Aquella mañana salió de su casa camino del trabajo a la hora de siempre, era muy pronto pero el cielo empezaba a clarear. Dejó atrás su barrio, la calle por la que caminaba no era muy solitaria, pero era una zona de oficinas y tan temprano durante el verano no estaba muy concurrida. Oyó el motor de un vehículo a sus espaldas, acercándose, pero no era infrecuente que allí hubiese repartidores buscando una u otra empresa. Se volvió y vio una furgoneta blanca, casi encima de ella, no le dio tiempo a ver al conductor, pues en ese momento paraba, dejando la puerta corredera frente a ella. Ésta se abrió y del interior de aquella furgoneta salieron dos hombres, grandes, encapuchados. Uno de ellos sujetó sus brazos por detrás y la esposó, mientras el otro cubría su cabeza con un saco negro. El que le había puesto las esposas la cogió en vilo y se la echó sobre el hombro mientras el otro aseguraba la tela que la impedía ver, atándosela bien al cuello. En un momento era bruscamente arrojada al suelo de la furgoneta, oyó como sus captores subían tras ella y cerraban la puerta, el vehículo empezó a moverse incluso antes de que acabara de cerrarse.
Rodaron rápidamente por las calles del centro, casi vacías aquella mañana de agosto. Ella no pudo ni intentar gritar, pues en el mismo momento en que la puerta se cerraba uno de aquellos hombres se le acercó, “Si haces el menor ruido te rajo las tetitas”, le dijo con voz profunda. Ella se estremeció ante el contacto de una fría hoja de acero en su escote, él paseó la punta de el cuchillo sobre sus pezones, por encima de la ropa.
La furgoneta continuaba su camino, alejándose de las zonas más céntricas, atravesando los suburbios, el otro hombre ató fuertemente sus tobillos haciéndola gemir, mientras el primero rajaba su ropa. La camiseta se rompió limpiamente, su instinto de supervivencia se había activado haciendo que ella fuera consciente de que esa facilidad al cortar su ropa significaba que aquella hoja estaba mortalmente afilada, comprendió enseguida que no debía resistirse. Su sujetador también se rajó con una leve presión de aquella herramienta, el otro hombre tiró bruscamente del cierre de su corta falda rompiendo el botón y reventando la cremallera, siguió tirando hasta que rompió la falda hasta el dobladillo.
Con dos tirones más quedó liberada de sus braguitas, ahora estaba completamente desnuda, sólo le quedaban jirones de lo que había sido un exclusivo sujetador, retenidos cerca de sus manos por aquellas esposas que se clavaban en sus delicadas muñecas que seguro que deberían estar ya laceradas. También conservaba sus caras sandalias, atadas con finas cintas a sus pantorrillas pero uno de sus finos y largos tacones había quedado tirado en aquella acera.
Durante unos segundos sus dos atacantes permanecieron quietos, momentaneamente paralizados ante la visión de aquél cuerpo moreno y trabajado en el gimnasio, completamente depilado, expuesto e indefenso, ella se concentró en el ruido del exterior y comprendió que se alejaban de las zonas pobladas, se dirigían a las montañas. Pero aquella tregua no duró mucho, unos fuertes brazos la dieron la vuelta y la forzaron a ponerse de rodillas. Uno de ellos se colocó detrás de ella, con sus manos en las rodillas de ella, le obligó a separarlas, haciendo que las ataduras de sus tobillos se le clavaran en la carne. Introdujo dos dedos dentro de ella, a la fuerza, no estaba preparada aún pero supo que eso no iba a detenerle así que procuró relajarse, sabiendo lo que iba a venir ahora.
Él estaba muy excitado y no le importó su grito ni la falta de lubricación, la penetró salvajemente, clavando sus grandes dedos en sus caderas, embistiendo frenéticamente. Ella tenía su cabeza golpeando contra el suelo, hasta que el otro la levantó, cogiéndola de la tela que la cubría, lastimándola en el cuello donde estaba atada. Oyó de nuevo aquella voz, “te dije que ningún ruido, tengo con qué taparte la boca, y no hagas ninguna tontería”, recalcó aquella advertencia con un fino corte debajo de su clavícula izquierda, que ella primero sintió de hielo, y después empezó a arder mientras de él manaba un pequeño reguero tibio que manchaba su inmaculada piel.
