
Como había hecho durante toda la semana, Raúl me fue a buscar poco antes de la hora de cenar. Ese día vestía una faldita muy corta para mi cita, que aunque me venia a buscar en moto y hacía un poco de frío no suponía ningún problema, sabia que a él le gustaba que me exhibiera, le excitaba mostrarme. Yo no solía ser así, no me gustaba provocar, pero ese día quería complacerle.
Cuando me recogió nos fuimos a cenar, la cena no duró mucho, conversamos, pero no podíamos evitar que el deseo se reflejara en nuestras miradas, teníamos ganas de estar solos, de besarnos, de abrazarnos. Mi voz temblaba de impaciencia, del anhelo por que me acariciase como siempre lo hacia, de que fuésemos el uno para el otro, de entregarme en sus brazos y recibirle en lo mas profundo de mi, pero ese día tocaba esperar.
Habíamos quedado con un amigo, dueño de un local liberal, para preparar una fiesta, que él tenia para mí y para Claudia, decidí callar y escuchar como planeaba cada momento de aquella fiesta. Lo tenía todo preparado, tan solo Claudia y yo para todos los chicos que se apuntasen a la fiesta, a medida que les iba escuchando me iba quedando más perpleja. Una fiesta en la cual iba a haber una rifa y los premios éramos Claudia y yo, pero a la vez que perpleja también me sentía cada vez mas excitada, cada vez más húmeda. Su mano se deslizaba distraídamente por mi pierna, suavemente, cada vez más próxima a mi coñito, que destilaba sus jugos buscando una lubricación que sin lugar a dudas no tardaría en disfrutar. Cuando sus dedos alcanzaban mi sexo me frotaba con ellos, mi cuerpo notaba como lo recorría un pequeño escalofrío, mis ojos se cerraban y mis dientes mordían mi labio inferior y de mi boca tan solo salía un pequeño gemido que parecía que iba a romperse en un grito en cualquier momento. Cuando acabaron de hablar nos terminamos la copa que ya hacia rato que habíamos empezado y decidimos irnos.
Montamos en la moto y nos fuimos a otro local de intercambio donde allí por fin nuestros cuerpos saciarían el deseo que llevaban acumulando toda la noche, pero al llegar nos dimos cuenta que el local estaba cerrado.
Era demasiado tarde para volver al otro local, que nos pillaba un poco apartado y también para buscar un hostal, así que bajamos de la moto y tranquilamente nos sentamos en un banco mientras pensamos en que hacer. Raúl se encendió un cigarrillo mientras pasaba por encima de mis hombros su otro brazo, esa noche hacia un poco de frío pero mi cuerpo estaba tan caliente que apenas lo notaba, tan solo tenia ganas de tenerle dentro de mí. Durante un buen rato estuvimos pensando donde ir a aplacar nuestro deseo y en un momento de locura, y digo de locura porque yo nunca jamás hubiese reaccionado así, dije:
- “Follame aquí.”
Su cara era todo un poema, no se lo podía creer, algo así saliendo de mi boca, la verdad que no era lo normal, pero yo se lo repetí:
- “Fóllame aquí, rómpeme las medias y fóllame aquí.”
El no tardo en reaccionar. Me subió encima de él, se bajó la bragueta, me rompió las medias y me retiró el tanga, no hubo ningún tipo de problema, su hombría estaba lo suficientemente dura ya que estaba tan caliente o más que yo y no tardo en resguardarse en este coñito tan húmedo y caliente, y que con tantas ganas le esperaba.
No era demasiado tarde por lo que aun quedaba gente por la calle, pero en lugar de cortarnos añadía una sobredosis de morbo al placer que aquella cabalgada empezaba a hacer circular por mi cuerpo. De su boca tan solo salían susurros que me decían las ganas que tenia de tenerme así, sus manos abarcaban mi culo ayudando a mis piernas en el placentero trabajo de recorrer de arriba a abajo su inhiesto pene, mi cuerpo temblaba aguantado los gritos que de mi boca querían salir y el ritmo de nuestro escarceo aumentaba. Mi espalda parecía quebrarse con cada penetración que cada vez eran más fuertes, mis gemidos cada vez más seguidos, cuando de pronto un orgasmo me sorprendió.
Mi cabeza se reclinó hacia atrás, doblando mi espalda, un pequeño grito salió de mi boca, imposible de retener, el placer me embargaba, sus manos subían por mi espalda incorporándome hacia él, juntando nuestros labios, besándonos y abrazándonos. Acarició mi espalda y deslizo las manos por mi espalda hacia mi culo, agarrándolo fuertemente y comenzando una nueva montada, empezó a subirme y bajarme repetitivamente. Apenas estaba recuperada de mi anterior orgasmo, ya no podía mas, mis gritos eran imposibles de calmar, otro orgasmo llegaba a mi cuerpo y a la vez el de él. Cada vez me golpeaba más fuerte contra él hasta que por fin el orgasmo nos llegó a los dos.
