Aquel domingo, el tiempo era magnifico para montar en moto. Soleado, no muy caluroso y con una brisa agradable. Como es de recibo, desayuno ligero, equipo de moto-cross, mochila y al campo.
El polvo del camino, llena mis ropas, respiro parte de él. El camino me obliga concentrarme en los baches, desniveles, piedras y sobre todo en las raíces que de tanto en tanto aparecen surcando la pista. La moto va devorando con avidez los kilómetros de la ruta elegida. De pie sobre los estribos, ayudo a la moto con mis caderas en la dirección que tiene que seguir.
A media mañana, mi teléfono comienza a vibrar. Decido hacer un alto, para ver quien es y que quiere. Busco una sombra donde poder aparcar y llamo de vuelta a María, me pregunta cuando voy a volver a casa.
Aprovecho para sentarme un rato y descansar, las rodillas empiezan a molestar y no tengo ganas de acabar esta mañana con una bolsa de hielo sobre ellas.
Sentado sobre una roca me refresco con el agua que llevo en la mochila y me enciendo un cigarrillo, para relajarme. Estoy sentado al sol, que calienta mi cara y me hace caer en un ligero sopor. Gotas de sudor recorren mi espalda y hacen que mi esqueleto de protección se pegue al cuerpo.
Un sonido apagado llega por mi espalda, parece un gemido. Todo es cuestión de mirar. No se ve nada, la maleza llena el espacio tras de mí. Sigo absorto en mis pensamientos y otro gemido llega hasta mí. Si no fuera por que estoy en mitad de ninguna parte, diría que he escuchado gemir a una mujer. Presto más atención ahora y solo acierto a escuchar los ruidos típicos del campo, insectos, ramas que se mueven y hojas que se rozan y un gemido sordo. Intrigado por el sonido, me dirijo hacia el punto de origen. Avanzo a duras penas entre la maleza hasta la hilera de arboles que la enmarca.
Al llegar a los arboles, veo entre ellos un coche aparcado.
Unos metros por delante del coche, para mi sorpresa, una pareja esta dándose el lote a base de bien. Él, situado a espaldas de la mujer, le besa el cuello, mientras sus manos juegan con sus pechos, desnudos gracias a que su camiseta se ha enrollado en su torso y por lo que puedo observar, sujetador no lleva. Sus manos amasan los pechos, los estrujan, los pezones oscuros me indican que el tratamiento surte el efecto deseado. Con brusquedad, le quita la camiseta y sus manos se lanzan en pos del pantalón que apresuradamente desabrocha y baja, junto con unas braguitas blancas. La mano de él pasa entonces a la entrepierna. Comienza a masturbarla frenéticamente, mientras ella comienza a contorsionarse, presa de la excitación producida por las caricias que recibe en su sexo.
Mi sexo comienza a despertar fruto de la excitación que la escena me esta produciendo. Poco a poco él la empuja contra el coche. La sienta sobre el capó del coche y termina de desnudarla.
Completamente desnuda, con sus tetas moviendose libremente, con su coñito depilado y oscuro, con aquel culo, redondo, masivo y rotundo, es una visión embriagadora. La tumba sobre el capó y hunde su cabeza entre sus piernas. No es difícil adivinar lo que esta haciendo, y por los gemidos de ella, no debe de estar haciéndolo nada mal. Ella cruza las piernas por detrás de su cabeza y la aprieta contra su sexo. No tarda en alcanzar un orgasmo, gritando como una loca y contorsionándose sobre el capo del coche.
Mi mano se entretiene presionando mi miembro por encima del pantalón, mientras avanzo lenta y silenciosamente hacia ellos, buscando una posición de observación mas clara, que me permita apreciar mas los detalles de aquel polvo campestre. Ahora es él, quien se apoya en el coche y ella de rodillas delante de él le saca la polla. Un trozo de carne de tamaño más que respetable, que sale disparado al quedar libre del calzoncillo y que no tarda en desaparecer dentro de la boca de ella.
Su cabeza se mueve a un buen ritmo, con mamadas profundas que hacen desaparecer toda la longitud de aquel ariete en su interior. Garganta profunda. Él con la cabeza echada hacia atrás, gime, mientras ella comienza con los ruidos típicos de chupar una polla, una mezcla de succión y gorgoteo, por el exceso de saliva en su boca. Las manos de él se colocan en su cabeza y comienza a follársela. Va aplicando un ritmo de embestidas cada vez mas rápido, con acometidas rápidas y profundas, que, a buen seguro, están alcanzando su campanilla. No sé cuanto podrá aguantar aquel ritmo, pero yo, no creo que tarde mucho en terminar con mi masturbación. Mi polla dura y ardiente, esta siendo masajeada con frunción, arriba y abajo, dejando de vez en cuando todo el glande a la vista y las primeras gotas de liquido preseminal recorriendo la punta de mi sexo.
