Bienvenida

¿QUE ES “Los bajos fondos de Mordor”?

Sintiéndolo mucho por la extensa legión de seguidores de Tolkien (entre los cuales me incluyo) no tiene nada que ver con la Tierra Media, ni con las leyendas élficas, ni de ninguna otra raza. Para mí son todas aquellas actitudes que secretamente muchísimos de nosotros tenemos guardadas dentro.

Esos deseos “oscuros” que jamás contamos a nuestros amigos, esos anhelos “extraños” que no podemos dejar salir por el miedo al que dirán, todas aquellas cosas que nos gustaría hacer pero que nunca llevaremos a cabo por que las personas “normales” jamás las hacen. El objetivo de este blog es intentar sacar a relucir todos esos pensamientos, comentarlos, mejorarlos y quien sabe, a lo mejor así ver que no somos tan “raros”.

Por todo lo anteriormente expuesto os pido vuestra colaboración y vuestra ayuda, a través de vuestra lectura, vuestros comentarios, vuestras aportaciones, si os apetece.

Al mismo tiempo aprovechar estas pocas líneas para agradeceros el tiempo y el esfuerzo que ello os pueda suponer, sabiendo siempre que cualquier colaboración, por pequeña e insignificante que pueda parecer, puede ser la clave para encontrar ese atisbo de normalidad que todos buscamos en lo que hacemos y deseamos para que nuestra vida y nuestra mente estén a gusto con ello.


Una y mil veces gracias.

Los bajos fondos de Mordor 2.0

LOS BAJOS FONDOS DE MORDOR 2.0

¿Que significa esto?

Pues es bastante sencillo. Quiero creer que es una mejora del estilo del blog, de los relatos en sí, de mi manera de expresarme y de mi deseo de una mayor calidad de todo el conjunto.

¿Son nuevos los relatos?

No. Básicamente son los mismos relatos pero, según mi modesta opinión, más evolucionados. Hace ya más de 4 años que tengo este blog, 4 años de experiencia, que en virtud de las creencias populares, mejoran al escritor tanto como al escrito. He cambiado algunas formulas, algunas palabras y detalles pues las circunstancias personales afectan a lo que se escribe y he intentado hacer éstos, mis relatos, más intemporales, más genéricos.

¿Los comentarios que hicimos a los anteriores relatos?

Los he guardado para mí. Al ser nuevos relatos, me ha parecido lo mas adecuado. Agradeceré enormemente cualquier nuevo comentario que podáis aportar a este blog.

¿Las colaboraciones también han cambiado?

He enviado a los colaboradores que colgaron sus relatos en mi blog, una propuesta de modificación. Puede que alguno cambie, pero no dependerá de mi, sino de su autor.


Espero que con estas 4 sencillas preguntas y respuestas haya aclarado la nueva versión del blog que encontrareis a continuación.


Un saludo a todos y espero veros pronto por estas paginas.


Cuernos

 
Era la primera vez que quedaba con ella. Apenas la conocía, solo que deseaba ponerle los cuernos a su marido, el único hombre que había conocido, y que por motivos que desconocía, se había decidido a buscar través de aquel chat una aventura.

Los nervios y la falta de costumbre se reflejaban en la tensión de sus puños cerrados, apoyados en sus rodillas, cerradas a cal y canto. Cabizbaja y callada apenas levantaba la vista ante mis preguntas, siempre contestadas con monosílabos. En mas de una ocasión pensé que se iba a echar a llorar y que al final no se atrevería.
- “¿Estas segura de lo que vas a hacer?”, le pregunté mientras conducía por la autovía.
- “Quiero ponerle los cuernos. Necesito engañarle, pero no sé como hacerlo, aunque preciso ser de otro hombre y por encima de todo necesito sentirme muy sucia, utilizada y sometida. ¿Me entiendes?”, contestó con apenas un hilo de voz.
- “Perfecto, no necesito saber mas”, fue toda mi contestación.

Un poco mas adelante observé un área de descanso. Allí iba a suceder. Mi mente empezó entonces a diseñar como someterla, como hacerla sentirse una autentica guarra, que era lo que me había pedido.

Detuve el coche en mitad de la zona de aparcamiento, vacía y apenas iluminada. Era el lugar ideal para mis intenciones y mi mente no tardó en empezar a ordenar mis deseos y fantasías. Bajé del coche y me dirigí hasta su puerta. La abrí y cogiéndola del brazo, con la fuerza suficiente para indicarle que no era una invitación, la hice salir del vehículo. La puse contra el capó. Su redondo trasero chocó contra el metal frío de la carrocería mientras mi boca se apoderaba de sus labios, comenzando a besarla.

Mi lengua peleaba con sus dientes para abrirse paso en su boca. Aun estaba reticente y sus brazos ejercían una tímida presión sobre mi torso para que me separara de ella. Pero la tenia fuertemente cogida por sus hombros y le iba a resultar muy difícil separarse de mi. Por fin su boca se abrió y mi lengua entró hasta el fondo, encontrándose con una lengua cálida y tímida. Sus brazos se relajaron y cayeron inertes a sus costados, se había rendido y no iba a desaprovechar aquella ocasión.

Mis dedos se dedicaron a soltar uno a uno los botones de su camisa. El sujetador blanco, liso y con relleno, apenas me dejaba entrever donde se encontraban sus pezones, así que lo deslice hacia arriba, dejando al aire sus pechos, pequeños y algo caídos por la edad y por los dos hijos que había amamantado. Sus pezones pequeños y oscuros estaban duros como pequeñas avellanas, pidiendo a gritos algo de atención. Cuando mis pulgares se pusieron sobre ellos, un temblor recorrió su cuerpo y llenó mi boca con un gemido que me indicó que aquello no había hecho mas que empezar.

Amasé los pechos en su totalidad. Los apreté. Los pellizqué y los sobé. Sus pezones fueron acariciados, tocados y por ultimo presionados mientras sus manos empezaban ya a posarse sobre mi cintura, empujando su bajo vientre contra el mio, buscando el contacto con mi sexo.