Las ininterrumpidas embestidas que sufría su coño por parte de aquel hombre, con aquel enorme falo en un principio la lastimaron, y debido a la brusquedad del momento probablemente habría sufrido algún desgarro por lo que parte del fluido caliente que manaba de ella sería sangre, pero en pocos segundos aquel ritmo y tamaño hicieron que el goce acompañase al dolor, húmeda de placer mientras era violada.
Mientras esto pasaba el otro sostuvo su cabeza en vilo, cogiendo el saco con una mano, palpó su cara, “abre la boca”, ella lo hizo, el volvió a palpar e introdujo la punta de la navaja en la tela, haciendo un pequeño roto que agrandó un poco con sus dedos. Ella notó sus dedos a través de la tela en su boca abierta, luego notó el corte de la tela por el pequeño soplo de aire fresco que llegó al fondo de su boca. Los dedos que agrandaron el agujero se introdujeron en su boca, ella notó en ellos un lejano sabor a metal y pensó si aún tendría la navaja entre sus manos, si se la clavaría.
Ella no podía ver nada, jadeaba de placer por aquella penetración, pero su boca, que no se había atrevido a cerrar, se encontró con aquello que entraba por el agujero del saco. El otro hombre introdujo su polla, que en un principio cupo perfectamente en su boca, ella cerró los labios en torno a aquella dormida verga cuyo dueño sujetó su cabeza, empezando a moverla arriba y abajo.
Le pareció que el que estaba detrás de ella terminaba, pues sintió varias embestidas más fuertes y él pareció detenerse, parecía que la agarraba con menos fuerza. Ella creyó que tendría un respiro, empezaba a necesitarlo porque el que se había metido en su boca ahora era muy grande, cuando él presionaba su cabeza contra su pubis ella no podía respirar, y parecía que no había terminado de crecer. Pero detrás no habían terminado con ella, aquel falo no disminuyó y salió bruscamente de donde estaba para subir un poco y detenerse en su ano, detención minúscula, pues seguidamente aquel enorme falo empezó a introducirse, dolorosamente, por aquel nuevo camino.
Con la boca llena de otro hombre, aguantando milagrosamente las arcadas, fue incapaz de gritar mientras aquel hombre poseía su culo así. Entró fuerte y dolorosamente, sin cambiar aquel estilo de embestidas salvajes, frenéticas. En aquella penetración sí que notó cómo se desgarraba por dentro, como fluía la sangre, facilitando aquella vejación. Cuatro manos la sujetaban, moviéndola al ritmo que a ellos convenía, pensó que romperían su espalda.
Su coñito estaba sucio de sangre y fluido vaginal, recuerdos de un primer dolor que comparado con el actual parecía fútil y de aquel inesperado placer que recorrió su cuerpo ante la potencia de aquel primer y solitario ataque. Su ano, increíblemente dilatado debido a la feroz acometida de aquella gran verga, destilaba también sangre y otros fluidos. Su boca no era lo bastante profunda para acoger entero aquel miembro, pero su dueño empujaba contra el fondo de su garganta haciendo que ella no pudiese apenas respirar, la única razón por la que consiguió controlar las arcadas fue su miedo, miedo a aquel cuchillo, miedo a morir.
El que estaba detrás de ella terminó, llenándola con sus fluidos, mientras éste se retiraba el otro eyaculó en el fondo de su boca haciendo que se atragantase, con lo que su semen llegó, además de a su estomago, a entrar hacia sus pulmones. La dejaron caer en el suelo, desmadejada, medio inconsciente notó que rodaban por una pista de tierra, cuesta arriba, con numerosas curvas, se preguntaba cuánto tiempo llevaría encerrada en esa furgoneta, cuánto en carretera de montaña, había sido incapaz de percibir nada del exterior durante toda la agresión, y se preguntó si sería capaz de mantenerse consciente.
En aquel momento la furgoneta frenó, la puerta corredera se abrió y de una patada la empujaron fuera, quedo tirada en la tierra y, lentamente, perdió la consciencia.
