, como nunca lo había sentido, sentada sobre la cara de un desconocido en un tren, en mitad de ninguna parte.

Se corrió como no sabía que era posible correrse, su orgasmo le obligaba a retorcerse, a temblar como presa de un ataque de epilepsia, el aire no llegaba sus pulmones, su mente no podía pensar en mas que en fundirse en su boca, hacerse liquido y dejarse llevar por su garganta al interior. En sus mejillas se marcaba el camino de sus lagrimas, lagrimas de felicidad que indicaban cuan húmedo estaba su sexo. Sus dientes habían dejado una marca en su dedo que no se borraría en mucho tiempo. Y como pudo descubrir después, los dedos de él se quedaron grabados en su cadera en forma de círculos morados que durante 10 días le recordarían lo que pasó en el tren, en los aseos del tren, con un hombre que no conocía y que la devoró de una manera salvaje.

Cuando su cuerpo empezó a recomponerse, empezó a pensar en como agradecer esta comida tan maravillosa, pero el se levantó, la miró de nuevo con esa sonrisa socarrona y salió del aseo, con los restos de sus braguitas en su mano y mirando hacia atrás mientras le guiñaba un ojo. Dejándola allí, de pie, con sus pechos fuera y su coño al aire aun dejando escapar sus jugos que resbalaban por sus muslos.

Se recomponía las ropas mientras pensaba en lo que había pasado, en lo que había sentido y en lo que habría de hacer ahora. Todavía se sorprendía al pensar lo que había sido capaz de hacer con un total desconocido, pero de una cosa estaba segura, aquel chico la había tratado como a una zorra cualquiera, como si ella fuera la zorra rubia de 20 años que se llevo a su marido, y estaba dispuesta a demostrarle que no era así. Termino de colocar su ropa en su sitio y se arreglo como pudo delante del espejo, coloco su pelo de mala manera, retoco su maquillaje como pudo y cuando se disponía a salir del cuarto de baño se miro por última vez al espejo, no había solución, parecía que acabara de correrse mientras le comían el coñito.

Volvió de nuevo a su asiento justo cuando se anunciaba por megafonía que el tren llegaba a su destino. Llego a su asiento, justo a tiempo de recoger sus pertenencias y que el desconocido aprovechara el barullo de gente para decirle al oído que lo siguiera. Su cabeza empezó a planear en que modo se vengaría. Se bajo del tren detrás de el y con paso distraído le siguió caminando por toda la estación camino de la parada del metro. Esperaron en el andén a que llegara el convoy sin mirarse, sin tocarse, como si no se conocieran o como si no hubiera pasado nada entre ellos nunca. Se monto en el vagón tras el y se aferro a la barra cuando este se puso en marcha.

Aprovechando la multitud de gente que iba dentro se pego a él, poniendo su rotundo culo en contacto con él. Notaba como aquel pedazo de carne empezaba a cobrar vida con los movimientos bruscos del metro. Y no tuvo reparos en guiar su mano libre hasta él. Toco por encima de la tela aquel miembro descomunal, aquel pedazo de carne que empezaba a palpitar en su mano y que notaba durísimo a través de la tela del pantalón. Su cuerpo empezó de nuevo a excitarse, notaba como su temperatura subía, como su entrepierna empezaba de nuevo a humedecerse, pero esta vez era algo distinto, algo que no había sentido nunca, algo extraño. Con delicadeza, bajo la cremallera del pantalón e introdujo su mano, busco la tira elástica del calzoncillo y cuando la encontró deslizo su mano dentro. Por fin tenía en su poder aquella polla. Dura, caliente, suave, viva, con las venas muy marcadas, empezó a masturbarla con delicadeza, mientras el le susurraba al oído lo que le iba a hacer. Proposiciones de sexo duro y placentero, pero ella estaba en otro lado, no atendía a aquellas ideas, tenia perfectamente claro lo que quería de el y como.

