La jornada había sido larga y agotadora. Demasiadas horas trabajando, demasiado tiempo de pie, demasiado tiempo pensando en como hacer que las horas pasaran más rápido. La doble jornada laboral irremediablemente había llegado a su fin. Camino de casa pensé por un momento en algo parecido a una cena, pero descarté la idea, no me apetecía más que cama, aunque sólo me apetecía dormir. Con la tranquilidad propia del que se sabe cansado me desnudé y me tumbé sobre la cama. El sueño no tardó en vencer a mis ojos y antes de lo pensado me deje llevar por los cantos de Morfeo.
Algo agita mi calma, en mitad de la somnolencia puedo apreciar primero un ruido, algo parecido a una puerta que se cierra. Luego unos pasos ligeros y suaves. Ropa que cae al suelo.
Siento algo cálido que se sitúa junto a mí. Puedo notar como la temperatura de mi piel va aumentando en un intento de adecuar la calidez de mi dermis. Una cálida sensación acaricia mi pecho, recorriendo mi vientre, dibujando formas caprichosas en mi pubis y por fin se apodera de mi sexo, iniciando una suave masturbación. Acierto a abrir los ojos y allí está ella, frente a mí. Sus ojos me hablan de travesuras, su expresión de inocencia, la maravillosa contradicción de su rostro, de su ser, una de las razones de cuanto siento. Mi mundo se apacigua, mi sexo se despierta por sus sabias caricas y mi mente empieza a trabajar en cómo proporcionarle el placer que tanto deseo regalarle. Se acerca a mi oído y me susurra que esta vez es solo para mí, que está allí solo para hacerme gozar, para verme disfrutar, para regalarme lo que hace tanto que espero. Este es su don, conocerme mejor que yo mismo y este es su mejor regalo.
Me besa con pasión pero con tranquilidad, su cuerpo se funde con el mío, noto cada una de sus curvas, cada recodo de su ser, cada poro de su piel. Su pecho, divino, reposa sobre el mío. Sus pezones inhiestos marcan la piel de mi torso. Sus piernas aprisionan mi sexo y le indican el camino hacia su sexo maravilloso. La calidez de este abrazo hace que mi hombría se termine de despertar y siento como su excitación recorre la piel de mi sexo. Se incorpora un poco y sabiamente sus caderas colocan mi glande en la entrada de su coñito, húmedo y receptivo.
Se deja caer un poco y comienzo a entrar en ella, no puedo hacer nada por evitarlo, por hacerlo de otra manera, yo sólo soy un invitado a esta fiesta, ella se encarga de todo. Voy enterrandome en ella al tiempo que el placer de esa caricia íntima hace que mis sensaciones aumenten, las amplifica, ella sabe muy bien como hacerlo, como tenerme sometido, anhelante y deseoso de sentirla.
La lubricada suavidad de su interior envuelve mi ariete, apenas puedo contener un gemido al notar como nuestros pubis chocan. Intento hablar pero un dedo en mis labios me ordena que no lo haga, no necesita decirlo dos veces, solo quiero complacerla. Comienza un ligero contoneo de sus caderas que amplifica la impresión de profundidad de nuestro acoplamiento. Mi ser deja de pertenecerme, nunca ha sido mío, pero esa falsa impresión desaparece cuando se acuesta sobre mi pecho y me besa, sus piernas se cierran y aprovechan esa posición para seguir contoneándose sobre mi vientre, trasmitiendo a mi mente, al centro del placer de mi ser, un roce que invoca mis mas bajos instintos. La beso, la abrazo, mis brazos intentan desesperadamente asimilarla a mi propio cuerpo. Las oleadas de placer que su movimiento transmite se intensifican, respiro trabajosamente, gimo casi en silencio, me muerdo los labios, mis manos se crispan sobre su espalda, mi pelvis se lanza en un vaivén acompasado con sus movimientos buscando mas profundidad en nuestro escarceo.
Mi cuerpo se tensa, mi espalda se arquea ligeramente y así consigo entrar un poco más en ella. Ella acelera su cintura. Mi sexo se hincha. Sus gemidos caen directamente a mi garganta al ritmo que nuestras lenguas se entrelazan en otro abrazo que hace que estemos aun más unidos.