Él comienza a gemir mas profundamente y a acelerar el ritmo de sus enculadas. Debe de estar próximo a terminar, pero en ese momento se detiene. La coloca contra el coche, separa sus piernas y se escupe en la mano. Le esparce su saliva por el coñito y coloca la punta de su polla en la entrada. La coge por las caderas reteniendo el movimiento de retroceso que ella ha iniciado.
Y de un solo golpe se la cuela dentro.
Ella chilla como si la estuvieran partiendo en dos, aunque por la violencia de la embestida, no debe de andar muy desencaminada. Los temblores de su cuerpo me cuentan que se esta corriendo con aquella brutal estocada. Sus brazos antes estirados, se relajan y apoya su cara contra el capo del coche, mientras él, despreocupado, reanuda su follada. Le esta propinando unos envites duros y profundos que hacen que su cuerpo entero absorba la fuerza del golpe de sus caderas.
Mi placer va en aumento junto con mi falta de pudor y de pronto me encuentro a apenas dos metros de ellos, con mi miembro erecto entre mis dedos y machacandomela a un ritmo mas que aceptable. Él dirige su mirada hacia mi y con un movimiento de su cabeza me indica que puedo echarle una mano. No me lo puedo creer, menuda suerte la mía, siempre había escuchado historias de estas pero jamas pensé que protagonizaría una.
Me acerco hacia ellos, mientras me voy fijando en mi objetivo. Su boca, semiabierta, deja escapar constantemente gemidos y gritos de placer al ritmo que él hunde su herramienta en ella.
Se encuentra con los ojos cerrados, me imagino que intentando amplificar las sensaciones que aquella perforación de su ser le esta produciendo. Por fin estoy a su lado y con mucha calma coloco mi glande en su boca. Sus labios saborean el liquido que escapa por el ojo de mi ciclopeo amigo y como si de una bebida energética se tratara, abre su boca de par en par y se lanza a devorar mi miembro.
Su boca recorre con maestría toda la longitud de mi sexo, su lengua va humedeciendo cada centímetro de piel en esa zona y sus dientes hacen que mi prepucio suba y baje al ritmo de las embestidas de su pareja. De vez un cuando un gemido intenta salir de ella, pero el tratamiento al que la estoy sometiendo se lo impide. Golosa, sigue chupando incluso cuando un nuevo orgasmo la desmadeja sobre el coche. Termina totalmente echada sobre el capó, con las tetas aplastadas contra la chapa de coche por su peso y con su compañero aun asido a sus caderas y follandola cada vez mas rápido. Apenas si mueve sus labios, pero yo no ando con ganas de retirarme, así que aprovechando los impulsos de la follada, me acompaso con ellos y comienzo a la vez a follarle la boca. Le encanta, no por que lo crea, sino por que en cuanto siente que comienzo a bombear en su interior, su lengua se pega a mi polla y aumenta la sensación de roce que sus labios, enrojecidos por la mamada de antes, me regala.
“Ven que te voy a romper el culo, zorrita”, le dice su pareja, mientras se va echando en el suelo, ella apenas puede mantenerse en pie y le cuesta dirigirse hacia su destino. Pasa una pierna por cada lado de él, se agacha en cuclillas y coloca la punta de su rabo en el estrecho orificio de su ano. Con mucha calma se va dejando caer sobre él, al tiempo que su polla va abriéndose paso, dilatando su esfinter y escondiéndose en su interior toda entera. Sus ojos antes cerrados y su boca laxa, cambian con la enculada de él, abiertos como platos y gritando a pleno pulmón, se deja caer de un solo bote y queda ensartada en su sexo. Dos lagrimas recorren sus mejillas y sus manos se crispan poniendo blancos sus nudillos de tanta presión.
En aquella postura, el la atrae hacia si, haciendo que su coño se me ofrezca. Su enculada acelera el ritmo de sus gemidos, sus tetas botan en todas direcciones por sus embestidas y su coñito abierto y mojado, brillante por los jugos que escapan de su raja, hinchada por la follada de su pareja.
