Una noche de baile.


Estimados amigos, una nueva colaboracion de nuestra amiga Irina. Un nuevo relaot que nos transporta a un nuevoescenario morboso y excitante. Espero que lo disfruteis tanto como yo.

Era viernes.


Las sensaciones se acumulaban en mi mente. Una nueva ciudad, un fin de semana de libertad y camaradería con mis amigas. Después del viaje y de la entrada en el hotel, no teníamos ganas mas que de cena y una copa. Una ducha, ropita limpia y por primera vez en mucho tiempo un brillo de coquetería al elegir la ropa interior.


Una sesión de maquillaje y me sentía nueva, renovada, atractiva y sugerente, culpa tuya sin lugar a dudas.


Caminando por las calles, buscando un restaurante, sentí que los hombres me miraban diferente, a lo mejor no era cierto, a lo mejor era solo mi sensación de juego, el nerviosismo de lo que empieza, la novedad de cuanto sentía, o a lo mejor sí era cierto y el sentirme deseada me hacia parecer mas deseable, no importaba, pues el resultado era igual, mis paso se aseguraba, mis caderas se movían un poco mas que antes de ti, tenia mas sensación de mi misma, gracias a ti.


Durante la cena, charla intrascendente, de la mar y de los peces, una sucesión de platos, ligeros y sabrosos. Un vino que calentaba mi corazón y mi estomago. El recuerdo de tus palabras, me hacia de vez en cuando recorrer el local con la mirada, buscándote en alguna esquina, esperando encontrar tus ojos clavados en mí, incendiando mi deseo y manteniendo viva tu petición.


Tras la cena acudimos a un local cubano, Cuba, sus gentes, sus ritmos, la cadencia de su hablar, la dulzura de sus movimientos, me encantan, no puedo evitarlo y mis amigas saben que una noche de copas implica la visita a un local de este ambiente.


Al entrar en el local, su aroma me transporta a la isla caribeña, su música me envuelve y hace que mi mente se libere de ataduras y ligazones, su magia me hechiza y me hace sentirme mas mujer. Buscamos una mesa. Pedimos las copas y disfrutamos de su sabor dulce y embriagador mientras nos deleitamos con la visión de las parejas bailando, juntando sus cuerpos, acariciando sus curvas, sintiendo su calor y su tersura, su aroma. Sensualidad a flor de piel, olor a ganas de sexo, a deseo a lujuria.


Nos decidimos a bailar. Nuestros cuerpo se movían al son de la música. Mis muslos se frotaban, mis senos botaban movidos por la cadencia de mis caderas. Mis manos dibujaban el contorno de mi cintura como las manos de una amante invisible. Algunos mulatos se acercaban y cogiendo mis manos comenzaban a danzar conmigo. Nuestros cuerpos chocaban y se separaban. Sus manos se aferraban a mi cintura y en algunos giros descendían mas allá de lo prudente. M cuerpo empezaba a sentir los estragos que el deseo sexual contenido causaba. El sudor que emanaba de mi cuerpo olía a deseo, el ambiente se llenaba de sexo y los pasos de baile de la bachata que implicaban pegar nuestros cuerpos, pude apreciar que a el tampoco le era indiferente.


Nuestras conversaciones volvían a mi mente, haciéndome desearte aun mas, haciéndome mas deseosa y deseable. Cada nuevo giro implicaba un contacto aun mayor con aquel mulato. Notaba en mi bajo vientre la fuerza de su deseo. Me apretaba contra el y movía sus caderas clavándome aun mas el bulto que su miembro dibujaba en sus ligeros pantalones. Su mano ya descansaba sin pudor en el comienzo de mis glúteos. Con cada nuevo achuchon, sentía como mi sexo se humedecía un poco mas, ardía un poco mas, haciendo que la tela de mis pantalones se pegara aun mas a mi sexo. En mi mente las imágenes de nuestras conversaciones se agolpaban. Cuerpos desnudos,sudorosos por el esfuerzo, ardiendo por el deseo, gimiendo de placer y entrega, lúbricos y lujuriosos, en posiciones imposibles y con movimientos espasmódicos.


Al terminar la tercera bachata me disculpé, necesitaba ir al servicio. Un suave beso en la mejilla y al girarme pude sentir como su mano se llenaba de mi culo, disfrutando de su tersura, de su tamaño y de su dureza, con un ligero apretón.


Me dirigí al cuarto de baño, busque un reservado libre y entre. En mi mente solo podía ver tu cara, mirándome con atención, embelesado, disfrutando del espectáculo. Me desabroche los pantalones y deje que cayeran al suelo.


Me senté en la taza.


Cerré los ojos y deslice mi mano hasta mis braguitas.