Cuando despertó estaba tumbada sobre un suelo de madera, al intentar moverse se dio cuenta de que estaba desatada, de que podía mover las extremidades, pero el dolor era tal que no se sentía capaz. Intentó abrir los ojos, lo consiguió pues ya no estaba con la cabeza tapada, pero le dolía todo. Miró a su alrededor, estaba en una pequeña habitación rectangular, toda de madera, las paredes más pequeñas albergaban unas literas empotradas, una a cada lado, cuatro camas en total. Sólo había una ventana en una de las paredes más largas, pero el cristal estaba cubierto por un papel encerado que dejaba pasar la luz pero a través del cual no se veía el exterior, había junto a esta ventana una recia puerta también de madera que supuso que daba al exterior. La otra pared tenía dos puertas que debían dar paso a cuartos interiores, se trataban de una cocina y un baño, pero ella no lo sabía. Igual que no tenía manera de saber que aquella cabaña se encontraba en medio del bosque, alejada de cualquier lugar habitado, podía gritar y chillar, que nadie la oiría. Estaba tirada en el medio de la habitación, las paredes más largas medirían unos cuatro metros, las otras poco más de lo que ocupaban las literas.
Oyó cómo se abría la puerta, y una voz que decía “¿ya has despertado?” Ella gimió, no podía hacer más, intentó moverse, alejarse arrastrándose, de aquella voz desconocida, pero no le quedaban fuerzas. Notó como la agarraban de las piernas, y la arrastraban, la madera del suelo lastimó su piel y algunas astillas se clavaron en ella, intentó mantenerse en una posición fetal, pero aquellas fuertes manos le obligaron a girarse, a ponerse boca arriba, a separar las rodillas, por debajo de las cuales le sujetaba. Aquel hombre estaba agachado, se arrodilló entre sus piernas, la soltó sólo para poner sus manos sobre sus pechos, apretándolos con fuerza, estrujándolos con aquellas enormes manos, pellizcando sus pezones con el pulgar contra el índice, tan fuerte que ella temió que se los arrancaría. Gritó, lo que fue la señal que él esperaba par forzarla, para penetrarla con su miembro, que asomaba por sus pantalones desabrochados, “Grita, zorra”, le dijo, “que nadie va a oirte”. Él se movía encima de ella, con todo su peso sobre sus pechos y caderas, penetrandola, con más dolor que antes, si cabe, probablemente por las heridas que debia de tener dentro de sí, sujetó su cabeza con una mejilla contra el suelo y le mordió la oreja, haciendola sangrar. Por lo menos fue rapido, él acabó enseguida y se retiró. Ella, al sentirse liberada, volvió a encogerse en posición fetal, durante aquel corto acto debía haber entrado más gente, porque oyó varias voces.
“Escucha con atención, guapa,” le dijo una voz que ella reconoció, era el que le había hablado en la furgoneta”, estamos lejos de todo, no tienes dónde ir, y por mucho que te hagamos no tenemos intención de matarte, te necesitamos viva, pero eso puede cambiar, así que si valoras tu vida trataras de portarte bien, no me importa que te resistas, pero nada de mordiscos o arañazos, o te mantendremos atada y amordazada y no te daremos nada de comer, ¿has entendido?”. “Sí” consiguió decir ella entre sollozos, no entendía por qué le estaba pasando aquello. “Bién,” dijo él, “ahora levántate”. Ella lo intentó, pero se quedó de rodillas, el pelo sobre la cara, no veía nada, las piernas no le sostenían, puso el pie dercho en el suelo, apoyandosé también en las manos, pero cuando lo intentó no pudo levantarse. Le agarraron del pelo por detrás, haciendo que levantara la cabeza, pero no llegó a ver a sus captores, pues rapidamente le pusieron una venda sobre los ojos.
“¡He dicho que te levantes!” Gritó ahora aquel hombre, dos de ellos la sujetaron, uno por cada brazo y la levantaron casi en vilo, pero volvió a derrumbarse sobre sus rodillas, lastimándoselas en cuanto la soltaron. Sus sienes latían tan fuerte que apenas escuchaba lo que aquellos hombres decían, pero notó que hablaban entre ellos. Ella seguía con las manos y las rodillas sobre aquel suelo, la volvieron a agarrar por los brazos, pero en vez de levantarla juntaron sus muñecas al frente y se las ataron, fuertemente con una cuerda.