Me coloco entre sus piernas e hincando mis rodillas en el suelo apoyo la punta de mi polla en la entrada de su coño. Apenas encuentro el ritmo de las perforaciones de él, se la meto hasta el fondo. Se incorpora chillando y clavando sus uñas en mis hombros. Grita como una descosida, siento como se corre una y otra vez a cada cuatro emboladas. Mi polla se aprisiona en su coñito, rezumando flujo, con la penetración de su compañero, que al igual que yo, debe de sentir como nuestras pollas se entrecruzan en sus penetraciones, solo separadas por una fina capa de carne que moldeamos a nuestro placer.
Mis testículos empapados por la cantidad de flujo que ella destila, chocan contra los de el. Cada nuevo bombeo, me devuelve un chapoteo que hace que mi deseo se inflame aun mas. No deja de chillar, de gritar, de pedir más fuerza, de llorar. Mis dedos atrapan sus pezones y los aprietan y tiran de ellos, lo que la hace correr una vez más. Se desmadeja entre nosotros, él la sujeta por la espalda mientras nosotros aceleramos el ritmo de nuestra follada. Ambos buscamos ya acabar, creo que se puede dar por satisfecha.
Cuando siento mi corrida recorrer el camino hacia su coño, me separo de ella y continuo masturbándome. Él la deja en el suelo suavemente y poniéndose a mi lado, me invita correrme sobre ella. No hace falta convencerme mucho. Nos aplicamos a masturbarnos mas deprisa y en breves momentos comenzamos a disparar nuestro esperma sobre ella, que se revuelve en el suelo cuando comienza a notar como nuestras lechadas van manchando su cuerpo. Algunas gotas salpican su cara, un par de lechazos caen sobre su tetas y nuestras ultimas gotas embadurnan su pelo. Todo un espectáculo.
Me visto mientras el se acerca al coche a por una toalla. De rodillas junto a ella, le doy las gracias por un polvo increíble. Cuando él se acerca de nuevo, le felicito por su compañera y le doy las gracias. Me devuelve una sonrisa y un “Ha sido todo un placer”.
Vuelvo hacia mi moto, recordando las sensaciones de aquel encuentro y me dirijo de vuelta a casa tranquilamente, tampoco es que yo andará para mas fiestas. Al llegar a casa, María estaba esperándome. Después de ducharme y mientras comemos, le comento mi aventura, me pregunta excitada por como fue, por lo que sentí, por como había disfrutado. Nos sentamos a ver la tele. La programación es una pena. María juega con mi polla por encima del pantalón.
- “Me has puesto cachonda con tu historia, ¿ponemos un video y de paso me hechas un buen polvo?”, me pregunta.
Me acomodo en el sofá y me saco la polla flácida. Cuando María vuelve al sofá, se coloca de manera que puede chuparme la polla mientras mira la television, en la misma comienza un video casero.
En pantalla se ve como un coche se para en mitad de un camino. Una pareja baja del coche, la lejanía hace que no se aprecie muy bien, pero algo me llama la atención, el color del coche. Unos metros por delante del coche una pareja esta dándose el lote a base de bien. El hombre situado a la espalda de la mujer, besa el cuello de la mujer, mientras sus manos juegan con los pechos de ella, desnudos, gracias a que su camiseta se ha enrollado en su torso y por lo que se puede observar, sujetador no lleva. Sus manos amasan los pechos y los estrujan, los pezones oscuros indican que el tratamiento surte el efecto deseado. Con brusquedad, le quita la camiseta y sus manos se lanzan en pos de su pantalón, que apresuradamente desabrocha y baja, junto con unas braguitas blancas. La mano de él pasa entonces a la entrepierna. Comienza a masturbarla frenéticamente, mientras ella comienza a contorsionarse, presa de la excitación de las caricias que recibe en su sexo. Veo alguien entre la maleza, soy yo. María me ha grabado.
Vemos el video mientras follamos como locos. Que gran regalo, realmente me ha sorprendido. Cuando el video termina, nosotros ya nos hemos regalado un par de orgasmos. Aun resoplando y gimiendo, María me dice:
- “Se llaman Ana y Jose. Hemos quedado en que vienen a cenar y a recoger su copia del video, aunque después de verlo, antes tendréis que follarme los dos igual que a ella”.
4 comentarios:
De nuevo un maravilloso relato, de esos que al leerlos no puedo evitar mojar mis braguitas...
Excitante, sugerente, morboso,...
Muchas gracias por compartirlo.
joder macho, que buena paja a tu salud, bueno a la salud de todos los que salen en tu relato. Sigue por fa....
Como siempre May, tus comentarios dan alas a este blog.
Muchas gracias
Muchas gracias Cachorro.
Me alegro de haber conserguido el efecto deseado.
Un saludo
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