El pasadizo.

El día había transcurrido divertido y lleno de segundas intenciones. Es lo que tiene currar con una de tus amantes, sobre todo si hablamos de María. Cada palabra, cada frase tenía un trasfondo que nos dejaba imaginar lo que más nos apetecía en ese momento.

Así nuestra excursión había sido de lo más interesante. Nos hacíamos notar cada arbusto, cada piedra, donde podríamos escondernos. Nos proponíamos juegos, nos enseñábamos los dientes, ella marcaba sus uñas a través de la ropa, yo mostraba un pequeño trozo de cuerda, cualquier cosa que nos hiciera evocar algún momento pasado o bien por venir. El camino de vuelta fue aún peor, cambiamos de táctica y pasamos de las insinuaciones a los SMS. Cada vez más fuertes, más claros, más explícitos.

Por fin llegamos a nuestro lugar de trabajo.

La tarde cambió, salimos a tomar unas cervecitas. De las cervecitas pasamos a las tapas y de las tapas a copas y baile. Y pasó lo que tenia que pasar. Mis manos encontraron su cuerpo, mis dientes sus hombros, mi boca su cuello y sobre todo sus uñas mi espalda. Mientras nuestras bocas intercambiaban saliva, pegaba mi cuerpo al suyo haciéndola notar el tamaño de mi deseo. El resultado no se hizo esperar. Acercando su boca a mi oído musitó la frase temida y deseada.

-“Tu perrita está cachonda.”

Era la sentencia definitiva. Mis manos se colaron por debajo de su camiseta y se apoderaron de sus pechos. Mis dedos jugaban con sus erectos pezones, obligándola a cesar en sus besos y a gemir y tomar aire. Fue entonces cuando yo le respondí, de la única manera que conozco.

-“No me lo digas dos veces, por que te llevo al cuarto de baño y te echo un polvo de los que a ti te gustan.”

-“Tu perrita está cachonda.” Fue toda su respuesta.

La cogí de la mano y la llevé hasta el servicio de señoras. Entramos y cerré la puerta, no había pestillo pero poco importaba, la mantendría cerrada con mi pie. Le desabroche los pantalones y baje de un solo tirón éstos y sus bragas hasta las rodillas. Le di la vuelta y la hice apoyarse con las manos en la taza. Me escupí sobre los dedos y pase mi mano por su coñito. No hacia falta mas lubricación, pues la humedad abundante de su sexo aseguraba una buena penetración. Me saqué mi miembro totalmente henchido y de un empujón la penetre desde atrás. Su grito a medio camino entre gemido de placer y quejido de dolor, lanzó mi mano a su nalga donde restañó como un trueno.

A continuación comencé un ritmo frenético de follada mientras mi mano izquierda se enredaba en su pelo. Un pequeño tirón y su espalda se arqueó lo suficiente como para permitir una penetración más profunda y así empecé a gritar con cada nuevo empellón, con cada nuevo bombeo, mientras ella chillaba con la voz rota, que se corría.

Los temblores de su cuerpo indicaban sin lugar a dudas que acababa de ocurrir. Gemía, chillaba, resoplaba, mientras yo seguía follándomela. Aminoré el ritmo aumentando la profundidad de mis pollazos. Intentaba entrar totalmente dentro de ella, partirla en dos.

Alguien empuja la puerta, pero mi pie impide que la pueda abrir. Mi mano derecha vuelve a impactar en su nalga, con un ruido enorme. Oigo voces al otro lado de la puerta, pero entre la música, los gemidos de ella y el ruido de nuestros cuerpos en combate, me es imposible entender que dicen. Estoy a punto de terminar, noto como mis músculos se tensan, como mi corazón se acelera, como mi piel arde.

Tiro del pelo otra vez, pero esta vez aprovecho para darle la vuelta y sentarla en el water. Inclino su cabeza lo justo para que su boca se abra un poco y poder apoyar mi glande en ella. Entiende a la primera mis deseos y la abre totalmente. Con todo mi sexo dentro de su boca y su lengua jugando con él, coloco mis manos en su cabeza y la obligo a seguir el ritmo que me gusta, consiguiendo follarme su boquita. Mi polla entra y sale casi completamente de su boca.

Cuando noto que mi descarga está a punto de llegar la obligo a tragársela entera. Una pequeña arcada es el síntoma de que no puedo entrar más en ella y allí me vació. Glotona devora cuanto le doy, no dejando escapar ni una gota. Cuando suelta mi miembro esta limpio y reluciente de su saliva, sin rastro de cuanto ha pasado. Salgo del cuarto de baño sin decir palabra y dejando a María mientras se arregla la ropa.

Cuando María se reúne conmigo en la pista de baile viene feliz, radiante, contenta, satisfecha. Me besa apasionadamente y al oído me musita.

-“Gracias.”

Terminamos nuestras copas, tenemos ganas de irnos, pero nuestra taxista improvisada está ocupada, así que decidimos hacerlo andando. Nos despedimos de nuestra amiga y nos dirigimos a nuestro alojamiento.