Mi boca se fue deslizando por su cuello y su torso hasta que llegue a la aureola del pezón derecho, que excitada mostraba toda su dureza. Mis dientes se apoderaron de su pezón, mordiéndolo hasta que sus manos en mi cabeza me indicaron “Así es como me gusta”. Mi lengua golpeaba la punta de su pezoncito y mi respiración erizaba toda la zona. Mis manos lejos de quedarse quietas, tiraban de la tela de su falda, enrollándola en su cintura. Después bucearon hasta su entrepierna, donde la humedad y la calidez de su sexo me confirmó que ya no habría marcha atrás.

Con un dedo presioné sobre el comienzo de su vulva, sus piernas fallaron un poco, pero el peso de mi cuerpo la sujetó contra el coche, tiré un poco hacia abajo, consiguiendo abrir un agujero en sus pantys, introduje bien mi dedo y de un tirón desgarre aquellos pantys. El sonido, la fuerza del tirón y el roce del dorso de mi mano sobre su coño hicieron que gimiera quedamente.

Me encendí del todo y proseguí con su pecho izquierdo mientras me deshacía de igual manera de sus bragas. Que quedaron colgando de sus caderas, rotas por el centro. Cogí entonces su chochito con toda mi mano, su humedad impregnaba mi palma y su calidez me hacia desear poseerla allí mismo, en ese instante, pero no podía hacerlo. Quería llevarla mas allá, hacerla mía, hacerla saber que ya siempre seria mía.

Mis dedos buscaron sus labios mayores y poco a poco los fui separando, apenas rozando su botoncito, jugaba a buscar su agujero y a dejar allí a la entrada mi dedo, mientras ella movía las caderas buscando una caricia mas profunda y aplacaba sus gemidos mordiéndose un dedo.

La senté sobre el capo del coche, con su culito desnudo y la tumbe suavemente sobre el mismo. Me arrodillé a su lado e introduje mi cara entre sus piernas, sus manos intentaron detenerme, un tímido "no" surgió de su garganta, pero no estaba dispuesto a hacerle caso. Mi nariz rozó su monte de venus y mis manos separaron sus piernas todo lo que pude. Olía a jabón, a sexo, a deseo. Estaba recién afeitada y se notaba que era la primera vez, no estaba muy bien hecho, pero esto aun me excitó mas. Mi lengua recorrió pacientemente los laterales de su coñito y después repasé con todo el grosor de mi lengua su vulva.

El sabor salado, la humedad que mi lengua recogía, la calidez de aquel sexo, hicieron que mi polla estuviera a punto de estallar en mis pantalones. Rodeé sus piernas con mis brazos, mis manos tiraron de su pubis y su clítoris quedó franco para mi boca, que se pegó a él como si fuera una lapa, mientras mi lengua jugaba con aquel apéndice. Comenzó a temblar, a gimotear, a convulsionar al ritmo de mi lengua. Sus gemidos se tornaron en gritos de placer al tiempo que parecía que ella se licuaba a través de su sexo y yo bebía desesperadamente cada gota de placer que me regalaba.

Creo que fueron dos orgasmos los que me regaló metido entre sus piernas. Me incorporé mientras ella aun luchaba por recuperar la respiración, dándome las gracias entrecortadamente.

La baje del coche y la desvestí de cintura para arriba, su camisa en el suelo y su sujetador sobre el techo del coche. Le dí la vuelta y la incliné sobre el coche, sus tetas se chafaron contra el coche por la presión de mi mano en su espalda. Con mi pie separé sus piernas. Bajé la bragueta de mi pantalón y saqué mi miembro. Lo apoyé sobre la entrada de su coñito. No me moví, solo disfruté de su calidez, esperando su reacción. Intentó echarse hacia atrás y penetrarse ella misma, pero pude contenerla. Cogí sus manos y las lleve a su espalda, asiendo ambas con mi mano izquierda. Presioné un poco y mi glande empezó a excavar su coñito.

Gimió, sus piernas temblaron. Toda ella era un temblor que desprendía un calor increíble. Así fuertemente sus muñecas y de un empujón entré hasta el fondo dentro de ella. Gritó, mezcla de dolor y de placer. Yo quería partirla en dos, reventarla de un pollazo, pero lo que conseguí fue que se corriera como una cerda. Chillaba y temblaba al tiempo que su cuerpo se movía para sentir aun mas dentro mi sexo. La tenia completamente ensartada. Mi miembro se alojaba totalmente dentro de ella y sentía como mis cojones golpeaban su sexo. Sus fluidos me mojaban el pantalón.

Comencé a follarla, fuertemente, sin compasión. Mi sexo casi salia completamente de ella y volvía a entrar de un solo golpe. El coche amortiguaba las embestidas. Ella gritaba pidiendo mas, diciendo que se corría, que no parara, que mas fuerte, que la estaba partiendo, un galimatias sin sentido que me hacia penetrarla mas fuerte. Tiré un poco de sus muñecas e hice que se incorpora un poco, lo justo para que mis dedos pudieran alcanzar sus pechos y pellizcar sus pezones. Cada nuevo pellizco era un orgasmo. Estaba desatada, entregada, gozando como una perra y me gustaba verla así, con la cabeza echada hacia atrás, el pelo desmadejado, sus ojos cerrados y su boca recogiendo aire a bocanadas. Sus glúteos empezaron a ponerse colorados debido a los golpes de mis caderas y su coño era un estanque de jugos en los que mi polla buceaba, buscando mas profundidad.

En aquel estado no me fue nada difícil darle de nuevo la vuelta. La puse mirándome de frente y la tumbé de nuevo sobre el coche. Levanté sus piernas y las puse sobre mis hombros. Dirigí con mi mano mi polla hasta su coñito y de nuevo empece a follarla. Pero esta vez despacio, muy poco a poco, suavemente, disfrutando de cada empellón, de cada milímetro de penetración. Se corrió una vez mas y se dejo caer rendida, entregada, vencida por el placer que estaba recibiendo.

Mi dedo pulgar buscó su clítoris y lo presionó mientras yo aumentaba el ritmo de mis enculadas. Sus orgasmos eran cada vez mas seguidos, apenas podía respirar por el nivel de sus gritos. Mi clímax se acercaba, sentía como descendía por mi columna. Una oleada de calor me quemaba las entrañas y no iba a poder contenerme mucho mas.