Se incorpora sin dejarme salir de ella, me cabalga sin pausa, sin piedad, sabe a donde me lleva este tratamiento y no frena lo mas mínimo. Puedo ver su cabeza mirando al cielo, por sus gemidos me imagino su labio inferior palido por la fuerza que aplica en mordérselo, sus ojos cerrados para aumentar el placer que las sacudidas que su sexo derraman directamente en su cerebro. Sus uñas se clavan en mi pecho. Dolor, placer, dolor, placer, las sensaciones que me provoca son extrañas. No consigo decidirme, no quiero dejar de sentirlo todo.
Las convulsiones de mi cintura son el signo inequívoco de cuanto está por acontecer. No puedo mas, mi resistencia está al limite, mi aguante esta sobrepasado, estoy derrotado y vencido esperando el golpe de gracia de mi conquistadora.
Gimo, grito.
“Dámelo”. Es todo cuanto dice. Es todo cuanto puedo hacer. Me despeño por un precipicio, caigo sin remisión por un tobogán que acelera mi corazón, que emponzoña mi mente. Mi cuerpo me abandona y todo lo que queda es la sensación de vaciarme dentro de ella. Siento como me bombeo a su interior, llenándola de mí, de la esencia de lo que soy, de lo que quiero, de lo que siempre seré. Mi cuerpo tiembla, mi pelvis ayuda con sus contracciones a depositarme en lo más profundo de su ser. Noto por sus movimientos que el momento es mutuo. Aprecio como su vagina se contrae espasmódicamente sobre mi sexo, siento como su cuerpo degusta el placer, obligándola a ensartarse un poco mas, a sentirse mas llena de mí. Tiembla al mismo ritmo que yo, su cuerpo se tensa sobre el mío, sus piernas se aferran a mi cintura, su p0echo parece un potro desbocado, pero esta en silencio, interioriza cada uno de sus gemidos que apenas se escuchan como un eco lejano. Veo una lagrima que desciende por su mejilla sonrojada. Observo como dibuja su camino por su mejilla hasta llegar al mentón y cae sobre mi pecho.
Me despierto.
Estoy solo. Mi frente perlada de sudor. Mi pecho agitado intentando conseguir el aire que mi cuerpo solicita. Mi sexo aun henchido esta aprisionado por mano y mi vientre manchado de mi esperma.
10 comentarios:
Impresionante, excitante un sueño fantástico en el que no me importaria ser tu amazona para cabalgarte de esa manera.
Sigue asi y gracias por estos relatos. Diez, cien y mil. Siempre
Vaya excitente fantasía.
Sigue soñando.
Precioso.
HOLA CIELO.Como ya hablamos por fin entro y comento te he leido y tenias razon ,tus narraciones son muy buenas hacen subir la temperatura al mas helado/a te animo desde aqui a que continues, lo haces muy bien no se si entrare mas veces a comnetar pero fijo te seguire leyendo, un besazo enorme y haber cuando nos vemos .KOALA
Muchisimas gracias amiga Cariguay por tu apoyo y tu ofrecimiento, lo apuntare en posible y pendiente.
Un besazo enorme.
Estimada May, sin duda seguire soñando. De esta manera mi imaginacion seguira trabajando en nuevas historias. Por cierto y hablando de historias, esperamos con impaciencia la segunda parte de tu relato.
Un besazo enorme.
Querida Koala, te agradezco enormemente que hayas decidido por fin a leer y comentar este nuestro blog, espero disfrutar de tus comentarios y quien sabe a lo mejor de alguna aportacion.
Un beso
De lo mejor que te he leído hasta ahora.
Enhorabuena.
Muchisimas gracias Makoto.
Tengo que felicitarte por este relato porque ha sido fascinante.Darte la enhorabuena por como has descrito y desarrollado la historia.Tambien decirte que me alegro de haber entado en este blog, porque por micho que yo me imaginase sobre lo que me habian dicho de ti y tu mismo, no tiene nada que ver con la sorpresa que me he llevado. Apartir de hoy cuenta con otra fiel admiradora de tus relatos. Un abrazo enorme.
Muchisimas gracias princesa, por unirte a esta pequeña comunidad. Espero no tardar en leer lago de ti aqui mismo, donde ya sabes que tienes tu lugar de expresion.
Un besazo.
Publicar un comentario en la entrada