Desde hace mucho

Llegamos a la habitación del hotel, la premura de tiempo nos hace correr por la misma buscando la ropa que nos pondremos para esta cena tan "especial". Mi diosa empieza a desnudarse lentamente, primero el jersey, luego la camiseta y más tarde el sujetador, por lo que ante mis ojos aparece su pecho, enhiesto, desafiante, con los pezones marcados y moviéndose al ritmo de su respiración.

Se sienta sobre la cama y empieza a despojarse de los pantalones y de las braguitas, todo en un solo movimiento. Como veo que puede ser complicado acudo en su ayuda y allí aparece su sexo, limpio, depilado, apenas ofrecido por la posición de sus piernas y vuelve a mi cabeza el recuerdo de los placeres disfrutados hace apenas una hora, cuando, sentada en el asiento del acompañante de mi coche, mis manos traviesas exploraban esa zona, buscando el roce de su clítoris, la profundidad de su sexo, el maravilloso sonido de sus gemidos al compás de los movimientos de mi muñeca, el suave roce de su mano sobre la mía pidiéndome más profundidad en mis caricias, la presión de sus muslos tras el orgasmo para evitar encadenar uno con otro, el sabor de su esencia en mis dedos, degustados golosamente para no perder uno solo de sus matices.

Mis manos actúan por cuenta propia y por fin consigo deshacerme de su ropa, mis manos ocupan la cara interior de sus muslos y la obligan a abrirme paso hasta su entrepierna, donde mi lengua ansiosa de saborearla empieza a trabajar. Primero con toques tímidos que se tornan auténticos lengüetazos salvajes con sus "quejas" sobre que llegaremos tarde, pero mi mundo en este momento se circunscribe a esta habitación, fuera no hay nada, y dentro esta todo cuanto deseo, ella.

Empiezan los gemidos, mi alma se inflama de deseo, ya no sólo quiero saborearla, quiero, necesito poseerla, hacerla mía una vez más. Penetrarla como si no hubiera más cosas en el mundo, sentir su interior rodeándome, su cuerpo entregado al mío y su corazón bailando con el mío. Y así, su orgasmo llega, salvaje y sin avisar, rápido. Me sorprende incluso a mi cuando su cuerpo parece presa de un millón de convulsiones y sus manos entierran mi cara aun un poco más en ella. Puedo apreciar perfectamente el olor a sexo que emana de su rajita, la sonrojez de sus labios, lo abultado de su puntito, la suave textura de sus jugos. Me deshago de mi ropa, preparo su posición un poco, y apoyo la punta de mi glande en ella, sus ojos me miran por fin, anhelantes, deseosos, suplicantes y llenos de placer. Su piel arde de ganas de sentir la mía. Pequeños temblores me indican que ha llegado el momento, que está preparada y lista, que lo desea tanto como yo, que lo necesita tanto como yo.

De un solo movimiento hundo en ella toda mi hombría, notando como se va abriendo a medida que entro en ella, como sus jugos invaden mi pelvis, como su calor ardiente envuelve todo mi miembro. Su boca se abre intentando coger aire, al tiempo que un gemido profundo y quedo me anuncia que está muy cerca de volver a disfrutar de un nuevo orgasmo. Su mirada agradece la cortesía mostrada en mi entrada pero al mismo tiempo me pide que no cese en mi empeño, que quiere más, desea más fuerza, necesita más velocidad, anhela más profundidad y mi alma no puede más que complacerla. El somier chirría, la cama rebota sobre el suelo de madera, nuestros cuerpos chocan violentamente, los ruidos propios inundan la habitación luchando con nuestros gemidos por hacerse más audibles y de nuevo ella viene a mí. Sus brazos se enlazan por mi espalda y al tiempo su cadera empieza a moverse, se acopla perfectamente a mi ritmo y empezamos una carrera loca, sin reglas, sin parada posible, una bajada endemoniada hacia un nuevo orgasmo, anunciado por las lágrimas que empiezan a brotar de sus maravillosos ojos marrones y por un beso que busca fundir nuestros labios, nuestras lenguas. Su respiración en mi boca me infunde la fuerza necesaria para aguantar un nuevo asalto, no antes de un último empellón, rudo, fuerte, que no busca más que entrar hasta el fondo de su ser.

Su cuerpo desmadejado no es difícil de voltear y colocar a la altura necesaria para que mi pene pueda de nuevo llamar a la puerta de su placer. Pero aún no es el momento, necesito que termine que disfrutar de su último orgasmo, así que utilizando mi miembro a modo de vara, golpeo suavemente su botoncito, con cada golpe su cuerpo tiembla, su voz se corta y su respiración se vuelve más agitada. Ahora vuelvo a entra en ella, mis manos cogen sus muñecas y las llevan a la espalda, donde las inmovilizo y así empiezo a follarla.

Algo salvaje se despierta en mí, mis empujones son cada vez más fuertes, sus nalgas tiemblan a cada acometida que doy, sus gritos de placer aumentan el mío, estoy muy cerca de acabar y entre berridos acierto a decírselo y como si de un resorte se tratara, mi nombre se escapa entre sus dientes, sabe que no puedo soportarlo, que me hace terminar así y me anuncia, me grita, me chilla que ha llegado el momento de la verdad. Su cuerpo se tensa, su voz se rompe por el llanto contenido, su sexo inunda de olores y sabores, mi pelvis y su espalda no dejan de convulsionar, es como un ataque de epilepsia, pero es el momento más esperado, más deseado. Cuando todo su ser se abre a mí, cuando me entrega su corazón y su alma y cuando por fin yo me entrego a ella, con todo cuanto soy y cuanto tengo, no puedo más y así se lo doy, una ilusión mas, pues sabe que es suyo desde hace mucho tiempo.

11 comentarios:

May Keaton dijo...

Buenísimo, como todos tus relatos.

Anónimo dijo...

Un relato emocionante y ardiente, fuerza y pasion , entrega total, muy buena felicizaciones y animo sigue entreteniendonos con estas experiencias tan maravillosas un beso.

La viajera perdida

Anónimo dijo...

Tienes talento tio mucho animo para que continues con este blog un besazo.DOLPHIN

Smeagol73 dijo...

Muchas gracias May.

Un abrazo.

Smeagol73 dijo...

Por comentarios asi es por lo que este blog sigue viviendo.

Muchisimas gracias Viajera

Smeagol73 dijo...

Muchas gracias Dolphin, seguire intentado sorprenderos y emocionaros con mis relatos.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Cuando se lee un relato como el que tú has escrito, las palabras nos entran por los ojos, pero son todos los sentidos los que disfrutan... y mucho más cuando has vivido sensaciones similares hace apenas unas horas.
Un besito muy especial.

Irati

Anónimo dijo...

Otro relato increible,y los plasmas con ese arte, que lo único que me sale es: OLE! OLE! Y OLE!
Un besazo
TARANTULA

Smeagol73 dijo...

Irati, un comentario que guardare en mi alma durante el resto de mis dias.

Muchas gracias por leerme y gracias por estar ahi donde estas, grabada a fuego sobre mi piel.

Un besazo

Smeagol73 dijo...

Tarantula, cuanto echaba de menos tus "Ole, ole y ole". Una alegria enorme saber que aun te acuerdas de este pequeño ser.

Un besazo.

Irina dijo...

"pero mi mundo en este momento se circunscribe a esta habitación, fuera no hay nada, y dentro esta todo cuanto deseo, ella"

Precioso, mágico.
Besos