Por el camino paramos en cada esquina, en cada semáforo a besarnos, mientras comentamos lo que ha ocurrido allí dentro. Nuestra calentura aumenta con cada nueva parada, nuestros besos se hacen más profundos, nuestras manos llegan cada vez más lejos, nuestras caricias son cada vez más íntimas.

Llegamos al paso inferior que tenemos que atravesar. La empujo contra la pared y allí nos besamos de nuevo. Subo su camiseta y dejo a la vista sus pechos. Los muerdo, los chupo, los lamo. Mis manos inquietas desbrochan su pantalón y deslizo una mano dentro de sus braguitas. Otra vez está encharcada. Busco el botón de su placer y el respingo de su cuerpo me avisa de cuando lo encuentro. Empieza a mover sus caderas buscando un contacto mayor de mi mano con su sexo. Introduzco dos dedos en su interior y comienzo a moverlos. Sus dientes se clavan en mi hombro. Sus uñas en mi espalda. La llevo hasta la escalera de subida. La subo al primer escalón. La ordeno.

-“Chúpamela.”

Se pone en cuclillas y baja mi bragueta. Saca mi sexo ya morcillón y empieza a besarlo, a recorrerlo con su lengua, a rozarlo con sus dientes. Mi excitación va a más. Puedo escuchar el ruido de los coches pasando por la carretera apenas dos metros por encima de mí. Cuando ha conseguido una erección total la separo, la levanto y la beso. Su boca esta llena de saliva.

-“Desnúdate.”

Obedece sin decir nada.

-“Colócate para que te folle.”

De nuevo obediente, se desnuda, se da la vuelta y se inclina hacia delante cogiéndose los tobillos y aguardando impaciente mi ataque a su chochito. Cogiéndome el pene lo paseo lentamente por todo su sexo. Recojo con la punta de mi glande cuanto flujo es posible y apoyo en la entrada de su sexo la punta del mío. Intenta echarse hacia atrás para penetrarse, para no tener que esperar más a llenarse de mí, pero mis manos en su cintura lo evitan.

Muy despacio voy entrando dentro de ella. Cuando tengo la mitad de mi miembro enterrado en su coñito la atraigo hacia mí, penetrándola de un solo golpe, violento, profundo, totalitario. La lleno de carne tibia, dura y palpitante. Gime, grita, chilla, pide más. Empiezo a moverme cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Mis dedos se clavan su cintura. Me la estoy follando en mitad e la calle, María chillando de placer en unas escaleras públicas, desnuda, ofrecida, entregada, conquistada.

Su orgasmo nos pilla por sorpresa. Sus rodillas fallan, tiene que apoyarse en el suelo y mis manos la ayudan a mantener el equilibrio. No para de chillar, de decir que se corre, de decirme que no pare.

Y eso hago.

Sigo follándomela así hasta que un segundo orgasmo la derrota.

Ya no chilla, solo gime, entre suspiros e intentar mantener la respiración, se rinde, se entrega, deja de luchar. Su cuerpo tiembla con cada nueva embestida, noto su humedad mojando mi ropa interior. El chapoteo de nuestros sexos es cada vez más fuerte. Mi éxtasis se acerca. Un tren recorre mi espalda, amplifica mi sentido del tacto, la sensibilidad de mi cuerpo. Mis manos se aferran a su cintura, se queja.

Salgo de ella y me dejo ir sobre ella, sobre sus nalgas. Gotas de esperma perlan su piel sudorosa, mis últimos estertores dejan salir las últimas gotas de mi esencia. Estoy derramado sobre sus posaderas. Puedo ver claramente como algunas gotas empiezan a enfilar ya hacia sus muslos.

La ayudo a incorporarse, la beso dulcemente, la abrazo, no nos hace falta hablar, nuestros cuerpos lo hacen por nosotros.

-“No te limpies. Vístete tal y como estas. Quiero que te sientas manchada de mi.”

Obedece.

4 comentarios:

cariguay dijo...

Sin duda un dia entretenido y una noche calentita, si es que es cierto para practicar sexo cualquier sitio es bueno.

Muy buena la historia smeagol, cada vez nos sorprendes mas espero que sigas asi y mas ahora que has cojido carrerilla jejeje sigue asi.

Besines y gracias x ser como eres

Anónimo dijo...

Como te lo montas ESMEAGOL eres un tipo genial animo y sigue escribiendo un beso.DOLPHIN

Smeagol73 dijo...

Me alegro de que te haya gustado la historia amiga Cariguay. No es cuestion de coger carrerilla, pero el proceso creativo por desgracia no todos los dias me acompaña.

De todas formas no podre agradecerte el animo y el apoyo a este blog que prestas.

Besines

Smeagol73 dijo...

Dolphin, por desgracia para mi no me lo monto ni la mitad de bien de lo que podria si no estuvieras tan lejos.

Un abrazo y gracias.