Ella no podía verlo pero echaron la cuerda por encima de una de las vigas del techo, que estaban a la vista, algo separadas de las tablas que formaban el interior de la cubierta, y tirando del otro extremo de la cuerda levantaron sus brazos. Siguieron tirando hasta que quedó incorporada, no exactamente de pie pues sus piernas no hubieran podido mantener todo su peso, sino colgada de las muñecas, los ojos vendados, intentando no quejarse pues pensó que no debía enfadarles, estaba completamente a su merced.
En aquella posición, expuesto todo su cuerpo, notó como un cuerpo se ponía delante de ella, sus doloridos pezones rozaron tela áspera y el dolor fue tal que pegó un respingo. No pudo alejarse de aquel hombre, pues sus pies apenas rozaban el suelo, además él agarró sus muslos acercandolos hacia si. Ella notó su gran miembro fuera del pantalon, apretando contra su vientre, “no, más no”, quiso decir pero la penetración vaginal fue tan inmediata como dolorosa y de su boca no salió más que un grito inarticulado. Él era más alto que ella, por lo que estaba levantada en vilo, lo que aflojaba un poco la presión en sus muñecas, de manera refleja sus piernas abrazaron el cuerpo de él, en un intento de conseguir una posición menos forzada y menos dolorosa. “¿Te gusta, guarra?” Preguntó junto a su oido otro de ellos mientras le agarraba del pelo, echando de nuevo su cabeza hacia atrás, “Pues ahora verás”, dijo acercándose a su espalda, pegándose a ella, que sufría los empujones de el que estaba penetrandola por delante. Notó algo junto a su culo, buscando el agujero de su ano, intentó relajarse un poco para mitigar el dolor que sabía iba a llegar pero no pudo y en seguida se sintió desgarrada mientras el que estaba a sus espaldas la penetraba. Chilló más fuerte, lo que hizo que un tercer hombre, probablemente el que la acababa de poseer sobre el suelo se ríera.
Sus violadores acoplaron los ritmos y ella pensó que aquella doble penetración la partiría en dos, no podía dejar de chillar, lo que probocaba nuevas risotadas de aquel hombre. Los que estaban dentro de ella no reían, sino que jadeban y suspiraban, uno, no sabía cual, le mordió un hombro, tan fuerte que ella pensó que le arrancaría un trozo de carne. El que estaba dentro de su vagina aceleró su ritmo, anunciando así que estaba a punto de terminar, y tras unas últimas sacudidas se retiró. Al faltar ese cuerpo delante de ella sus piernas sin fuerzas no pudieron mantener aquella postura, cayendo vericalmente hacia el suelo, con lo que la penetración anal se hizo más dolorosa. El hombre a sus espaldas sujetó además su muslos uno junto al otro, causando nuevos desgarrones en su inerior.
Ella lloraba, no tenía fuerzas para gritar. El que se había reido se colocó delante de ella, lo notaba cerca al echarse hacia delante cuando su actual violador empujaba, seguía riendose, pero más bajo. Agarró de nuevo sus pechos, estrujandolos con las manos, retorciendo sus pezones fuertemente. Debió agacharse pues su mano soltó su pezón izquierdo, que enseguida fue mordido, salvajemente, ella volvió a gritar, el dolor era insoportable. La violación anal seguía, la polla de aquel hombre desgarraba sus entrañas, que sangraban, su coño debía estar sangrando también, o quizá era semen lo que resbalaba entre sus piernas. También manaba sangre del mordisco de su cuello, así como de multitud de pequeñas heridas que tenía por todo el cuerpo debidas a los roces contra el suelo de basta madera durante la anterior violación, y el dolor de sus pechos empezaba a ser insoportable, un pezón completamente retorcido, aprisionado entre los dedos de aquel hombre, el otro todavía estaba siendo mordido, pronto sangraría también.
El que estaba penetrándola acabó, dejó su esencia dentro de ella y se retiró mientras disminuía su tamaño, su mente empezó a nublarse, estaba a punto de perder el sentido de nuevo, pero nuevas oleadas de dolor que llegaban desde su pecho cada vez que su agresor retorcía o mordía sus pezones la volvían a la realidad. De pronto todo terminó, aquel hombre se apartó de ella. También desataron el extremo de la cuerda que no estaba en sus muñecas, lo que provocó su caida sobre el suelo.