Aceleré aun mas las embestidas sobre su sexo y le grité que me mirase. No me oyó y se lo volví a gritar. Sus ojos ausentes se fijaron en los míos. Me estaba corriendo. Me iba a vaciar en ella y un grito subía por mi traquea, quemando mi garganta y obligándome a chillarle mientras la inundaba con mi esperma. Ella se corrió también al sentir mi lechada. Sus ojos se pusieron en blanco mientras su cuerpo se tensaba.

Estaba rígida, su pecho parado y su boca desencajada. Un sonido parecido a un “Si” se escapó entre sus dientes, al tiempo que sus uñas se clavaban en mis brazos. Su coñito se contraía espasmódicamente y pronto su espalda se arqueó al ritmo de mis bombeos de semen. Me estaba derramando entero. No dejé una gota dentro de mi, me vacié entero dentro de ella.

Mi sexo se escapó de su cueva, colgando inerte. Una gota de esperma asomaba de mi glande. Con mis dedos recogí lo que salia de su vagina, una mezcla de jugos vaginales y esperma, introduciendolo en su boca, ella, obediente, chupó mis dedos y los dejó completamente limpios.

Cuando me repuse, la baje del coche y la besé en la frente. La rodeé con mis brazos, estrechándola contra mi cuerpo. Aun estaba temblando. Sus piernas apenas podían sostenerla y se aferraba a mi con todas sus ganas. Podía sentir el calor de su cuerpo.

Entonces nos dimos cuenta. Un coche estaba aparcado a menos de cinco metros de nosotros. No podíamos apreciar cuanta gente había dentro pero lo que si era seguro es que habían disfrutado de todo el espectáculo. Tímida y avergonzada, se escondió contra mi pecho, hundiendo su cara contra él. La acompañé hasta la puerta y la ayudé a sentarse. Recogí su ropa desperdigada por el suelo y el coche y me senté al volante.

Cuando terminé de arreglarme la ropa, ella aun estaba encogida sobre el asiento, pero mirándome. Mirándome con una expresión totalmente diferente a la que yo había visto al recogerla en la puerta de aquella cafetería. Era una mujer diferente, una mujer plena y satisfecha. La ayudé a ponerse el sujetador y la camisa, le desenrollé la falda, no sin antes quitarle los restos de aquellas bragas blancas de algodón. Cuando me puse al volante la miré a los ojos y ella me preguntó:
- ”¿Y ahora que?”.
- “Ahora ya le has puesto los cuernos a tu marido, asi que tu diras”.
- “Ahora quiero hacerlo en la cama del cerdo de mi marido”.


Te la debia

Durante nuestra vida, el devenir diario nos enseña su capacidad de asombro. Nos encandila con giros del destino imprevistos, agradables unos, no tan buenos otros, pero siempre dejándonos presente que, parafraseando a un estratega de cuyo nombre no consigo acordarme, “Ningún plan de batalla sobrevive mas allá del primer contacto con el enemigo”.

Aquella tarde, por fin, conocí a Sabrina. Nos habíamos mensajeado a través de uno de los múltiples foros que visito. Comenzamos hablando de lo terrenal y acabamos como era de esperar, llevando nuestro ciber-coqueteo a la realidad.

La cerveza inicial se solventó con una conversación sobre nuestros gustos, fantasías y experiencias, mientras mi mirada se pasea por su silueta, imaginando las formas y volúmenes que su ropa disimula. Con las tapas nuestra conversación se vuelve más íntima y mis manos buscan sin disimulo sus manos y sus muslos.

El café es el pistoletazo de salida. Al cambiar de local, elegimos una cafetería un poco más íntima donde poder sentarnos en una mesa. Nuestras bocas susurran al oído cuanto nos decimos. Mis labios aprovechan estos momentos de cercanía para deslizarse furtivamente sobre su cuello y no debo de estar haciéndolo mal, pues cada beso conlleva un apretón en mi mano, que reposa distraída sobre su pierna izquierda.

Cuando ella me da permiso, mis labios buscan los suyos. El contacto nos hace temblar, sus labios carnosos me reciben un poco tensos, pero en lugar de retroceder, me aplico a un beso más suave, más delicado, apenas rozando sus labios, aspirando el aroma de su barra de labios y esperando a que su rigidez desaparezca. Apoyo mi mano en su nuca y mis dedos acarician la piel que su blusa deja al descubierto, sintiendo como se eriza al paso de las yemas de mis dedos.

La profundidad de sus besos aumenta. Mi lengua explora decididamente su boca y saluda con entusiasmo a la suya. Mi mano avanza furtivamente por su muslo, en dirección hacia su entrepierna. Un gemido se ahoga en mi boca cuando mis dedos alcanzan el borde sus medias y sus piernas se cierran ligeramente marcándome la frontera de mi caricia. Mi mano retrocede entonces hasta el punto inicial, hasta que su mano se apoya en mi muñeca y me guía dulcemente en el camino hacia su monte de venus.

Sus piernas se abren lentamente al paso de mis dedos. Cuando por fin alcanzo el final de sus medias, el roce con su piel, tibia y sedosa, hace que un temblor recorra su cuerpo. El tacto del encaje de su ropa interior me indica que he llegado al destino soñado. Está húmedo. Mi índice dibuja pequeños círculos sobre su pubis, dejándose caer cada vez un poco más hacia su vulva. No tardo en alcanzar la depresión de sus labios mayores y aplico una ligera presión en el nacimiento de su valle íntimo.

Su espalda se arquea ligeramente, sus besos se tornan más apasionados y sus manos se ciñen a mi cintura. Sus labios se separan de los míos y me mira intensamente. Mi dedo continúa su viaje, explorando su sexo, por encima de la tela ínfima de su ropa interior. Acaricio con suaves y rítmicos movimientos el nacimiento de su clítoris que noto endureciéndose, al tiempo que sus ojos se cierran. Se muerde el labio inferior y sus dedos se clavan en mi cintura.