Llegaban a la estación de destino, cuando el le dijo que se parara. Anduvieron por la estación en dirección a la salida y empezaron a caminar por aquel barrio obrero. Notaba como los hombres con los que se iba encontrando la miraban, como se giraban para mirarla cuando ella pasaba, le gustaba aquello, le gustaba mucho saberse el centro de sus deseos. Por fin llegaron a su casa. Entraron en ella y el le dijo que se pusiera cómoda. Dejo sus cosas encima del recibidor y se sentó en el sofá y espero a que el dejara su equipaje en una de las habitaciones del interior. Cuando apareció de nuevo el la atrajo hacia él e intento besarla, pero ella se aparto un poco diciendo que necesitaba beber algo. El saco una botella de whisky y trajo unos vasos y unos cubitos. Sirvió un par de copas y se sentó enfrente de ella en el otro sillón. Comenzaron a charlar, a comentar intimidades, ella quería saberlo todo, preguntaba sobre todo mientras el ambiente se iba caldeando y el whisky iba pasando por sus gargantas. Reía con sus chistes y se asombraba con sus historias sobre conquistas pasadas. Cuando se acabo la botella de whisky, ella solo había bebido dos tragos y el estaba alga mas que contento, justo como ella quería tenerlo. Se recostó en el sofá mientras el le contaba la historia de su “amiga”, la que había visto en el anden de la estación. Poco a poco se fue quitando la chaqueta, para que viera como estaban ya sus pezones. Y comenzó a abrir sus muslos con la intención de dejarle apreciar en todo su esplendor su coñito, brillante por los jugos que destilaba debido a la excitación. El intento acercarse de nuevo a ella, pero se lo impidió con el pie, apoyando sobre su pecho aquel zapato de tacón de aguja negro que tanto le gustaba, aquella postura era ideal, el sentado en el sofá, con la mano encima de su paquete estimulándolo, ella enfrente, con su pierna enfundada en media de rejilla y su pie pisándole el pecho con aquel zapato y el espectáculo que debía ser la visión de su coñito, pues la postura así lo permitía.

Le dijo que se masturbara para ella, que le gustaba ver a un hombre dándose placer delante de ella, pero se lo dijo con una vocecita impropia de ella, una vocecita de niña dulce, de niña pobre que jamás ha conseguido lo que quería. El se deshizo de los pantalones, de los calzoncillos, de la camiseta y por fin pudo apreciar su cuerpo desnudo, no muy velloso, no muy marcado pero con las curvas justas en los sitios justos. Su piel mas morena en los brazos y cara le indico que debía de trabajar en la construcción o parecido. El cogió su miembro con la mano y empezó a moverla de arriba abajo cuan largo era, dulcemente, apenas podía cerrar los dedos con ella y eso que sus manos eran grandes. Ella empezó a disfrutar del espectáculo, la cosa iba por su cauce normal. Empezó asimismo a tocarse el pecho por encima de la ropa, buscando sus pezones con las yemas de sus dedos, mientras se iba descalzando. El aumento el ritmo de su masturbación cuando el pie de ella comenzó a acariciar su pierna, ella notaba su suave piel a través del nylon de la media, su calidez, su firmeza. El empezó a gemir y ella llevo a su entrepierna su otra mano, donde acaricio por completo su coñito apreciado lo húmedo que estaba ya, subió su mano y chupo dos dedos apreciando su sabor, salado y dulce a la vez. Después se penetro con dos dedos mientras veía como el empezaba ya a aumentar su ritmo de masturbación, pero no quería que terminara así. Se levanto y le metió los dos dedos en su boca, para que el también pudiera saborearla y lo hizo, los chupo como si fueran dos caramelos y los dejo totalmente limpios.

Lo cogió por el miembro y tiro de el llevándolo por la casa así cogido, por su polla, a modo de correa, busco la habitación y allí entro. Lo hecho sobre la cama y se arrodillo entre sus piernas, cogió de nuevo aquel falo y comenzó a mover su mano lentamente en un movimiento de vaivén que ocultaba su glande cuando subía, para dejarlo totalmente descubierto al bajar. Se acomodo al ritmo de sus gemidos y acerco su lengua a aquella verga. Le doy unos suaves toques en el glande, y comenzó a lamerla entera, recorriendo toda su piel, dejándola bien mojada, mientras su mano volvía ya a buscar el contacto con su coñito. Estaba disfrutando de aquello pero ella quería mas, necesitaba mas, jamás había sentido esa excitación y deseaba ver hasta donde llegaba, hasta donde podía disfrutar, hasta donde podía llevarla. Las caderas de el empezaron a marcar el ritmo de una follada lenta y ella paró.

