La primera noche


Por fin una nueva colaboradora. Irina, una delicia de mujer que a bien tengo entre mis amigas, nos envia este relato de la primera vez que visito el lado oscuro. Espero que disfruteis de su relato, tanto como yo. Y no olvideis colgar los comentarios que os sugiera el texto, pues asi seguro que podremos disfrutar demas relatos de ella.

La lejanía de aquella primera noche ha consagrado lo especial que fue para mí. Si bien en ningún momento he dudado de lo que supuso en mi vida aquel encuentro, la distancia y el tiempo han hecho que mis sentimientos y pensamientos hayan asentado todo lo acontecido entre tú y yo.

Ahora si puedo decir sin temor a equivocarme que aquella noche fue especial. Fue especial por cuanto entre tu y yo ocurrió, por lo que pude sentir, por lo que significaba la culminación de un millar de noches imaginándote, sintiéndote a mi lado, sabiéndome tuya, queriendo ir mas allá.

La casualidad nos condujo a aquella noche. Nuestras charlas intranscendentes fueron abarcando cada vez más nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras carencias y nuestras necesidades. Ambos sabíamos que al seguir aquel camino nuestra relación no podría ser más que un atisbo de realidad, oculta entre nuestras vidas paralelas, unas confidencias apenas susurradas entre nuestros labios. Pero no nos asustaba, nuestra complicidad crecía cada día, regada por un cariño y una sinceridad absoluta.

El deseo nos azuzaba. El tiempo que llevábamos contándonos deseos y experiencias hacia que mi mente soñara con el momento en que tu tibia piel me rodeara.

Pero fue aun mejor.

Cuando por fin tus labios se apoyaron contra los míos, dejándome sentir tu respiración agitada en mi boca, un relámpago atravesó mi cerebro. Nuestras lenguas empezaron el combate en el que ninguno saldría perdedor, pero en el que ambos ganaríamos. Mi cuerpo se entrego a tu abrazo y al tiempo que tus manos apretaban mi espalda contra tu pecho, sentí como mis problemas quedaban fuera del círculo que formaban tus brazos a mí alrededor. Era un escudo protector que me permitió soltar mis últimos temores y entregarme por entera a ti.

Esta noche solo existimos los dos.” Susurraste a mi oído. Un escalofrió recorrió mi espalda, no se si fue por lo dicho y lo que significaba o por el leve roce de tu aliento en mi cuello.

Poco a poco me transportaste a base de caricias y besos hasta las puertas del cielo, mi ropa iba quedándose por el camino. Tu mirada de deseo al verme desnuda ante ti, la agitación de tu pecho, el tamaño que tu hombría adquiria, termino de encenderme, me excitaba como hacia mucho tiempo que no lo sentía. Mi cuerpo pedía tenerte, mi alma deseaba entregarse, mi corazón latía de deseo y mi mente suplicaba que apaciguaras su ardor.

Tus manos recorrían mi piel, dibujando cada forma, cada curva, cada rincón. Mi piel reaccionaba erizándose, inflamándose y calentándose. Tus dedos descendían por mi vientre, mi espalda se arqueo al sentir la proximidad a mi monte de Venus, pero cambiaste de dirección, recorriendo mis muslos hasta llegar a las rodillas. Mientras seguías besándome, tu mano describió una caricia en sentido contrario, pero esta vez por el interior de mis piernas, que se abrían al paso de tus dedos. Cuando tu mano se apoyo contra mi sexo, gemí. Un gemido ahogado en tu boca, mis manos se crisparon en tu espalda pidiendo una caricia mas profunda, mi cuerpo se tenso, esperando el placer anhelado. Pero suavemente me supiste tener allí, tus dedos recorrían apenas rozando mi sexo, ahora rozando mi clítoris, ahora separando suavemente mis labios, ahora apoyando apenas una yema en mi agujero. Sentía como oleadas de tibio liquido descendían de mi vientre, mojando todo mi coñito, húmedo y anhelante de tenerte dentro.

Volví a la vida, volví a desear, a sentir placer. Ese fue tu regalo, recordarme lo que era capaz de sentir y de hacer, lo que era de nuevo sentirse deseada, sentirme mujer una vez más.

