La iniciación

Julio era miembro de la Guardia Civil, era un polvo de una noche que conocí en un bar. Después de nuestro primer encuentro me preguntó si quería quedar un día con su compañero y con él. Me pareció una buena idea, yo nunca había tenido ninguna experiencia en grupo, pero sí muchas fantasías al respecto. Le dí mi teléfono.

Por fin, una tarde quedé con ellos. Me recogieron con un coche y me subí en la parte de atrás. Llevaba un vestidito de tirantes, negro, cortito, con un poco de vuelo, unas botas altas de cuero negro con algo de tacón, de largos cordones. De aquellas, todavía solía llevar ropa interior y llevaba unas braguitas negras, de marca, muy bonitas. Julio me presentó a su amigo y compañero, Alberto. Iban vestidos de paisano, aunque haberme estrenado con una pareja de la Guardia Civil vestidos de uniforme hubiese sido lo más.

Durante el trayecto Alberto me preguntó mucho, preguntas personales principalmente, supongo que sería deformación profesional. Cuando le dije mi edad, por aquel entonces, 22 y que tenía un hijo de más de un año, me dijo que no se lo creía. Para que pudiera comprobarlo le dije que tenía la cicatriz de la epistomía. Él me echó la mano entre las piernas, pasó sus dedos y palpó sabiamente. "Sí", dijo. Después introdujo el índice y el corazón en mi coño de zorra calentita mientras con su pulgar frotaba mi clítoris. Yo, sentada en el centro del asiento trasero, separé mis piernas todo lo que pude, acercándome a la fuente de placer. Con mi mano izquierda pellizcaba los pezones de Julio, entorpeciendo así su conducción.

Los movimientos bruscos del vehículo hicieron que las maniobras de Alberto subieran de intensidad, logrando que mi excitación se multiplicara, mi primer orgasmo de aquel encuentro llegó casi de improviso, mojando los dedos de aquel desconocido y mi ropa interior.

Llegamos a un bar vacío, una larga barra y más de diez mesas, un sitio bastante grande. Ellos tenían las llaves y entramos. Con aquellos grandes ventanales y aun con la luz del sol, el único lugar un poco oculto era detrás de la barra, bastante amplio, por cierto, o los servicios, en el piso de abajo, a dónde bajé nada más llegar.

Alberto bajó detrás de mí, al salir yo del excusado estaba esperándome. Me metió en el servicio de caballeros y me llevó junto a los urinarios. Me dijo que tenía una fantasía, que quería mear encima de alguien. Al principio confieso que me asusté un poco, pero sólo quiso mear en mis manos. Acerqué mis manos la una a la otra, juntando las puntas de los meñiques, expuse mis palmas encima del urinario. Él se desabrochó el pantalón y orinó encima de mis manos, sentí en ellas el templado líquido. Cuando acabó él estaba tremendamente excitado, se empalmó en menos de lo que yo tardé en acercarme al lavabo. Mientra me estaba lavando las manos él se me acercó por detrás, me bajó las bragas y sin más preliminares me penetró.

Conseguí lavar y aclarar mis manos mientras me embestía contra el frío mármol. Cerré el agua. Él se echó encima de mí rodeándome con sus brazos, haciendo que mi cabeza chocase con el espejo. Puse mi mano izquierda sobre el grifo, para evitar clavármelo o que empezara a correr el agua. Llevé mi otra mano a mi clítoris, frotándome como me gusta, llegando pronto a otro orgasmo, que me hacía chillar y temblar al notar como dentro de mí una acometida espesa y cálida me decía que el también se estaba corriendo, llenándome de su esencia.

Tras retirarse se agachó y haciéndome levantar primero un pie y luego el otro, recogió mis braguitas del suelo, guardándoselas en el bolsillo de la camisa.

Subió las escaleras, y yo subí detrás de él. Una vez arriba nos fuimos detrás de la barra. En seguida me quité toda la ropa pero no así las botas, que llevé puestas todo el tiempo. Me sentaron en el fregadero, Julio cogió hielos, y los pasaba por mi clítoris mientras me besaba suavemente. Aquella sensación fría en mi centro de placer después de dos orgasmos, hizo que se adormeciera. Alberto me metía cuatro dedos por el coño, haciéndome gritar de dolor y de placer, el pulgar jugaba en mi ano, virgen todavía. Mordía mis hombros, salvajemente. Después me pusieron de rodillas en el suelo y me dediqué a devorar a ambos. Notaba como sus miembros se endurecían en mi boca, como sus cálidos arietes perforaban mi boca mientras sus caderas marcaban el ritmo de una follada lenta y profunda. Deseaban llenarme toda mi boquita, mi lengua recorría los glandes hinchados y mis dientes marcaban la piel de sus penes, mientras mis manos se dedicaban a jugar ya fuera con los testículos de uno o con la herramienta del otro. Llegaron juntos y derramaron su esencia sobre mí, sobre mi rostro, sobre mi boca abierta, siempre ansiosa, sobre mi lengua golosa.