Le pidió un pequeño favor, algo que siempre había deseado hacer y el le dijo que sí, que lo que fuera. Le pidió algo para atarlo y para vendarle los ojos y el saco unas bufandas y un pañuelo de algún sitio, tampoco se fijo demasiado. Lo ato a la cama bien atado aprovechando lo contento que la botella de whisky lo había puesto y después le vendó los ojos. Lo dejo allí y se fue a la cocina, podía escuchar como la llamaba desde allí. Recogió cuanto necesitaba y se encamino de nuevo a la habitación. Cuando entro descubrió su pasión secreta, ella quería ser ama. La visión de aquel hombre atado a la cama, sin poder decidir que va a pasar, ni como, ni cuando, saber que el control es únicamente de ella, aquella sensación la hacía estar en las nubes y su coñito era prueba de ello. Jamás lo tuvo tan mojado, jamás tan sensible que solo andar la producía placer. Ocupo de nuevo su sitio y volvió a aplicarse a su tarea, su lengua volvía a recorrer todo su miembro y el comenzaba de nuevo a gemir. Entonces cambio su lengua por un cubito de hielo, la reacción fue inmediata, un chillido indico que lo había cogido totalmente por sorpresa, pero no se redujo su excitación, con cada nuevo grito acompañando cada caricia del cubito de hielo, ella se ponía más y más cachonda. Notaba como los flujos empezaban a desbordar su coñito, como empezaban a descender por su entrepierna, recorriendo la parte interior de sus muslos. Continuó con su felación después de embadurnarla de mermelada de fresas, todo su rostro estaba rojo por la mermelada, ya que aquello no le entraba en la boca, su frenética mano le estaba masturbando y notaba por le movimiento de sus caderas, por sus gemidos, por la tensión de su cuerpo que no tardaría en correrse, por lo que dispuso su boca para recoger todo cuanto pudiera de él.

Con un grito salvaje su polla comenzó a temblar, a palpitar en su mano y en su boca mientras andanadas de esperma chocaban contra su garganta. Era demasiado, no se creía capaz de recoger tanto esperma, pero solo unas pocas gotas escaparon de sus labios, mientras tenia que reprimirse por su propio orgasmo, que a la vez que el de él llegaba a su sexo, haciéndole cerrar las piernas para mantenerlo allí mas tiempo, para hacerlo mas intenso. Siguió chupando el miembro ahora ya un poco más fláccido, dejándolo totalmente limpio, brillante de su saliva, y con unas marcas de sus dientes en la fina piel. Se incorporo hacia él y le beso en la boca, al notar su sabor a fresas hizo su beso mas profundo y esto lo aprovecho para compartir con él su esencia, en un principio intento apartarse, pero las ligaduras no lo dejaban y las manso de ella le sujetaban con fuerza la cara no dejando de mover su lengua dentro. Cuando de nuevo acaricio su pene un gemido quedo se escapo de su garganta permitiendo que saboreara su propio esperma y a juzgar por como la beso después debió de gustarle pues su hombría de nuevo empezaba a manifestarse.

Ella se recogió de nuevo la falda en la cintura y fue bajando por su pecho en dirección a su sexo, dejando marcado el camino por los líquidos que manaban de su chochito, cuando noto la punta de la polla contra ella no pudo evitar sentir un escalofrió que recorrió su columna, pero estaba demasiado caliente para pensar en algo que no fuera sexo, poseerlo, hacerlo suyo, reducirlo a un guiñapo, acabar con su chulería, demostrarle quien mandaba allí. Con su mano dirigió aquel glande enorme hasta la entrada de su vagina y de un solo empujón recibió dentro de ella aquella estocada. La sensación era increíble, de un lado el dolor por la dilatación extrema que había provocado el tamaño de aquel ariete en ella, por otro lado el placer de notarse llena de hombre, de cómo cada poro de su piel estaba siendo estimulado por la dureza de su sexo, por otro verse allí sentada sobre él, sabiendo que solo dependía de ella que disfrutara, que con la misma facilidad que le regalaba su calidez y su mojado coñito podía quitárselo sin que él pudiera hacer nada por evitarlo, todo ello junto hacia que cada penetración la llevara al punto de correrse. Se acomodo al tamaño y empezó a mover sus caderas muy lentamente, notando como su clítoris rozaba contra su pubis. Vinieron entonces una serie de orgasmos pequeños, seguidos, con cada nuevo movimiento que hicieron que hincara sus uñas en su pecho, notaba como laceraba su piel, como en algunos sitios una pequeña mancha de sangre empezaba a aflorar, oía como chillaba de gusto, como pedía más. Tal y como se encontraba se giro sobre aquel eje que la tenia allí sujeta y dándole la espalda empezó a cabalgarlo cada vez mas rápido, mas fuerte, mas dentro si era posible. Llevo su mano hasta su botoncito y con solo una caricia empezó a disfrutar del orgasmo mas largo, mas intenso, mas profundo que jamás había tenido. Su mente se nublo, su vista desapareció, su oído dejo de funcionar, solo podía sentir como una manada de caballos bajaba en estampida desde su nuca, recorriendo cada rincón de su cuerpo, recorriendo cada músculo, tensándolo, para por fin llegar hasta su sexo, donde una corriente eléctrica la hizo temblar al tiempo que de su boca salía un chillido, un quejido, un sonido que nunca pensó poder articular con semejante volumen. Su cuerpo era presa de convulsiones, sus ojos derramaban lagrimas de placer, su temperatura corporal aumento hasta el punto de enrojecer todo su cuerpo.