Se deja caer un poco sobre el sillón, ofreciéndose un poco más a mis caricias. Me vuelvo mas atrevido aun y mis dedos recorren todo su sexo por encima de sus braguitas, completamente mojadas. Mi caricia se vuelve más sexual, más fuerte, más profunda. Los gemidos, que Sabrina apenas puede contener, me marcan el ritmo y la velocidad de mis dedos. Sus caderas comienzan a ayudarme con ligeros movimientos que acentúan aun más mi presión sobre su intimidad.

Cuando la intensidad de sus gemidos hace que no pueda controlarlos, los acalla besándome de nuevo, pero esta vez sus manos presionan mi cabeza contra la suya, haciendo que nuestro beso amortigüe el sonido de su placer. Mis dedos aumentan la fuerza de la caricia y la velocidad de la misma, mientras sus caderas me ayudan a darle más placer.

Su cuerpo se tensa al alcanzar su primer orgasmo. Sus piernas se cierran de golpe, aprisionando mis dedos en su entrepierna, mientras sus caderas continúan con un ritmo mas pausado, disfrutando de las sensaciones del orgasmo. Su placer, cae enteramente en mi boca, en forma de gemido y de respiración agitada. Su pecho sube y baja aceleradamente.

Nos separamos lentamente, mirándonos el uno al otro.
- “La mano es mía”, le digo relajadamente. Sabrina estalla en una carcajada, liberada y tranquila. “Y ahora, ¿qué?”, le pregunto.
- “Ahora, necesito que termines lo que has empezado”, afirma, “Muéstrame ese mundo nuevo que me contaste”.

Como dos niños planeando la travesura del siglo, nos dirigimos hacia el local que había seleccionado para su bautismo. Su mano aprieta la mía con fuerza al traspasar la puerta de entrada. El ambiente oscuro y cargado del lugar nos envuelve y activa en mi el modo perverso. Al llegar a la barra solicitamos nuestras bebidas y la acompaño en un pequeño tour de reconocimiento del lugar. Algunas parejas y gente sola pulula por el lugar. De fondo los gemidos de una mujer gozando aparecen sobre la música ambiente.

Regresamos a la barra y nerviosa me interroga sobre todo cuanto ve, oye y siente. Su mirada recorre todo el local y a la clientela, mientras nerviosa juega con su bebida. Sentada en la butaca de la barra, su pierna se mueve a un ritmo descontrolado. Mi mano se apoya de nuevo en su muslo buscando tranquilizarla, pero cuanto consigo es un respingo de puro nerviosismo. Una sonrisilla nerviosa se instala en sus labios. La tranquilizo hablándole al oído, mientras mi mano la pone aun mas nerviosa al internarse de nuevo en su falda. Intenta detener mi avance, pero sin demasiada convicción.
- “Cierra los ojos. Piensa que estas en la cama y deja que fluya todo”.

Suavemente desabrocho los dos botones de arriba de su camisa y deslizo sus senos fuera del sujetador y de la blusa, dejándolos al aire, a la vista de todos los clientes del local. Sus aureolas hinchadas y oscuras no mienten. Mis labios saborean cada una muy despacio. Las chupo, las aprieto, las muerdo mientras sus manos cerradas nerviosamente empujan mis hombros hacia atrás sin mucha fuerza y ningún éxito.
- “Por favor, quítate las braguitas, déjalas en la barra y siéntate de nuevo”, le susurro al oido cuando un gemido se escapa de sus labios cerrados.

Su mirada refleja el pánico que siente por lo que le acabo de pedir, pero también la excitación que inunda su cuerpo. Lentamente se pone de pie. Con sumo cuidado desliza sus manos por debajo de la falda y sin mostrar mas de lo necesario va bajando su braguita. Cuando llega a la altura de las rodillas me ofrezco para ayudarla y de rodillas delante de ella, termino de quitarle las braguitas, que resultan ser un tanga de encaje morado. Están muy húmedas. Huelen a placer, a sexo, a deseo. Me incorporo y dejo el tanga sobre la barra.

Mi mano ocupa de nuevo el interior de su entrepierna. Esta vez, sin la oposición de la tela de su ropa interior, sus piernas se van separando al paso de mis dedos, dejándome el paso expedito hasta su sexo, rasurado, húmedo y cálido. Su cuerpo se tensa y se relaja en función de las caricias a las que la someto. Mi dedo indice busca la entrada a su sexo y la penetro sutilmente. Se abre para mi ayudada por la lubricación que destila su coñito ansioso.

Allí sentada, con su pecho expuesto a toda la clientela, su tanga sobre la barra del local y con mi mano en su sexo, con un grito de placer se estremece cuando dos falanges de mi indice entran en ella. Continuo masturbandola aunque sus manos intentan evitarlo. Aumento la velocidad de mi penetración digital paulatinamente, al tiempo que su cuerpo comienza de nuevo a marcarme con las caderas el ritmo. Su cuerpo se arquea nuevamente, su cabeza se deja caer hacia atrás, sus dedos pellizcan salvajemente sus pezones mientras grita a todo pulmón el orgasmo que la sorprende allí sentada, en mitad de aquel local a la vista de todo el mundo y una oleada de flujo tibio moja mis dedos, sus piernas y su falda.

La beso apasionadamente, disfrutando de los temblores que recorren sus labios y mi dedo aun siente los espasmos de su coñito. Me retiro lo justo para poder mirarla a los ojos y preguntarle si desea continuar, pero no es necesario, sus ojos me contestan con un sí irrefutable.

Guardo su tanga en el bolsillo trasero de mi pantalón y la ayudo a levantarse, sus piernas todavía tiemblan un poco, mezcla del placer y de la situación. La abrazo junto a la barra y sin previo aviso la levanto hasta dejarla sentada en ella. Miro a mi alrededor e indico con un ligero movimiento negativo de cabeza al camarero que no deseamos ser molestados en ese momento.

Levanto su falda y atraigo su culo hasta el final de la barra. Me zambullo completamente entre sus piernas. Huele bien, un olor embriagador que me hace desear aun mas el festín que se muestra ante mí. Su coñito aparece abierto, brillante por los jugos de su corrida, palpitante por la excitación, rosado por el aumento de sangre en sus capilares y buscando su premio. Apoyo la punta de mi nariz en su pubis y aspiro profundamente para embriagarme de su aroma. Mi lengua recorre lentamente los laterales de sus labios mayores. Sabe bien, salado, intenso.

