Aquí tenéis una nueva colaboración en este blog. Taxin, muchísimas gracias por compartir con nosotros este relato, espero no tardar en volver a leerte.
El día por fin se acaba, largo, tedioso, monótono, y para colmo de males la climatología me retraía a mis tiempos de estudiante en Devonshire, vamos un autentico coñazo.
No podía por menos que depositar mis esperanzas de algo diferente en aquel encuentro. Allí de pie, apoyado distraídamente sobre la barra de aquel bar estaba Javier. Hacia tiempo que no nos veíamos y casi no me lo podía creer cuando concertó aquella cita conmigo. Rauda y veloz acudí a verle de nuevo con esperanzas, quien sabe si buenas o malas, de algo nuevo, de algo diferente, de algo que guardar en mi memoria.
Cuando pedimos las consumiciones su mano ya paseaba distraída por mi espalda, mi faz reflejaba esa sonrisilla de niña buena que sabe que está a punto de cometer una travesura. Y sus ojos no hacían mas que demostrar el deseo acumulado dentro de él. Me imagino que fueron los nervios, unidos a la cerveza los que hicieron que mis pasos se dirigieran hacia el excusado, para atender a una urgencia física y no precisamente la que yo deseaba.
Entré en el baño y dejé en un rincón la mochila, el abrigo, en fin, los bultos. Al incorporarme de nuevo, me encontré frente a mí a un hombre corpulento que juntando las palmas de las manos se inclinaba en un saludo reverencial.
- Soy el genio de la taza, ¿qué deseáis? – dijo con total calma y parsimonia.
- Hacer pis, ¡no te jode!. Y a ser posible, a solas. Déjame en paz que no tengo el coño para farolillos. – Conteste sin pensar.
Frases como estas se agolpaban en mi cabeza, pero no llegue a pronunciarlas. Con un movimiento repentino pero suave y delicado, me rodeo con sus robustos brazos, depositando dulcemente una de sus manos en mi nuca, haciendo que mi cabeza descansara sobre aquel pecho de piedra, de una piedra calida y acogedora, que hacia flaquear mis fuerzas y mis ganas de resistirme. El calor de su abrazo, su boca junto a mi oído chistándome dulcemente, iban diluyendo mi enfado y mi melancolía.
El berrinche se trocó en llanto y con la cabeza apoyada en su pecho, cada lágrima, cada hipido va arrancando mi frustración, mi cansancio.
Él mantiene su abrazo. Siento que podría dejar caer mi peso sobre él, pues no le supondría ningún esfuerzo sujetarme. De vez en cuando, con una caricia seca mis lágrimas y besa mis mejillas.
Curada de mis heridas, con el humor recuperado, siento que una corriente atraviesa mi cuerpo. Su mano se ha ido abriendo camino entre mi ropa, aprovechando el embelesamiento de sus mimos, y ahora mismo acaricia mi clítoris con un ritmo frenético. Su dedo índice martillea mi botoncito febrilmente y mi cuerpo empieza a despertar de su letargo, para encontrarse en un estado de excitación imprevisto. Siento como mi entrepierna comienza a arder, como mi sexo se funde y poco a poco va mojando mis labios y humedeciendo la cara interna de mis muslos.
Ya no lloriqueo.
Mi boca se encuentra ahora ocupada en no dejar escapar uno solo de los gemidos que están asomando a mi garganta. Cada nuevo movimiento de la yema de su dedo se traduce en un ligero temblor que atraviesa mi cuerpo y desciende por mis piernas, haciendo flojear mis rodillas, al tiempo que me obliga a cerrar con más fuerza mi mandíbula y no dejar que se escape un gemido placentero y profundo.
Debería corresponderle, pensé. Pero no lo hice. Me debatía entre el deseo de quedarme a disfrutar y el de huir porque no podía soportar mas aquel juego, Un orgasmo estaba ya a las puertas, llamando insistentemente, al ritmo que su mano se movía sobre mi sexo.