Pero cuando disfrutaba de la suave bajada que aquel orgasmo le estaba proporcionando una nueva idea le hizo de nuevo aumentar el ritmo, para no dejar acabar aquel placer, se chupo un dedo y aprovechando la postura de un solo golpe lo introdujo en su ano. Al notar aquella nueva caricia él se tenso, se quejo, la pidió que parara, pero por todo resultado obtuvo una cabalgada mas salvaje y una penetración anal mas rápida, su culo se había ajustado rápidamente al tamaño de su dedo y decidió probar a introducir un segundo dedo, que también entro sin dificultad al tiempo que el empezaba a bramar de gusto, chillaba como un cerdo, estaba a punto de correrse como la bestia que era. Y así lo hizo. Su cuerpo se desmadejaba en una serie de espasmos que se transmitían a su polla y por ella hasta su coñito cabiendo que de nuevo apareciera un nuevo orgasmo que compartió con él. Los dos gritaban como posesos, se sacudían presas del placer, temblaban con el contacto mutuo, sus sexos se intercambiaban sus fluidos al ritmo que se movían.

Él casi inconsciente tenía la cabeza echada para un lado y un hilo de babilla salía de boca, su pecho aun pugnaba por coger el aire necesario para poder respirar. Ella se incorporo apoyándose en sus rodillas ahora laxas y muertas. Se dirigió al cuarto de baño como pudo, sus piernas aun temblaban y el mundo alrededor de ella era confuso. Recompuso su vestimenta, se atuso el pelo y se arreglo el maquillaje. Fue hasta el salón donde cogió su bolso y busco dentro de él. Llego hasta la cocina, cogió un cuchillo y volvió hasta el dormitorio donde aquello que antes había sido un hombre descansaba destrozado de sus atenciones. La mueca socarrona ya no era mas que un vestigio del pasado, su cara desencajada por el placer recibido lo hacia débil, indefenso, indigno de ella. Corto sus ligaduras y dejo sobre la mesa un billete de 20 euros en los que escribió “Ya te llamare”. Recogió todas pertenencias y después de un momento de descanso se dirigió a la puerta. Al tocar el picaporte una voz detrás de ella la llamo:

- “Espera no te vayas”. Le dijo.

- “Lo siento, pero ya he obtenido de ti cuanto deseaba, no hagas esto mas incomodo”. Contesto ella sin girarse.

- “Quiero, perdón, necesito volver a verte”. Dijo mientras ella abría la puerta y empezaba a salir.

- “Lo se, pero yo no”. Apostillo mientras cerraba tras ella.

Comenzó a descender las escaleras mientras notaba como su semen comenzaba a escurrir de su coñito manchando sus muslos. Al salir a la calle todo era diferente, el sol estaba mas radiante, el azul del cielo mas intenso, había mas colores en el mundo y ella era una mujer diferente.

7 comentarios:

Makoto dijo...

Más, más, más, más, más.... Quiero más....

Smeagol73 dijo...

Con paciencia y calma todo llega, pero como todo en esta vida, lo que se hace esperar es mas placentero al llegar.

Anónimo dijo...

Como siempre te gusta dejar con ganas de mas un beso. DOLPHIN

Smeagol73 dijo...

Cierto, pues de esta manera el deseo aumenta, las ganas crecen y el disfrute es mucho mayor.