Julio se volvió a empalmar enseguida y se puso detrás de mí. Me cogió por las caderas y me empujo contra su falo, que me penetró violentamente, con fuerza, haciéndome chillar de nuevo, consiguiendo que mi coño se llenara de jugos, aumentando la temperatura de mi sexo y el placer que subía por mi columna. Alberto aprovecho la postura e hincando las rodillas delante mía, en mitad de uno de mis gritos de placer, me metió toda su hombría, mi nariz rozaba el vello pubico de Alberto, produciéndome una sensación de cosquilleo que contrarrestaba con las arcadas que me producía el sentir su ciclópeo amigo al tocar mi garganta. Intentaba, en vano, escapar de aquella “tortura”, pero los empujones de Julio en mi coño hacia que Alberto entrara más en mi boca y las manos de Alberto me impedían sacar aquel falo de mi boca. Mientras, se la chupaba a Alberto. Julio me agarró más fuerte y aumento el ritmo de sus enculadas, estaba apunto de venirse, notaba como su sexo temblaba, transportando esas sensaciones a través de las sensible piel de mi sexo hasta mi mente, donde eran procesadas y devueltas como pequeñas descargas en la base de la nuca. Se retiró y me baño con su esperma, dejando caer gran parte en mi rabadilla, notando como cada nuevo estertor dibujaba una línea de caliente semen en mi culo. Lo podía sentir resbalando por mi piel, guiado por la gravedad, recorriendo mi ano y mi coñito.

En aquel momento, Alberto me dejo libre de su presa y se coloco detrás de mí. Aprovechando la lubricación que su compañero había dejado, apoyo la punta de su polla en mi ano, me cogió del pelo y de un golpe certero de cintura, me ensarto con su asta. Una punzada de dolor recorrió mi cuerpo e involuntariamente mi espalda se arqueo buscando rechazar aquella entrada, pero Alberto tiro del pelo y me obligo a perforarme a mi misma, mientras algunas lágrimas recorrían mis mejillas. Comenzó un furioso bombeo que no tardo en cambiar la sensación de dolor por una de placer. Sentía como mi esfínter abrazaba por completo aquel pene que entraba en donde nadie había estado antes, transportándome a un mundo nuevo de sensaciones, comencé a chillar, a berrear como la perra que soy, como una cerda en día de matanza, estaba disfrutando, gozando, corriéndome una vez detrás de otra, sin control, sin orden. Apenas podía respirar.

Entonces ocurrió, Alberto dio un profundo empujón más, y sentí como un río de líquido ardiente llenaba mi ano. Fue demasiado, mi cuerpo se arqueo, mis brazos fallaron, mis piernas dejaron de sostenerme, me corrí como nunca antes, mi cuerpo se desmadejó por los temblores y calambres que recorrían mi cuerpo, intentando partirme, dejarme rota, sin conocimiento y creo que lo consiguió.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionante y excitante relato! Consigue que te sumerjas en un mundo de deseo y pasión desenfrenada. De fácil verbo y entendible léxico!
Por favor, publica más relatos.
Javi Miglia.

Anónimo dijo...

Una historia increible me duele solo de pensar la perforacion sin estar prepara para ello pero el final es fantastico felicidades MAY
un beso.DOLPHIN

May Keaton dijo...

Gracias por vuestro ánimo, seguiré escribiendo.
Besos.

Anónimo dijo...

soloh:tomo nota de lo de los hielos para adormecer el clitoris

Smeagol73 dijo...

Una historia increible, llena de morbo y de sensualidad.

Una suerte haber vivido semejante experiencia.

Sigue asi, besos.

cariguay dijo...

Siempre me gusta leerte y apoyo eso de que con uniforme hubiese sido mas excitante,muy buena iniciación. Enhorabuena May

Anónimo dijo...

Me encanta el párrafo:

Sentía como mi esfínter abrazaba por completo aquel pene que entraba en donde nadie había estado antes, transportándome a un mundo nuevo de sensaciones, comencé a chillar, a berrear como la perra que soy, como una cerda en día de matanza, estaba disfrutando, gozando, corriéndome una vez detrás de otra, sin control, sin orden. Apenas podía respirar.

Sin palabras, ufffffff

VampiroJoe

May Keaton dijo...

Gracias Vampiro, gracias Cariguay.

Besitos.