De repente, la mano que acaricia mi nuca, se crispa y cogiéndose a un mechón de mi cabello, con un movimiento enérgico y brusco, me coloca de cara a la pared. Noto su peso en mi espalda, su cuerpo rocoso me aprisiona, sin dejarme mover. Su otra mano tira hacia abajo de mis pantalones, arrastrando también mi ropa interior, la gravedad hace el resto y mi vestimenta adorna mis tobillos.
Un pene duro y enorme irrumpe desde atrás, paseándose desde la entrada de mi vagina hasta mi henchido clítoris. Me muerdo el labio inferior para no gritar de gusto, para no chillarle que me posea de una vez, que me haga suya, que irrumpa en mí.
Al volver, burla mi resistencia y me penetra. De un solo empellón esta dentro de mi. Su sexo, ardiente como la lava, se abre camino en mis entrañas sin miramientos. Dejándome sentir como mi chochito recibe gustoso toda aquella carne de hombre, húmedo de placer, abrasado por el deseo, ansioso de ser disfrutado. Un quejido se escapa entre mis dientes, mis ojos se cierran para concentrar así mis sentidos en aquel trozo de cielo que entra en mí, abriéndome en dos.
Comienza a moverse espasmódicamente. Cada nuevo empujón me transporta un poco mas allá, con sus embestidas rápidas y profundas, marcando el ritmo de aquel escarceo únicamente con sus caderas, gracias a Dios parece que no tiene suficiente con follarme, quiere poseerme.
Necesito que me haga suya.
Una de mis manos impide que me golpee contra la pared, merced a la violencia de sus acometidas, la otra acalla mis gemidos. Sus embestidas son cada vez más fuertes, cada vez más profundas, cada vez más salvajes.
Se oyen voces fuera, pero él no cesa y yo, yo las escucho como se escucha esa lluvia que nos habla del frió que hace fuera y nos reconforta por el calor que disfrutamos dentro. Mi mente se agolpa con imágenes de puertas abriéndose y gente mirando como aquel hombre me penetra sin compasión, mi excitación aumenta, mi sexo se contrae para sentir mas aun la caricia que su falo me esta dispensando.
Todo termina de golpe. Un temblor recorre mi columna y me obliga a chillar, no puedo contenerlo. Sentir los espasmos de mi sexo, abrazando fuertemente su pene, al tiempo que él se derrama en mí, abrasando mi sexo con su esperma, llenándome de su esencia, haciéndome suya, es demasiado para mi nivel de autocontrol. El cuarto de baño se empequeñece al ritmo de mi respiración, me falta el aire, las fuerzas y las ganas de comportarme.
Chillo, berreo, gimo, tiemblo.
Me cojo al lavabo para no dejarme caer. Mis piernas no responden, apenas pueden sujetarme.
Me abraza, me besa, y con toda naturalidad, se viste y se va.
Yo hago lo mismo y al salir no hay nadie. ¡Uf!, ¡qué alivio!, ¿de quién serian esas voces?, ¡bah!, ¡qué más da!.
7 comentarios:
Muchisimas gracias Taxin, por compartir con nosotros este relato tan interesante.
Asi da gusto publicar, espero que no sea el ultimo tuyo por aqui.
Un besazo enorme.
Smeagol73
Un relato precioso, me ha gustado mucho.
Creo que es la primera vez que te leo y me has dejado sin palabras, un relato muy interesante, espero que no dudes en seguir colaborando con este magnifico blog.
Un gran beso
Gracias a ti Smeagol por tu ayuda y apoyo.
Me alegro de que te haya gustado tanto May.Me siento muy honrada vosotros si que sois buenos contando historias.
Muchas gracias y muchos besos. Taxin
GRACIAS ,GRACIAS, GRACIAS CARIGUAY.Como le comentaba a May vosotros si que sois maestros. A mi me cuesta mucho plasmar mis fantasias y vivencias en un papel pero con tanto piropo no me va a quedar más remedio que seguir esforzándome.
Un besazo enorme.Taxin
Relatos como este no deven faltar en este blog animo y felicidades todos/as disfrutamos contigo un besazo.DOLPHIN
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