Maria dijo...

Creo que la segunda parte la leeré mañana, permaneceré impaciente

Smeagol73 dijo...

Comentarios a la segunda parte:

6 comentarios:

Makoto dijo...

Quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte, quiero la tercera parte,... ¡¡¡LA QUIERO!!!
22 de febrero de 2008 17:03
Anónimo dijo...

Vaya despiste si tienes una segunda parte, supongo que nos daras una tercera y asi quitarnos la intriga.un beso .DOLPHIN
24 de febrero de 2008 17:48
Smeagol73 dijo...

Estimada Makoto, la paciencia es la madre de la ciencia y la novia del exito. No te preocupes que hasta los esclavos del anillo tienen derecho a descansar el fin del semana, pero hoy volveremos a la carga con la tercera y ultima parte de este relato que espero termine a la altura de tus expectativas.
25 de febrero de 2008 9:53
Smeagol73 dijo...

Estimado/a Dolphin, como siempre no te equivocas. Espero que entiendas que como casi todo lo bueno, si, soy un presuntuoso, si se hace esperar sabe todavia mejor. Un besazo enrome y hasta pronto espero.
25 de febrero de 2008 9:55
Maria dijo...

Como todo lo que escribes, me vuelve loca. Esperaré impaciente, quizá más tarde lea la tercera parte.
7 de julio de 2008 15:32
Smeagol73 dijo...

Eso espero, pues me da que esta si que te gustar de verdad.

Un besazo.
10 de julio de 2008 9:29

Smeagol73 dijo...

Comentarios de la tercera parte:

11 comentarios:

Makoto dijo...

Supera con creces lo que se dejaba entrever en las dos primeras partes.

Gracias una y mil veces por seguir escribiendo y compartiendo las historias con nosotros.
26 de febrero de 2008 15:14
Smeagol73 dijo...

Muchas gracias por tu aliento y tu comentario. La verdad es que intento que no decaiga el nivel de ls relatos pero no es nada facil.

Mil veces gracias.
26 de febrero de 2008 21:27
Anónimo dijo...

El final de la ultima etapa es grandioso animo esfuerzate un poco mas por seguir animando nuestros ratos de ocio un beso.DOLPHIN
26 de febrero de 2008 22:41
cariguay dijo...

Para que veas que soy buena chica aki cumplo con mi comentario. Una historia super excitante. Solo de pensarlo ella en todo momento dominando. Dime se volveran a ver????
Espero que si y si no es asi espero que nos sorprendas con otra de tus historias como lo haces cada dia que cuelgas una. Besos pirata
27 de febrero de 2008 23:16
Smeagol73 dijo...

Querida Dolphin, muchas gracias de nuevo por tu comentario, no dudes que asi lo hare y espero poder seguir contando con tus comentarios.

Un besazo enorme
29 de febrero de 2008 10:15
Smeagol73 dijo...

Cariguay, no creo que vuelvan a verse, ella necesita hombres a los que dominar, pero sobretodo necesita dominarlos por primera vez. Eso si, no tardara en vbolver a visitarnos con nuevas aventuras, eso seguro.
29 de febrero de 2008 10:21
Anónimo dijo...

Acabo de ver tu video Carlos haciendo el memo, de memo nada estas en tu salsa y como siempre genial casi intimidando a la bailarina que se la nota mareda con tu mobimiento de cintura ,un beso .DOLPHIN
29 de febrero de 2008 19:41
Smeagol73 dijo...

Muchas gracias Dolphin, seguro que no tardare en haceros disfrutar de un nuevo video.
12 de marzo de 2008 20:21
May Keaton dijo...

Tus relatos me desbordan, cada uno es mundo lleno de sensaciones. Éste me va a hacer pernsar, quizá algún día pruebe algo distinto...
8 de julio de 2008 10:58
Smeagol73 dijo...

Me alegro de que te haya gustado. La verdad es que eso es lo que quiero, provocar sensaciones, placeres, provocar las mentes y las almas.

Un besazo.
10 de julio de 2008 9:26
Anónimo dijo...

soy soloh joder que manera de relatar una mamada y el final muy bueno ,la chica se va y le deja ahi con el regalo entre sus piernas ,se agradece una amiga me ha recomendado este blog y no se equivocaba
gracias te lo curras mucho ,tiene trabajo
23 de agosto de 2008 18:48