Con la punta de mi lengua separo sus labios mientras asciendo buscando la dureza de su clítoris. Cuando su cuerpo se tensa de nuevo su pequeño botón rosado se encuentra bajo las caricias de mi lengua. Al principio despacio, luego más rápido, propino pequeños y dulces golpes con mi lengua en su punto mas inhiesto. De nuevo los gemidos, gritos y movimientos de caderas me acompasan a su placer. Sus manos aferran mi cabeza, empujándome hacia ella, pidiéndome mas contacto con su sexo, mas fuerza en mis caricias. Otra vez se deja caer relajada y vencida al recibir otro orgasmo.

Mis dientes atrapan entonces aquel pequeño clítoris entre ellos y mi lengua, en una sucesión rápida martillea su clítoris, haciendo que el valle de su orgasmo comience a ascender muy deprisa. Hasta llegar a un nuevo orgasmo que radia a todo el local a pleno pulmón. Mi lengua plana y relajada lame toda su vulva, recogiendo su flujo y disfrutando de su sabor. Aun esta tiritando por la intensidad del ultimo orgasmo y necesito que esté más relajada. Me aplico a seguir lamiendo dulcemente su coñito, pero mi lengua al mismo tiempo va separando sus labios, dejándome una vista perfecta de su coñito. Observo como una gota de flujo se escapa de su interior resbalando por su piel hasta terminar impregnando su falda.

Levanto la mirada, entrelazándola con la suya. Ya no se atisba el pánico, ni la duda, ni la incertidumbre, solo el deseo, el deseo animal puro. Sus ojos se abren como platos cuando mis dos dedos entran en ella sin aviso, de golpe, hasta que mis nudillos alcanzan su perineo. Chilla pidiendo más. De nuevo su clítoris es atendido por mi lengua, recorriendolo en círculos mientras mis dedos taladran su coño salvajemente. Arqueo ligeramente los dedos dentro de ella buscando una zona rugosa dentro de su húmedo sexo. Me aplico a presionar aquella zona. Se retuerce salvajemente. Sus espasmos casi me impiden chupar su clítoris, pero con la otra mano ciño su cuerpo a mí. Aumento el ritmo de mis acometidas tanto con mis dedos, como con mi lengua y su orgasmo nos sorprende a los dos. Grita, chilla, resopla, maldice. Adoro verla así. Una serie de sacudidas recorren su espalda al tiempo que hacen que su cuerpo se tense y relaje con una velocidad espasmódica. Un torrente de líquido es expulsado de su coñito, yendo a parar a mi cara, a mi cuello, a mi camisa, a sus piernas, a su falda y al suelo y la barra del local. Me quedo totalmente quieto, dejando que sea ella la que maneje el descenso desde su clímax.

Me incorporo y la beso. Me devuelve salvajemente el beso, como si hiciera un siglo que no besara. No le importa que aún tenga su esencia sobre mí, me besa sin miramientos. Su cuerpo continúa bajando de su orgasmo con ligeros temblores que acentúan su placer, pues mis dedos aun están dentro de ella.
- “Follame”, me chilla al separarme de ella y clavando su mirada en mi.

Jamás un hombre se ha negado a cumplir una orden así. La ayudo a bajar de la barra y la acompaño hasta uno de los cuartos. Entramos y cerramos la cortina. No quiere compañía esta vez. Tampoco me importa. Hoy es su día. Nos desnudamos rápidamente y cuando la abrazo para besarla, me empuja hacia la cama. Me dejo caer sobre ella. Avanza hacia mí muy lentamente. Se contonea y me deja admirar su cuerpo totalmente desnudo, excepto por las medias y los zapatos de tacón que aun lleva puestos. Viene hacia mí como una pantera hacia su presa. Camina firmemente sobre la cama y se deja caer sobre mí.

Su coñito húmedo y ardiente se coloca sobre mi polla y sus manos en mi pecho. Me mira con lujuria. Mi sexo intenta levantarla, pero no puedo más que acrecentar la presión sobre su sexo. Cierra los ojos para disfrutar de ese momento y sus manos se crispan sobre mí. Lentamente desliza sus manos hacia mi vientre. Me araña sin compasión. Mi piel arde allí donde sus uñas han dejado un rastro de rojez encendida. Lentamente se desliza por mis piernas mientras se agacha hacia mi sexo. Lo devora. Gimo por la sorpresa y la intensidad de su felación. Sus labios chupan mi sexo, recorriendo mi miembro en toda su extensión. Su lengua lame con cuidado y paciencia, de una forma que mas que placer parece que quisiera torturarme. Su mano acaricia, estruja y sopesa mis testículos, sin orden ni concierto.

Aumenta el ritmo de la mamada que me esta regalando, cambia de cadencia, de velocidad, de manera de chupar, bien con los labios, bien con la lengua. Me masturba mientras me regala una mirada de esas que parecen decir “te voy a dejar totalmente seco, nene”. Suelta mi miembro y comienza a clavárselo en la boca muy despacio. Milímetro a milímetro va devorando mi sexo. Se para un segundo, me deja con la intriga de que hará y a continuación abre un poco más su boca y engulle todavía más. Llego hasta el final de su boca, lo noto en la cabeza de mi polla, toma fuerzas y de un último empujón se la traga hasta la base.

Durante unos segundos se queda parada, con mi polla completamente ensartada en su garganta. Me imagino que para acostumbrarse a su tamaño. Empieza de nuevo a meterla y sacarla de su boca. Mis manos cogen su cabeza y empiezo a mover mis caderas follándome su boca. Que suave, que cálida, que húmeda.

Una arcada la obliga a soltar su presa y cuando levanta la mirada, sus ojos están llenos de lagrimas, el esfuerzo ha sido grande, pero ha merecido la pena. Mi polla esta dura como el cemento, apuntando al cielo, recubierta de su saliva y vibra por la ansiedad de enterrarse en su coñito.