Una voz desgarrada salió de mi garganta, mis manos se crisparon fuertemente en su espalda, estaba en la gloria. Muy despacito me acerque a él, le besé, nos miramos y tan solo le dije:
- “Gracias.”
Bajé de encima de él, nos besamos, nos vestimos en condiciones, él se encendió un cigarrillo y mientras lo fumaba estuvimos comentando lo maravilloso que había sido y lo que nos había gustado.
Cuando acabó el cigarrillo montamos en la moto y cogimos el camino que llevaba hasta mi casa, un barrio oscuro en el cual yo no dudaba que él aprovecharía ese viaje para buscar cualquier rincón para volver a poseerme en la calle, y así fue.

Cuando se decidió por una calle aparcó la moto, nos bajamos, me quité el casco y sonreí mientras le miraba, rápidamente su mano buscó mi cintura para subirme en la moto, ni yo misma me conocía.
Iba a ser penetrada por Raúl en un hueco en una gran hilera de aparcamiento y en frente de un bloque de pisos, donde cualquiera podía vernos, pero mi cuerpo pedía mas, abrí las piernas y él me termino de arrancar las medias, destrozo el tanga de un tirón y de nuevo me penetró salvajemente de un solo empellón, agarrándome de las caderas y manejándome como el quería comenzó a moverse, su pubis golpeaba mi sexo en cada nuevo empujón, podía oír el chapoteo que mi sexo, inundado de mis flujos y de su semen, devolvía a cada bombeo de su ardiente sexo en mi interior, era un sin parar.
Intentaba que mis gemidos no fuesen muy escandalosos, el me miraba con deseo, la lujuria se reflejaba en su mirada, una mirada torva y encendida que me hacia ver como la locura, como el deseo se apoderaba de el haciendo que cada vez me penetrara mas fuerte.
Mis ojos pudieron ver entonces como un desconocido estaba asomado en la terraza y yo disfrutaba mientras el me miraba, eso me ponía mas cachonda, me encendía, mi placer aumentaba mientras mi mente imaginaba que pensamientos oscuros y sexuales correrían por su mente en aquel momento.
Cada vez gemía más fuerte. Hacía tiempo que quería que me follase encima de su moto y ese día ya había llegado, mientras me sujetaba por las caderas con una mano, la otra subía traviesamente hacia mis pechos para poder acariciarlos y después de ello comenzó a besarlos y a chuparlos, le cogí de la cara para poder besarle y decirle muy bajito que me diera la vuelta y así lo hizo.
Me dio la vuelta y subió mi faldita, su mirada se quedó fija en mi culo y así volvió a penetrarme, con un solo golpe, fuerte, seco. Mi voz volvía a romperse, las penetraciones cada vez eran mas profundas o por lo menos yo así lo sentía, no quería que parase el orgasmo que estaba a punto de llegarme y sin duda mis presentimientos no fallaban.
Allí estaba de nuevo, con un solo grito acompañándolo que decía “Siiii.”, y sus caderas reducían su cadencia de penetración mientras sus manos acariciaban de nuevo mis pechos. Cuando mi cuerpo comenzaba a relajarse su mano derecha agarró mi cara y la giró para besarme.
Suavemente empezó de nuevo a subir el ritmo de entrada y salida de mi coñito. Mi mirada se desvió con deseo hacia aquel desconocido que nos observaba atentamente, sin perder detalle, y con ganas de participar en la pequeña fiesta que teníamos montada. Su mano bajó hacía su pantalón y pude ver como se desabrochaba, como bajaba su bragueta y como agarraba su miembro, que ya tenía un tamaño considerable. Pude ver como se masturbaba mientras nos miraba, Raúl observó como mi mirada estaba dirigida hacia aquel desconocido que se la meneaba mientras nos veía.
Aquello debía de excitarle y a nosotros también.
Su cadera aceleraba cada vez mas, mi manos se agarraban fuertemente a la moto como queriendo arrancar el asiento de su sitio, el calor que su sexo, enterrado dentro de mi cuerpo, transmitía hacia que mis gritos aumentaran cada vez mas en numero y volumen y los de él también. Sus golpes cada vez eran más salvajes, cada vez me sentía mas a romper, el hombre desconocido cada vez se la meneaba mas rápido y ya no aguantamos más.
El orgasmo nos llegó a los tres. Nuestros cuerpos se relajaron, yo me incorporé y así pude abrazarle y besarle y volví a darle las gracias por aquellos momentos que me hacía pasar y disfrutar.
2 comentarios:
¡Jo.....maja qué buena!. Me has dejado completamente satisfecha, muchas gracias.Es más su lectura me ha heho revivir una experiencia parecida.Si alguna vez soy capaz de redactarla, te la dedico.
Sigue así, es un placer leerte.Besos, Taxin.
Muchas gracias reina seguro que si pones unas poquitas de ganas la consigues redactar y espero que cuando sea asi la compartas con nosotros seguro que nos encanta.
Bss
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