De nuevo se desmayó.
Aquella mañana salió de su casa camino del trabajo a la hora de siempre, era muy pronto pero el cielo empezaba a clarear. Reprimía exclamaciones de dolor con cada movimiento, pero seguía adelante imperturbable, una mujer que ha triunfado en un mundo de hombres, que ha llegado a ser socia principal del mejor bufet de abogados antes de cumplir los treita y cinco. Dejó atrás su barrio, la calle por la que caminaba, más lentamente que de costumbre, no era muy solitaria, pero era una zona de oficinas y tan temprano durante el verano no estaba muy concurrida.
Siempre era la primera en llegar al trabajo, desde el día en que empezó como becaria, antes de acabar la carrera de derecho. Ya en su despacho, unas lágrimas rodaron por sus mejillas al sentarse, tanto su coño como su ano estaban dulcemente doloridos, pues durante el día anterior, que se había tomado libre, había practicado sexo salvaje, la clase de sexo que siempre había soñado.
Como triunfadora que era se había permitido el lujo de pagar por ello, para que fuera exáctamente como ella desaba, a lo largo de las jornada vendría alguien a por el dinero, que ya estaba en un cajón de su mesa. Efectivo, un sobre sin marcas como se la había dicho.
A las ocho llegó su secretaria, escotada y exuberante como siempre, una brisa fresca. La había contratado después de acostarse con ella, ofreciendole un plus a cambio de mostrarse en el trabaja tal y como era, una lesbiana convencida. Le pidió que aunque en privado siguieran disfrutando del sexo, en el trabajo fuese abiertamente provocativa con ella, sin perder las formas. Ella, como jefa, se mantendría fría y distante, incluso un poco cohibida ante aquel comportamiento, para mantener la imagen que quería dar en el trabajo de homosexualidad ligeramente reprimida, que hizo que sus compañeros varones nunca se sintieran amenazados por ella, pues siempre creyeron que era lesbiana. Aquello le ayudó a ascender rapidamente, además de conseguir casi siempre buenos acuerdos para sus litigios, pues el mejor juicio es el que no llega a realizarse, por acuerdo de las partes, y ella siempre supo conciliar.
Durante las vacaciones de empresa a veces tendieron a dejarla aparte, al ser mujer, pero ella siempre aprovechó esos momentos para seducir a las mujeres de sus jefes, logrando de ellas orgasmos que aquellos estirados abogados trajeados nunca lograrian. Con aquello consigió que esas mujeres siempre hablaran bien de ella a sus maridos, que nunca dudaban en ascenderla por delante de otros hombres. Pues todos los que trabajaron alguna vez con ella en el siempre desearon follarsela, fruta prohibida.
Laura se acercó a su mesa y le acarició el pelo, mientras acercaba suavemente su desnudo vientre al ardiente rostro de su jefa. “¿Estubo bien el día libre?”, preguntó dulcemente. María le agarró por la cintura, tumbándola y tumbándose ella también sobre el frío suelo, no creía poder contarle aquella aventura, aquella fantasía secreta que había hecho realidad en aquella apartada cabaña en la montaña. Si no se había quedado al otro lado de la gran mesa de su despacho, acercándose a ella, era porque la puerta de acceso aún estaba cerrada con llave, así que decidió evitar así la respuesta. Le subió el top y empezó a morder un pezón, suavemente, mientras su mano se introducía por la cinturilla del pantalón, béndita libertad de vestimenta.
Una de las clausulas secretas de su contrato era responsabilizarse de mantenerse convenientemente apartada en público, y aunque se había acercado sabiendo que aun no había nadie en el trabajo, si alguién entraba en aquél momento por la puerta principal ella no oiría la cerradura, por lo que salió huyendo. Desde el lado seguro de la mesa niró como su jefa se levantaba, la conocia lo bastante como para intuir el dolor en los movimientos de su amante, siempre estoica en el trabajo, aunque viciosa y complaciente cuando dormían juntas.
Para María la mañanaa transcurrió rapidamente, su secretaria se encargó casi todo, llevandola del desayuno con los socios a la reunión de equipo y al almuerzo aleccionandola suvemente en el oido de todo, con lo que siempre estuvo a la altura, probablemente nadie notó nada.