Cuando tu lengua ocupo el lugar de tus dedos me rendí por completo. Sentía como recorrías todo mi sexo, como te bebías mis jugos, como te alimentabas de mi placer. Mi cuerpo temblaba al ritmo de los toques que tu lengua dedicaba a mi clítoris, henchido y sensible. Con cada orgasmo mis piernas se cerraban, quería introducirte en mi, quería que tu lengua jamás dejara aquella zona, mis gemidos aumentaban de volumen mientras unas pocas lagrimas recorrían mis mejillas, no eran de dolor o tristeza, eran las lagrimas mas dulces jamás derramadas, lagrimas de placer. Mi corazón bombeaba a toda su capacidad sangre hacia mi sexo, quería repartir por todo mi cuerpo el placer que me estabas dando y que me estaba destrozando el alma. Una vez mas me corrí en tu boca, pero esta vez tu boca se apodero de mi sexo, era como si quisieras succionarlo entero, pero lo que paso es que tu lengua comenzó a follarme, como si de una polla se tratara, me penetrabas con ella, la movías en pequeños círculos dentro de mi. Oleadas de placer surcaban mi espalda, haciéndome temblar y aumentando así las sensaciones que aquella caricia tan intima provocaba en mi coñito. Una serpiente lujuriosa convertida en una fuente inigualable de placer, que recorría cada recodo de mi sexo, sensibilizando cada rincón, cada pliegue, cada poro de mi ser.

Perdí la noción del tiempo, del espacio, del mundo. Todo se reducía a aquella habitación, aquellas cuatro paredes significaban el mundo y tú y yo éramos los únicos habitantes del planeta. Mis ojos se cerraban para aumentar más las oleadas de gozo que mi mente derramaba a mi torrente nervioso, mi cuerpo reaccionaba con pequeños temblores al éxtasis que me estabas regalando.

Cuando sentí el peso de tu cuerpo sobre el mió, mi alma se rindió por completo. Tu glande se apoyo sobre mis labios, dejándome sentir su dureza y su tamaño, aprovechando la humedad que surgía de mi interior para lubricarse.

Me miraste a los ojos y empujaste.

El cielo se fundió con la tierra, el horizonte desapareció y nosotros dejamos de ser dos seres para fundirnos en uno solo.

Tu sexo penetró en mí, sentía como iba ocupando todo mi interior, como me llenaba, como quemaba mi piel y mi sexo se ajustaba a su grosor. Tus labios se juntaron a los míos, mis ojos se cerraron de nuevo, mis uñas se clavaron en tu espalda, mis pulmones se vaciaron en tu boca con un gemido quedo y silencioso.

Tus caderas comenzaron a moverse, cada nueva penetración era un orgasmo. Entrabas y salías de mí, me poseías y me dejabas, todo mi ser se concentraba en sentirte. El ritmo de tus movimientos aumentaba, tu respiración se agitaba, tu pecho ardía, tu cuerpo se crispaba. Mi orgasmo era continuo, jamás sentí así a un hombre, pero así te tenía, eras mió, como yo tuya.

Cuando te derramaste en mi, mi vista se nublo, mi cuerpo se rindió. No podía mas, no podía gozar más, ni entregarme más, ni sentir más. Era tuya, por completo, sin cortapisa, sin remisión. Tus descargas de esperma ardiente en mi eran acompañadas de nuevas oleadas de flujo, que resbalaba por mis labios, mojando tu pubis, mis piernas y la cama. Con cada empujón que dabas mi placer aumentaba, llevándome de nuevo al clímax, rompiendo mi sexo, mi alma y mis recuerdos respecto al placer.

Tu miembro fláccido salio poco a poco de mi coñito, dejándome una sensación de abandono, una sensación que no duraría mucho, pues sabia que dentro de poco volvería a ser tuya. Me besabas con dulzura mientras me decías lo que habías sentido, lo que habías disfrutado y me dabas las gracias por todo ello.

Poco pude decir entonces, no quería asustarte, pero no podía, ni quería evitar que supieras que me moría por volver a tenerte conmigo, por sentir mi cuerpo vibrar junto al tuyo, por volver a sentir tus caricias, tus besos en la nuca, tus manos recorriendo cada centímetro de mi piel, mirarnos a los ojos y olvidarnos del resto del mundo. Quería volver a fundirme en ti, elevarme una dimensión de placer sin igual, como esa noche, como tantas noches que sabia que viviríamos.

Gracias por regalarme tu dulzura y tu fuego a partes iguales.


2 comentarios:

cariguay dijo...

Enhorabuena Irina espero que poco a poco nos deleites con mas relatos tuyos, me ha gustado mucho un saludo.

Irina dijo...

Me alegro mucho de que te guste cariguay, ha sido una delicia escribirlo y vivirlo,