De nuevo se pone de pie, avanza hasta mi entrepierna y despacio se acuclilla sobre mi. Cuando su coñito toca mi sexo, su mano lo dirige diestramente hasta la entrada de su cueva. Durante unos instantes que se me hacen eternos, ella aguanta en esa posición, siento el calor de su sexo bajando por mi miembro, su humedad resbalando por la suave piel de mi polla, sus temblores de excitación sobre mi glande. Cierro los ojos y entonces se deja caer, decididamente, sobre él.

De un golpe se ensarta hasta el fondo. Estalla con un grito que debe de oírse en todo el local. Se queda clavada en mí. Siento su coño aprisionando mi verga, su humedad me envuelve, su calor me abrasa, su olor me embriaga. Comienza con ligeros movimientos circulares, apenas se mueve, pero siento su coño pivotando sobre mi polla. Sus manos se hacen cargo de sus pezones y se pellizca ferozmente, mientras gime. No tarda en correrse. Es un autentico placer sentir como se corre una mujer fuente con tu sexo dentro de ella. Una oleada de calor invade mi pubis.

Apoyando sus rodillas en la cama, se deja caer un poco hacia atrás y comienza de nuevo a follarse. Ya no creo ni que sepa que estoy aquí, no soy más que el instrumento que le permite disfrutar de una buena sesión de sexo y eso me enorgullece aun más. Acelera el ritmo de sus bruscos movimientos de cadera. Su mano derecha baja hasta que sus dedos alcanzan el clítoris, inflamado de deseo y de nuevo una sinfonía de gemidos, gritos e improperios varios anuncian su placer. Nuevamente me baña con sus flujos y me encanta.

Pero se levanta. ¿Qué hace?. ¿Por qué?.

Se da la vuelta y ahora me cabalga de espaldas a mi. Su culo redondo, grande, terso, duro, se mueve delante mío. Con sus manos apoyadas en mis rodillas hace fuerza para clavarse aun más en mi sexo. De nuevo acelera, tiembla, gime, grita y de nuevo me inunda con su cálido fluido. No puedo resistir más y mi mano se estrella salvajemente contra su glúteo derecho. Un grito, que apenas distingo si de dolor o de placer, se escapa de su garganta. Comienza a moverse sobre mi polla. Una segunda palmada me confirma que el primer grito fue de placer. Con la tercera palmada, una marca roja que dibuja la silueta de mi mano aparece sobre su glúteo.

Un nuevo orgasmo de ella me sorprende, además esta vez al estar observando como mi mano se marcaba en su glúteo, observo como su sexo vuelve a bañarme. Ahora se echa hacia atrás. Apoya sus brazos en mi pecho y deja caer su peso sobre mí. Con las piernas totalmente abiertas y flexionadas. Se queda quieta durante un instante. Mueve sus caderas muy despacio mientras grita como una descosida. Pero mi concentración disminuye al notar una ligera brisa de aire en mis testículos. Apenas una sensación que hace que centre mis sentidos en aquella zona. De repente ya no es una ráfaga de aire. Es una lengua, una lengua esta lamiendo mis cojones, chupándolos muy despacio, una boca que los aprisiona dentro, en una celda de dientes y carne. Los deja escapar muy despacio, uno a uno.

La boca misteriosa abandona mi zona testicular y por los gemidos de Sabrina no debe de andar lejos de su clítoris. El placer que recibe de aquella boca hace que aumente el ritmo de su follada. Me cuesta no correrme. Pero aguanto preguntándome quien será el/la propietario/a de esa boca tan generosa. La saliva que ha dejado por mi escroto, se enfría por el aire que provocan sus movimientos. Pero no se olvida de mi, su mano, pequeña para un hombre, acaricia suavemente mis testículos. Sabrina no tarda en anunciar que se corre, aumentando el ritmo de sus movimientos de caderas. No puedo más. Voy a correrme yo también. Cuando Sabrina estalla en otro orgasmo, siento como una ola de liquido ardiente, de puro placer sexual, sale despedida de su coño encharcando cuanto encuentra a su paso. Los espasmos de su placer, hacen que el mío no pueda ser frenado. Sabrina se deja caer un poco hacia atrás, lo justo para que mi sexo escape de su celda anegada, acabando dentro de la boca misteriosa.

Con dos movimientos magistrales de esa boca, me descargo en un orgasmo salvaje. Mi cuerpo se tensa, mi respiración se corta y mi vista se nubla. Un escalofrío recorre mi espalda al tiempo que descargo mi esperma en su boca. Con cada golpe de mis caderas un borbotón de esperma pinta su paladar. No se aparta ni un ápice de mi sexo. Engulle con avaricia hasta la ultima gota y continua chupando y sorbiendo hasta dejarme totalmente seco. Continuando hasta dejarme la polla completamente reluciente de su saliva.

Cuando Sabrina se deja caer a mi lado por fin deja mi campo visual libre para descubrir que es Ángeles quien nos ha practicado el sexo oral a ambos. Ángeles, mi pareja, mi cómplice.

- “No me mires así, Sabrina es una vieja amiga que tenia ganas de presentarte, además te la debía por lo del aparcamiento”, me dice Ángeles con una sonrisa triunfal y un rastro de semen en la comisura de sus labios.

Chambre 114 - Habitacion 114. Colaboracion D.

La journée était lente et fastidieuse, en essayant de me concentrer sur ce que j'avais à faire, mais venait à mon esprit tes mots qui promettaient une soirée pleine et passionnante. Mon esprit vagabondait et je rougissais, les gens avaient remarquer mon embarras et voulaient savoir ce qui me distrayait.

Un message sur mon téléphone “Chambre 114”. Mon cœur battait la chamade, des millions de papillons prenaient leur envol sans pitié, mon rythme cardiaque s‘accélérait, j'étais finalement en mesure de sortir de mes obligations et me préparai à aller à ta rencontre.

Que ferai-je?. Que dirai-je?. Que voudrais-tu?

La route était devenue éternelle, le chauffeur de taxi m’ avait parlé des vertus de Strasbourg et j’ avais à peine prêter attention. Mon esprit était déjà près de toi, plus que quelques minutes qui restaient, pour t’embrasser et te sentir en moi.