Pase mis dedos por encima de la tela, sintiendo su tibieza y su humedad, una humedad provocada por cuanto había sentido, por cuanto había disfrutado de lo que me habías descubierto de mi misma. Al mover mis dedos por toda mi entrepierna, recordé los relatos que habías escrito de nuestra historia. Seguí acariciándome, sintiendo cada pliegue de mi sexo, notando como mis labios se hinchaban al paso de mis dedos.


Separé la tela y la frescura del ambiente contrastaba con la calidez de mi piel, erizando el vello de mi espalda y haciéndome gemir por primera vez.


Pasé mis dedos uno a uno por mis labios mayores, separandolos un poco, dejando libre le camino hacia mi sexo, su orificio de entrada, lubricado, pedía algo que lo llenara. Comencé a acariciar mi sexo con la palma de la mano, entero, cogiéndolo en toda su extensión, apretando los labios y buscando presionar mi clítoris.


Pensaba que mis dedos eran los tuyos, que mis caricias eran realizadas por tus manos, mientras tu cara enterrada entre mis piernas aspiraba el aroma de mi sexo y me decías en voz baja lo que veías, como te gustaba ver mi coñito húmedo de deseo, como disfrutabas de verlo temblar al paso de tus dedos, como mi coñito se licuaba en tu mano.


Mi dedo corazón recorrió de arriba a abajo toda mi rajita, recogiendo los flujos de mi deseo y decidí que era el momento de entrar en mi. Metí mi dedo corazón dentro de mi sexo, una descarga eléctrica recorrió mi espalda, al ritmo que mi dedo se enterraba en mi interior. Comencé un suave metisaca que llevaba mi dedo completamente fuera de mi sexo y de vuelta en un solo movimiento completamente dentro de mi coñito. En uno de estos movimientos un segundo dedo se une a la penetración, abriendo un poco mas mi sexo, obligándome a morderme los labios para no gritar de placer por las sensaciones que el vaivén de mis dedos transmitían a mi mente a través de las terminaciones nerviosas de mi coñito. Los dejé dentro de mí y comencé a moverlos en círculos, sintiendo como rozaban todo mi sexo, como toda la superficie de mi vagina recibe su ración de piel.


De vez en cuando sacaba mis dedos y pasaba la palma de mi mano por todo mi chochito, mojandola de mis jugos y a continuación volvía a penetrarme con aquellos dos dedos que me hacían pensar en que era tu polla la que me penetraba, la que entraba en mi hasta el fondo, la que perforaba mi sexo, haciéndome sentir aquellas oleadas de placer que descendían por mi columna y hacían temblar mis piernas.


Saque una vez mas mis dedos y los chupé. Totalmente impregnados de mí, de mi deseo, de mi sexo, de las ganas de tenerte en mí, de mis deseos de sentirte dentro de mí, de mis ganas de entregarme a ti. Los lamí completamente, sintiendo su sabor salado, llenando mi nariz del olor de mi sexo.


Volví a jugar con mi clítoris, aprisionándolo con aquellos dos dedos, hinchado y sensible, transmitía un millón de pequeñas descargas eléctricas a mi mente. Empece a moverlos, primero uno, después el otro, como si tratara de sintonizar alguna cadena de radio. El placer era cada vez mayor, aumentaba en mi mente, haciéndome temblar entera, cerrar los ojos aun mas fuertes deseando que fueras tú quien presionaba de aquella manera mi botoncito. El ritmo de aquella caricia se hizo frenético, dejando que mi boca empezara a gemir. Una oleada de calor nació en mi espalda y descendió por mi sexo hasta mi clítoris. Mi cuerpo se tensó y mi mano se crispó, presionando aun mas mi clítoris, aumentando mi placer y la intensidad de este orgasmo, haciéndome gritar de placer, sin reparar en el sitio que ocupaba, solo centrada en aquella sensación, en aquel placer, en aquel clímax que me habías regalado, en las placenteras sensaciones que descubrí al abrir la puerta que habías puesto ante mí.


Cuando me recompuse de aquel orgasmo, volví a componer mi ropa y solté el cierre de la puerta del reservado, con la sana intención de recomponer mi pelo y el maquillaje. Al abrir la puerta, mi corazón dio un vuelco, allí apoyada contra el lavabo estaba mi amiga.......

4 comentarios:

May Keaton dijo...

Como siempre, un gran relato. Muy bonito y muy bien escrito. Me ha encantado.

Cariguay dijo...

Ola chicos tengo que dar la razón a May es un relato precioso.
Gracias Smeagol por estos relatos, sigue así y no cambies un beso

Irina dijo...

Gracias May guapa, me encanta que los leas y que te gusten. Un besazo

Irina dijo...

Gracias de nuevo cariguay, a mi también me parece un relato precioso.

Un beso, espero poder escribir más.