Durante las tardes ellas eran de las pocas personas que seguían trabajando, y se quedó dormida sentada en su sillón. Cuando se despertó vió que eran las seis, ella se marcharía a casa sobre las siete, y así se lo dijo a su secretaria, mandándole que se fuera ella ya a la suya. Sabía que ella obedecería sin rechistar.
Preparó su agenda para el día siguiente, después de tantos años exigiéndo de sí misma más de lo que exigía de los demás, era el primer día que terminaba realmente cansada, que suspiró al mirar el reloj y ver que todavía quedaba media hora para irse.
Llamaron a la puerta de su despacho, “adelante”, dijo, abrió la puerta y entró un hombre alto, grande, ella se entemeció. Se acercó a la mesa y dijo, con una voz que le hizo recordar oscuros dolores y placeres, que hizo que su coñito su humedeciera y su corazón comenzara a bombear más rápido, ”Vengo a buscar el pago convenido por los servicios prestados” ella dejó un abultado sobre marrón sobre la mesa que él recogió, dándose media vuelta y marchándose del despacho, mientras la mente de ella estaba en una furgoneta que la recogió en plena calle, y en una cabaña de madera con literas. Sus muñecas aun sienten las cuerdas, sus pezones los pellizcos, su cuerpo está lleno de heridas, su espalda todavía debe de tener alguna astilla. Sus muslos son un puro hematoma, su coñito de nuevo está ansioso, su ano aun clama de dolor por la no lejana violación.
Pues había realizado su fantasía de ser secuestrada.
En aquel momento decidió que por primera vez en su vida se marcharía de la oficina antes de las siete.
10 comentarios:
soloh:no me imaginaba el desenlace pensé que de verdad la violaban por la forma de describir el dolor , de la segunda parte ,lo de que estuviera dolorida por el dia anterior me mata jejej,el sobre del final le da el aspecto frio a la narración lujuria pura.
Estupendo final para esta nacion tan intrigante, nos has tenido en vilo hasta el final animo para la siguiente historia .
genial!!! muy bueno, y muy excitante! animo con tus fantasias y con tus relatos
un beso, jose
La historia necesitaba un giro inesperado.
¿Pura lujuria? Bien, me gusta.
Comentarios a la primera parte:
Anónimo dijo...
Estoy impaciente por saber como termina tu intrigante historia querida May ,no tardes en desvalar el misterio , un beso. DOLHPIN
22 de julio de 2008 2:53
Smeagol73 dijo...
May, impresionante, fuerte, desgarrador, excitante y salvaje. Deseo ver la segunda parte para poder disfrutar de la continuacion de este relato que a buen seguro no deja indeferente a tus lectores.
Un besazo y gracias por compartirlo con nosotros.
22 de julio de 2008 11:50
May Keaton dijo...
La segunda parte ya está en el horno, pronto saldrá.
3 de agosto de 2008 21:14
solohh dijo...
en esta historia se juntan el miedo con la excitacion ,lo que mas me ha gustado ha sido lo del cuchillo abriendo un agujero para que se la mamase ,,y el cuchillo rompiendo el sujetador que forma mas salvaje de desnudar .
23 de agosto de 2008 11:41
Comentarios a la segunda parte:
alvarito1983 dijo...
increible el relato...es muy weno..me encanta...solo de leerlo se me va poniendo durisima..increible...
23 de agosto de 2008 23:20
May Keaton dijo...
Me gusta que te guste, Álvaro. Sigue leyendonos, te gustará.
24 de agosto de 2008 1:01
Anónimo dijo...
soloh :lo que me gusta mas es cuando se hace daño con la madera cuando la arrastran por el suelo, ylo de colgarla en una viga y tirar de ella atada a merced de sus captores,como que caiga encima cuando la sodomizan
24 de agosto de 2008 15:35
Un desenlace ideal, para un muy buena historia. Espero que no sea la ultima. Ya estoy impaciente por tu proxima aportacion.
Un abrazo.
Sorprendente final, nadie se lo esperaba, es genial!morboso, excitante e inesperado. Me encanta.
Me has dejado sin palabras, no sé describirlo, en todo caso, me parece magistral la forma que tienes de plasmarlo todo.
Un beso
Muchas gracias, Irina, me alegro de que te guste mi relato.
Besos.
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