Je ne savais pas si tu serais même là, j'allais, je montais l‘ascenseur, mon cœur battait la chamade, mes jambes tremblaient, mon désir augmentait à la porte, je t'appelai.
- “Bonjour ma belle, ou est tu?”.
- “En bas, à l’accueil”.

Tu avais ouvert la porte et m’avais vu, debout en face de toi, interminables secondes, regardant, caressant avec tes yeux, souriant, me prenant par la main et refermant la porte derrière moi, un câlin intense et profond, nous pouvions presque entendre les battements du cœur de l’autre.

T'as pris mon visage entre tes mains, me regardant intensément et, enfin plus près de ta bouche à la mienne, nos lèvres et nos langues ont fondue. Commençant une bataille unit. Donnant propre vie à nos mains, caressant nos corps, touchant toutes les régions de l'autre corps, comme étant coller l‘un à l’autre, en chuchotant nos noms, court, très court.

Nous dévorant, éteignant ce feux contenant tant d’heures de conversation. Ta main, impétueux dans mon pantalon et obtenant à l’intérieur, cherchant, creusant, tandis que ma main caressait ta poitrine. Les jambes ouvertes par instinct, par impulsion et tes doigts cherchant ma chatte humide, et les sons quand tu trouves mon humidité, un gémissement s’échappant de la gorge, un gémissement qui a été éteint par un autre baiser. Les doigts, experts et douces montant et descendant ma chatte, me faisant frissonner de plaisir.

Ma main touchait ton sexe, en érection et en position verticale, en vertu de la fermeture éclair, pour librement le caresser, je me suis agenouillée à tes pieds et commençai a caresser ta bite tendrement puis avec avidité, en la prenant dans ma bouche pour sentir comment elle se développe, grandit et durci, enveloppant avec mes lèvres et caressant avec ma langue de tes testicules à la pointe. Il voulait tout à la fois Carlos. J'avais tu besoin pour moi, quand je pensai que tu étais sur le point de jouir, j’étais remonter et tu m’avais apporter sur le lit.
- ”Pas encore”. Me disais-tu tendrement.

Nous couchés dans le lit, devenant rassasiés des innombrables orgasmes, nous avions emmener des vêtements qui nous enfermaient, dans le calme et sans bruit, à la recherche du plaisir des yeux et des sens, la sensation d’être dévêtue devenais de plus en plus brulante, ce qui faisait monter encore plus mon ardeur.

Souriant, en touchant tout les coins, jouant avec tout les coins, chaque centimètre de peau. Je pensais à la couleur jusqu à mes joues, je fermais les yeux pour savourer le plaisir d’être caresser par toi. Tes doigts agités de jouer avec ma chatte humide, les lèvres de ma chatte ouverte, touchant mon clitoris, caressant, mourant d’envie de sentir ta langue, tu le savais et me faisant attendre, me caressant, embrassant l’intérieur de mes cuisses.
- Carlos s’il te plait”.

Enfin c‘était ta langue sur ma chatte, douce, lente, follement lente, je profitais de chaque contact, chaque caresse, chuchotant ton nom, murmurant le mien, et enfin, t'abandonnant au plaisir de dévorer ma chatte, pour s’imprégner de l'odeur, sa saveur, sa texture, quand j’ai sentit que tu me pénétrais avec un doigt, j’explosais de plaisir. Une vague de chaleur à travers mon corps tendu et j'ai su que mon orgasme avait exploser, éclater dans ta bouche, la remplissant de débit, de débit mielleux à chaque coup de langue.

Notre désir à se prononcer à nouveau, nous voulions plus, je le sentais en moi, j’en avais besoin. Nous couvrons l'autre corps de baisers et de caresses inventés, tu traversais mes seins de ta langue, emprisonnai mes mamelons avec tes doigts, à chaque coup, de nouveaux chuchotements, de nouveaux gémissements, nos nom prononcés d’une autre manière, tu te plaçais au dessus de moi pour regarder mon corps et dans les yeux.

Ta bite, excité, la recherche de mon site, un endroit humide et chaud, mes jambes ouvertes, la mendicité que tu viennes à moi. Mes jambes jusqu'à tes épaules, tu étais sur les genoux, je pouvais regarder ton visage transformé par le désir, ta voix devenait plus profonde, grignotant tes lèvres et se préparant à entrer en moi. Jouant avec ta bite à l'entrée ma chatte, mettant dans la pointe et tirant en arrière, arrachant des gémissements de moi, en me caressant le clitoris qui était gonflé et rouge de plaisir et de désir. Tu mettais tes doigts dans ma chatte humide et les jours je suce pour ça.
- “Mmmm, Carlos, baise-moi, s'il te plaît, fait le maintenant”.

Encore une fois, mettant ta bite à l'entrée, mais cette fois cloué au fond, une fois enfin. J'ai à l'intérieur, comme tant de nuits que j'avais rêvé, plusieurs nuits que je voulais, les hanches commençaient à se déplacer à un rythme et cadences mesurées, nous avions fermés les yeux, j'avais contracté mes muscles vaginaux, emprisonnant ton sexe à l'intérieur de moi, essayant de serrer, de prendre tout ce que tu avais.

Tes boules se heurtaient dans ma chatte, ce bruit qui me rend fou, tandis que tes mains se resserraient et pétrissaient mes seins. Nous augmentions le rythme, la sueur, gémissant. Tout à coup remarquant à quel point ton corps tendu et ton orgasme étant proche du fouet sur le dos et devant toi se répandant enfin en moi, comme nous l'avions souvent rêvé, je serrai ta bite une dernière fois en moi et tu versais, en me donnant tout ton lait, ce qui revient à remplir ma totalité du flux, nous trempions dans un climax unis et brutal.

Tu tombais sur moi, murmurais des mots que je ne pouvais pas comprendre, et nous restions ainsi, l’un dans l'autre pour longtemps.


El día transcurría lento y tedioso, intentaba concentrarme en lo que tenía que hacer pero venían a mi mente tus palabras, las promesas de una noche excitante y apasionada. Mi mente divagaba y yo me ruborizaba, la gente notaba mi inquietud y me preguntaban el motivo de mi distracción.

Un mensaje en mi móvil, “Habitación 114”. Mi corazón da un vuelco y un millón de mariposas rebeldes revolotean si piedad. Mi ritmo cardíaco se acelera. Por fin puedo librarme de mis obligaciones y me dispongo a ir a tu encuentro.

¿Qué haré?. ¿Qué diré?. ¿Qué harás tú?.

El camino se hace eterno, el taxista me habla de las bondades de Estrasburgo, y yo apenas le presto atención. Mi mente esta contigo, en los pocos minutos que quedan para besarte y sentirte en mi.

No sabia si estarías allí. Entro en el hotel. Me meto en el ascensor. Mi corazón late desbocado, las piernas me tiemblan, mi deseo se incrementa. Me detengo frente a la puerta y te llamo al móvil.
- “Hola preciosa, ¿dónde estás?”, contestas casi inmediatamente.
- “Abajo, en la recepción”, respondo traviesa.

Abres la puerta y me ves, ahí, de pie frente a ti, segundos interminables, observándonos, acariciándonos con la mirada, sonriendo, me tomas de la mano, y cierras la puerta tras de mi, un abrazo intenso y profundo, casi podemos oír el latido del corazón del otro.

Coges mi cara entre tus manos, me miras intensamente y por fin acercas tu boca a la mía, nuestros labios y nuestras lenguas se funden, comenzando un enfrentamiento mutuo. Las manos cobran vida, acarician nuestros cuerpos, tocando cada rincón del cuerpo del otro, mientras seguimos pegados el uno al otro, susurrando nuestros nombres, bajito, muy bajito.

Queremos devorarnos, apagar este fuego contenido por tantas horas de conversación. Tu mano, impetuosa, desciende por mi pantalón y colándose dentro, buscando, hurgando, mientras las mías acarician tu pecho. Abro por instinto las piernas, por impulso, y tus dedos buscan mi coño empapado, cuando lo encuentras y notas su humedad, un gemido escapa de tu garganta, gemido que acallo con otro beso. Tus dedos expertos y ligeros, recorren mi coño de arriba abajo, haciéndome estremecer de placer.

Mi mano, toca tu sexo, erecto y enhiesto. Bajo la cremallera, para poder acariciarlo con libertad, me arrodillo a tus pies y empiezo a acariciar tu polla con ternura primero y con avidez después. La coloco en mi boca, quiero sentir cómo crece y se pone muy dura y grande, la rodeo con mis labios y la acaricio con la lengua desde los testículos hasta la punta. Lo deseo tanto Carlos. Necesito tanto tenerte para mi, cuando creo que estás a punto de correrte, me subes y me conduces a la cama.
- “Aún no, cariño”, dices con ternura.

Nos tumbamos en la cama, y nos saciamos recorriendo el cuerpo del otro, nos despojamos de la ropa que nos aprisiona, con calma y tranquilidad, a la busqueda del placer de los ojos y los sentidos. La sensación de estar desnuda aumenta el gozo, incrementando mi excitación aun mas.

Sonriendo, acariciando cada rincón, tocando cada recodo, cada centímetro de piel. Siento que los colores suben a mis mejillas, cierro los ojos, para disfrutar del placer de ser acariciada por ti. Tus dedos inquietos juegan con mi coño empapado, abres mis labios vaginales, tocas mi clítoris, lo acaricias, me muero por sentir tu lengua dentro, lo sabes y me haces esperar, besando el interior de mis muslos.
- “Carlos, por favor.”

Por fin, tu lengua se acerca a mi coño, suave, lentamente, endiabladamente lenta, disfruto cada roce, cada caricia, susurro tu nombre, murmuro el mío, y por fin te entregas al placer de devorar mi coño, de empaparte de su olor, de su sabor, de su textura, cuando noto que metes uno de tus dedos, exploto de placer. Una oleada de calor recorre mi cuerpo, me tenso y constato que mi orgasmo se ha licuado, derramandome en tu boca, llenándola de flujo, flujo que bebes y sorbes con cada caricia,

Nuestro deseo vuelve a pronunciarse, queremos más, lo noto dentro de mi, lo necesito. Cubrimos el cuerpo del otro con besos y caricias inventadas, recorres mis pechos con tu lengua, aprisionas mis pezones con tus dedos, con cada caricia, nuevos susurro, nuevos gemidos, nuestro nombres pronunciados de una forma nueva, te tumbas encima de mi, para poder recorrerme, mirándote a los ojos.

Tu polla, excitada, busca su sitio, su lugar húmedo y caliente, mis piernas abiertas, piden a gritos que entres en mi. Subes mis piernas a tus hombros, te pones de rodillas, puedo mirar tu cara transformada por el deseo, tu voz se vuelve más profunda, mordisqueas tus labios y te preparas para entrar en mi. Jugueteas con tu polla en la entrada de mi coño, metes la punta y vuelves a sacarla, arrancando gemidos de mi, acaricias mi clítoris que está hinchado y rojo de placer y deseo, metes tus dedos en mi coño mojado y me los das para que los chupe.
- “Hummmmm, Carlos, fóllame, por favor. Hazlo ya”.

Vuelves a poner tu polla en la entrada, pero esta vez la clavas hasta el fondo de una vez. Por fin te tengo dentro, como tantas noches he soñado, como tantas noches he deseado, empezamos a mover las caderas, a un ritmo cadente y acompasado, mientras nos miramos a los ojos, contraigo mis músculos vaginales, aprisionando tu sexo en mi interior, intentando estrujarlo, llevarme todo lo que tienes.

Tus testículos chocan en mi coño, haciendo ese ruidito que me vuelve loca, mientras tus manos aprietan y amasan mis pechos. Aumentamos el ritmo, sudamos, jadeamos, gemimos. De pronto noto cómo tensas tu cuerpo y se que tu orgasmo está próximo. El latigazo en la espalda es previo a que te derrames por fin en mi, como tantas veces hemos soñado, aprieto por última vez tu polla en mi interior y te vacías, dándome toda tu leche, que sale a chorro, llenándome toda, empapándome de ti, temblorosos en un orgasmo conjunto y brutal.


Caes sobre mi, susurrando palabras que no consigo entender, y nos quedamos así, fundidos el uno en el otro por mucho tiempo.